sábado, 27 de agosto de 2016

La ventaja de las tazas rotas

Si alguien te regala una taza, entera y perfecta, con su asa correspondiente y su porcelana intacta te habrás conseguido un problema: velar por que la taza -seguramente con grabados azules- no se rompa. Será tanta la belleza de tu taza que estarás a cada segundo cuidando que permanezca intacta en su esplendor inmaculado. Tu vida se volcará adentro de esa taza, girará en el borde de su boca para que continúe siempre y desconfiarás hasta del golpe de aire que te permite estar viva por miedo a que desaparezca para siempre.
Pero si, en cambio, tenés entre las manos los pedazos de lo que ha sido una taza completa, no te queda más que la felicidad por delante. De los trozos de algo roto, con paciencia y esfuerzo, puede volver a armarse algo a lo que seguramente le falte el asa y desnude sus grietas. Los líquidos gotearán por las rendijas que no han quedado bien soldadas, los grabados no encajarán el uno con el otro, la porcelana tendrá máculas y huellas. Pero habrás hecho de los restos una taza imperfecta, algo único y tuyo. Y lo más valioso es que ya tenés la seguridad de que si vuelve a romperse sabrás qué hacer con los pedazos para seguir bebiendo.

sábado, 20 de agosto de 2016

Pura barbarie pura


En todas partes furia.
En todas partes un alma que se arroja a la fragua.
Pura barbarie pura
con las crenchas ardidas y las lanzas en llamas.
Arriba una sonrisa
y la baba que lame como ácido puro.
Los días son muy largos
y en todas partes rabia.
Cuando no quede nada yo tendré tu candado
y clamarás como fruta podrida,
pero estará tomada la casa desde entonces
y la llave,
ya todos lo sabemos,
ha quedado perdida en una alcantarilla.
Ciertos dolores no tienen ni palabras:
solo aúllan los lobos/ otros fundan ciudades.
No habrá ya más azares en tu cuerpo dañado.
Tengo la espada que pende sobre el cielo.
Desastre de este día será la muerte opípara.
En todas partes furia.
Pura barbarie pura.
Solo espera el silencio.
Y el malón que ya avanza.

viernes, 19 de agosto de 2016

Viento lejano

Lo que era por decir quedó en el miedo puro.
Después ya no se supo cómo era  la luz que había habido,
ni cómo la impostura de ese beso
ni la cuajada pregunta irreverente.
Larga la noche para beber dos tragos
y ninguna palabra:
solo un viejo mercado de gestos deslucidos
y un temor como fuego quemando la garganta.
La mano contra el vidrio para sentir el frío
y la herida profunda del disfraz repetido.
Alguien arrugó despacio los dobleces del cielo
y todo fue ceniza
que se llevó aquel viento lejano.

jueves, 18 de agosto de 2016

Letra pequeña

Como si fuera frágil, como si fuera una piedra en medio de la mano que se besa, como si fuera abrigo e intemperie, como si fuera calor superpuesto en el cristal que refleja mi rostro, como si fuera el mundo que ahora tenemos que limpiar de todos los huevos que fueron dejando las serpientes, como si fuera espejo roto y siete años de dicha sostenida, como si fuera ahora el miedo de la entrega, el peligro y la calma. 
Yo te daré el corazón de todas y cada una de las frutas, un pájaro de plumas verdinegras, el alba que se estrena detrás de la ventana, la alquimia de mis sábanas, la maravilla que mira mi mirada, los platos de nenúfares del estanque que hizo nuestra risa, la fiesta de dulzuras que sale cada vez que mis manos se extienden, la estrella inalcanzable que nos quema, el colibrí que vuela con ritmo sostenido porque si no se cae. 
Nuestra letra pequeña es como el agua que siempre corre hacia adelante, que vuela de boca a boca con sus peces de plata, que trae los guijarros que lastiman y la vida que sana. 

miércoles, 17 de agosto de 2016

Fibonacci spiral

Dejar caer/
Estrellar en el suelo/
Estallar en el aire/
Resbalarlo apenas/
Deslizarlo de golpe/
Un simple empujoncito de atención/

Entre todas las formas sutiles de la mano que se abre y el vacío
los ojos que no saben mirar el paisaje abismal del dolor
ni transformar el velo invisible de la (de)sola(ción).

Aupar/
Recoger/
Amparar/
Deslastimar/
Almar otra vez el amor
para que sea ojo/ concavidad de mano/ estero de fragancia/ potencia de espiral
vida que bulle y sangra, sí;
pero que sigue latiendo más allá.

lunes, 15 de agosto de 2016

Soy un animal

No hay que dejarse ir más allá del borde de donde una pueda sostenerse 
porque caer es un vuelo irremontable hacia abajo 
donde habitan las fieras de zarpas taciturnas y oscurísimas. 
Tengo el cuerpo a pedazos perdidos y lejanos, 
y el alma volando sin que sepa su rumbo. 
Tengo las piernas quebradas 
y las manos dormidas e impuras en su suerte. 
Y pienso con lo poco que queda en mi cabeza 
que soy un animal que avanza entre las sombras, 
espantando con llanto 
los miedos humillantes, 
los mordiscos de vidrio, 
el horror del recuerdo, 
las escenas temidas. 
Animal de costumbres erradas que golpea las puertas 
y el destino contesta que siga y siga y siga
aunque ya no me quede carne ni peso ni sueño ni apetito 
aunque me sumerja en el agua 
y grite hasta que se deshagan las burbujas 
y algún viento me lleve, 
lejana como un pájaro en vuelo visto desde los suelos. 
Me queda tan solo la escritura 
a la que entro desnuda como un pez en el agua 
para salir rasgada 
con la piel supurante y hecha trizas 
cada día hecha trizas 
y sangro 
porque el mundo se ha vuelto hostil y opaco como un manto. 
Ayer hubo jilgueros que cantaban con su oro en los cables: no era para mí su vuelo de raíces. 
He perdido mis alas 
y no puedo saber en dónde las dejé 
cuando el frío vuelve a golpear sin tregua mis rodillas. 
Soy un animal 
y avanzo 
aunque a veces eso quiera decir que permanezco inmóvil y apenas respirando bajo tierra. 

miércoles, 10 de agosto de 2016

El acto justiciero/


Otra potencia el alma se suaviza.
El corazón se acuna en su espiral de pieles.
Crece la vida en el círculo perfecto de dos brazos
mientras los pájaros conversan.
Cae la lluvia en su versión de luna:
moja los pliegues donde hace su tarea;
y el amor dice que no es en la cabeza
sino en la piel donde sucede el acto justiciero.
Sabe callar la boca haciendo su camino,
y se detiene el aire en el último grito apenas arrancado.
Soy alumna del mar,
del agua que se rompe,
del río derramado,
del cuerpo que se entrega,
del corazón cuajado en una copa,
de los túneles en sábanas implícitas.
Un roce no es una palabra: espera que lo viaje llevándolo hacia el borde
y lo llevo:
yo llevo los suspiros que te escribo en el dorso de tu único nombre.
Es de pura justicia;
porque el amor es eso: un tiempo de tormentos y otro de luz enceguecida y terca y sostenida.
Nadie puede decirme cómo se nada en medio de la lluvia.
Que no acabe el sin fin de la belleza y dure para siempre: imperfecto y rengo -que así suele ser todo- pero bello atravesar la noche con pájaros cantando.

domingo, 7 de agosto de 2016

Voy a acabarte, Muerte

Yo voy a derrotarte, Muerte.
No me importa el disfraz que te pongas
ni los pájaros que canten para distraerme.
Voy a clavarte varias veces mi risa
para que sangres de pena y de dolor.
Voy a empaparte con el fulgor de mis ojos
aunque me hagas llorar cada mañana.
Voy a subir por las paredes del amor
y desde arriba voy a llover en piedras sobre vos.
Sos un animal con las fauces abiertas,
una tremenda ramera de las más pérfidas y estúpidas
y en mi casa -la del alma de adentro- no cabe tu miseria.
Voy a matarte, Muerte.
Me sobra sol para cegarte,
me sobra alas para volarte la cabeza
y ver tu cráneo dispararse a la nada,
me sobra cuerpo para ponerlo
y liberar el deseo de estar viva.
Voy a acabarte, Muerte.
Ya vas a ver.
Tengo un furor dispuesto a destrozar tu sombra de palabras,
de ojos que no cierran,
de carne que no entrega la dicha del sexo y el deseo.
Y cuando te hayas ido,
cuando de vos no quede nada,
cuando tus cuervos sean retazos de silencio,
crecerá en mí un árbol con manzanas de oro
que dejaré caer en la blancura de toda desnudez.
Vas avisada.
Fijate lo que hacés porque tengo un hambre atrasada de todas las verdades que ocultaste, de todos los milagros que quemaste, de todos los golpes que me diste y que no pienso devolver.
Sangra tu perversión porque yo siempre dormiré acunada por los brazos profundos del amor.

Foto: Germán Peraire

lunes, 25 de julio de 2016

Esa fragilidad

Esa fragilidad:
La cicatriz amarga de la puerta cerrada.
El mundo murmurado de la pena.
El dedo que señala.
Esta isla de fuego que no logro apagar.
Los espantos que llevo adonde fuera.
Los pájaros que cantan en mi boca.
Los álamos a la orilla de un río que está seco.
La madera del tiempo que se pudre.
Esa fragilidad.

domingo, 24 de julio de 2016

Bonjour, Oliverio (V)

Estimado Oliverio:
Mucho hace que no le escribía. Meses, años o siglos, según nos pasa el tiempo. A esta altura, la medida para dimensionar el silencio es estéril y frívola. Ya sabe usted que a mí los segundos se me pasan siendo otra mujer y otra y otra más. El amor también muta con la misma rapidez: a veces es distancia inconmensurable y otras, un espacio tan ínfimo que apenas cabe una hoja de papel entre piel y piel. Ya sabe usted que suelo poner losas sobra mi corazón, pero la sangre caliente late y se escapa para formar ríos donde los pájaros cantan para nutrir el sol de mi exilio interior. De mis múltiples yos que vuelan por allí cada mañana cuando todos duermen he aprendido varias cosas: que mi vida es víspera de usted que brilla en el regreso de la tarde cuando viajo por el cielo gris del invierno hacia casa y empujo la puerta con la furia de mi día, dispuesta a deshacerla entre las alas que me asoman debajo del abrigo. Ya sabe usted que, a veces, voy por su amor tomada de la mano y que, en otras, los pobres corazones de la infancia me asaltan y me quiebran los tobillos para que ni siquiera pueda acercarme al fuego que deseamos contra el frío. Es que en estos días afuera rugen las panteras y tiran tarascones desde el lado derecho con sus ojos de espantos amarillos y eso asusta, Oliverio, a usted, a mí y a cualquier otro, incluso a aquellos que eligieron que las jaulas estuvieran abiertas y esto fuera una selva. Mucho hace que no le escribía, pero quiero que sepa que, en mi silencio, yo sigo yendo por su amor, por su mano abierta, que le ordeno a mis nubes que se alejen y mis alas inunden su corazón de estrellas y cristales de colores. Ya sabe usted que los jabalíes comen de mis manos y veo pastar las liebres a mi costado porque en sus brazos, cuando logro posarme, conozco mi oscuridad y el abrigo de su sol, la bondad y la belleza que son los únicos juicios posibles para entender la realidad y si, a veces, desestoy es solo para regresar volando a protegreme en el nido que me ofrecen sus brazos. Nada está más cerca de mis huesos que usted, Oliverio. Y lo sabe. Las golondrinas del mar volverán esta primavera y le haremos un nido con palabras, números y argamasa que se fundirán en el temblor preciso del calor.
Con ternura, que es la seda con que se cubre el amor
Marie Luise

sábado, 23 de julio de 2016

Aniversario

Con la carne hecha carne
y la noche al ras de las rodillas, 
con las perlas de los recuerdos
y el soberano antojo de la luna en los árboles
reclamo un nuevo año para mi vida ida. 
Un año. 
Que los peces naveguen por mis ojos en pos de mis mejillas, 
que mi piel sea voz de mi espejo
y me olvide de todas las heridas que me hice
y vea el mar como un agua que me crezca salada y de repente
y peine mis cabellos con mis dedos
y  salga entre breteles y presillas
a desnudar de encajes mis delicadas manos,
 A ver esos puntos de luz que llevo entre los ojos.
Un año
en que me sepa mía
y  aleje torbellinos de palabras idiotas, de imbéciles historias que no terminan nunca
(No hay un buen relato si el final no apabulla).
Un año
donde se curen el tiempo, los pliegues, las hendijas
y que se venga todo abajo,
se estrelle contra el suelo para siempre. 
Yo, con mis trozos, ya sé cómo nacer en otra lengua
y  nombrarme de nuevo renacida
en la pila bautismal de mis rezos. 

jueves, 21 de julio de 2016

A la vuelta de la esquina

A la vuelta de la esquina puede haber:
un pájaro que enfrentó la tempestad y está volando,
un sol de invierno para dorar la noche,
un pez que nada entre los dedos fríos,
unos ojos mojados de tristeza,
letras negras incrustadas en mi rojo corazón,
un amor inapagable como la vela que arde sin cesar desde las diez,
la dulce oscuridad de una noche dormida,
el olor de la comida que se hace lenta como la lluvia,
un animal indómito en medio de los ojos,
la vereda de enfrente,
el óxido de hierro y su dulzor a beso mordido entre los labios,
mi alma que se ha ido en un vuelo,
la luz que tiene adentro mi ternura,
la belleza del mundo que se hace en nuestras manos, pese a todo,
las cartas que los temblores jamás terminarán,
los hilos que yo tiendo para crecer al sol,
los brillos de tiniebla en que me escondo,
la niña en que me pierdo,
los azules dulzores que me esperan...
Todo a la vuelta de la esquina.
Solo hay que abrir la piel y ver.

Fotografía: Sebastián Miquel

miércoles, 20 de julio de 2016

Decir no

Cada cual a su tiempo podrá decir que no.
Buscará el hilo pequeño del que tirar
y saldrán
las palomas que estuvieron dormidas,
los ríos amarillos,
los roperos y el agua,
la luz de los pasados,
los sobres con las cartas que no fueron,
los vestidos bordados,
las sillas arruinadas,
las estaciones donde quedaron sin dueño las maletas,
las ollas carcomidas de los días con hambre,
los libros olvidados debajo de la lluvia,
los lápices sin punta,
los faroles brillantes en medio de las noches del frío,
la soledad y el miedo,
las lágrimas y el grito,
los pesados postigos,
las vigas del silencio.
Y entonces sí se podrá andar: es increíble el espacio que ocupan las cosas tan dejadas.
Decir que no.
Y el camino -como fuera- continuará.
Porque todo en la vida continúa, sigue su rumbo
y otra vez vuelve a salir el sol para caer.
Solo hay que hallar el hilo.
Y tirar.
Con la seguridad de quien desea una vida prolongada de amor debajo de ese sol.

lunes, 18 de julio de 2016

Desaparecidos

Todo este puto día pensé en tu polera negra y mi desconsuelo, en la soledad raída de mis manos aquellas madrugadas en el campo en las que no podía volver a dormir y pensaba la furia que se comía de a pedazos mi pobre corazón inexplicable. Pensé en la fuente de huevos fritos de la tía Elaine y mi estómago cerrado en un puño, en el terrible dolor de no entender qué era lo que había sucedido, qué hacía yo -de solo dieciséis- en ese pueblo de cuatro calles que no tenía cura los trescientos sesenta y cinco días más ingratos de mi vida. Pensé en la palabra que me habitaba como una morada por donde todavía podía desplazarme mientras mi cuerpo se hacía más liviano y se fijaba en la noche como vientre de piedra. pensé en mi destierro como una paria, sin amigos, sin familia, apartada de todo y de todos. La vida siempre es el recuerdo de esa víspera, de ese territorio en que nos hirieron y fuimos fuertes para penar la herida. Y yo entonces no podía y lo pensé todo este puto día en que me parecía que había salido sin apagar la hornalla y la casa explotaba en una furia de canarios encendidos. Yo entonces no podía y también en ese campo interminablemente oscuro yo estaba desaparecida de mi misma. Y solo había mis palabras, la lluvia que me llaga los tobillos y tu polera negra que del 76 a esta parte está sucia y algo desteñida. escribo cartas que nadie recibirá y que dicen que en este puto día me fui como el viento cuando golpearon tu rostro, cuando la vida -esa de entonces- terminó.

sábado, 16 de julio de 2016

Que me alcancen los perros

Voy a abrirme el vientre a dentelladas
Para poder hurgarlo con mis dedos
Y hallar el sitio de tanta podredumbre. 
Voy a quebrarme de a uno los tobillos
Para quedar inmóvil
Y que me alcancen de una vez para siempre
Los perros y que rieguen mi sangre por el suelo
Para que nada crezca en la tierra que piso
Para que nada quede del aire que respiro
Y que venga la muerte que ya no tenga ojos
Y esté muda y dormida
Y se lleve consigo la noche de mis tiempos. 


domingo, 10 de julio de 2016

Vencer la muerte

Como para que se queme la tristeza y el vivo amor circule entre las pieles nos vamos con los huesos a otra parte para que nuestros animales se estiren bajo el sol y abracen la textura de sus carnes, salvajes en la sopa de sus risas donde te miro y me mirás y se escribe en la boca que hay un camino allí, al centro, que tira la tristeza adonde arde el fuego y crepita sin dejarnos dormir. Otra vez has prendido la belleza con tu mano en el canto delgado de mi vientre y crecen las semillas que guardábamos para las noches de invierno en que crecieran mariposas, noches de estrellas sobre los húmedos corazones que se encienden y la laten. En el frío nocturno una pequeña golondrina trae un pico de besos y estira su dulce cabellera en tu boca de sombras. Vivir nos cubre de frescas maravillas y amamos cambiar el día y comenzar. Lavamos las tristezas con los ojos: te miro, me mirás y los pájaros de la alegría revolotean y quiero que me acabes para empezar de nuevo y decir que la tristeza se va y se sacude el tiempo y otra vez estamos adentro de la vida que es un huevo donde te pienso y me pensás y nos brillan los párpados para calentar el mundo en que pasamos una noche y otra más. De lo que somos hacemos un ramo de ternura y nos amamos  nosotros al borde de la vida, en medio del amor. Hay que vencer la muerte con el cuerpo escrito en el deseo y cantar. 

sábado, 9 de julio de 2016

Hay una patria que cose

Oscura y desasida hay una patria que cose tres palabras para hacerlas volar.
Dicen que el 9 sale un sol como limón prendido del celeste.
Y ella cose con la barriga llena de recuerdos:
Castelli y su lengua de trapo.
Moreno nadando en el océano helado del amor.
Belgrano como una turquesa junto al río.
Juana que es tigre y mariposa.
José, el de las altas cumbres.
Martín Miguel en montonera.
Rodolfo y su carta de fiebre.
Eva en el tren de Los Toldos.
Julián que hirió la vida y cayó de un avión.
Tosco reventando los tímpanos del mundo.
Estela con su espuma de peces.
Y la rabia que siempre fue de todos y de nadie.
Y la vida que hicimos cuando pudimos juntar las manos en la calle.
La patria cose con dedos afiebrados tres palabras.
Y el hilo es largo y zurce los pedazos que tenemos colgando por ahí.
Tres palabras.
El futuro es un poco de sombra en estos años, pero los pibes miran y se ríen.
¿Por qué será que los niños pueden reír contra la furia del mundo y nosotros ya no?
Nosotros no vinimos de los barcos: ya estábamos aquí, desafiando los vientos y las lluvias, por sostener el fuego para que ella cosa, limpiándole la muerte a cada hora, para que sea buena, para que sea nuestra, para que sea patria y nos acune alguna vez.
Independencia cose.
Justicia cose.
Y libertad.
Y se le caen temblando las palabras contra el cielo del sur.
Y nosotros cantamos para cuidar su belleza de patria
bajo un cielo en que el sol estalla de limones.
Hay que cuidar la patria, dice uno.
Y nos apretamos para que el viento no lastime con balazos, con pedradas, con horrores lo que supimos conseguir.
Con sus hilos zurcimos los cielos para volver a remontar poniéndole pañales a la alegría y ser puros y buenos para que nadie muera más.

martes, 5 de julio de 2016

Tercer semestre/ Hubo un país

Entre respirar y respirar he perdido la esperanza en que el año se termine de una buena vez.
Hace frío en la casa y contamos los metros cúbicos del gas que no vemos mientras la piel se eriza y también es de frío.
Algunos llorar su padecer con lágrimas de hambre.
A nosotros todavía nos faltan unos semestres más para llegar ahí: al hueso del espanto, al vacío de los ojos que llevan semanas sin comer.
Soñamos sueños que se han muerto y por suerte tenemos nuestro amor que es una isla de resistencia donde vivir.
Los monstruos de la noche comenzaron sus recorridos de golpe y hacha, y no se van
Yo amo con furia y con dulzura y me río con la sonrisa triste que recuerda el impacto de aquellos cuerpos cayendo por las aguas, de aquellos niños que no supieron nunca escribir el nombre de mamá.
Ahora contamos gas y agua,
y nos miramos sin entender qué sucedió.
Hubo un país: el amor encendía su fogata de viento en cada esquina.
Ahora rondan las hordas destrozando las cenizas de lo que ya no es.
Yo solo quiero lavar el mundo
para que esta furia vuelva a ser alegría
y remontar la calle de tierra tomada de tu mano
hacia el futuro que alguna vez creí que estaba aquí.

domingo, 3 de julio de 2016

Ese nido de luz

Celebraré el instante en que las sombras se mojaron y fue la víspera del beso/
la estrella que se fija en mis palabras/
resplandeciente vientre en que pudimos decir qué fue/
la piedra viva de la vida que se dijo será así/
yo quiero que me tejas con tus dedos/
otra vez en el filo desafilado de la hora/
amanecer/
ese amor puro cargado de silencio que se embellece de ojo a ojo/
y digo/
que había tanta fiebre acumulada/
ruiseñores abrazados de frío debajo de la lluvia/
los hicimos entrar y su boca de música cantó/
como si fuera sangre en medio de los cuerpos/
tu piel/
mi piel/
el temblor de las bocas que dicen al azar/
unos verbos tan claros como agua/
una turquesa honda/
el mundo de este amor/
tengo el brillo del tigre que se durmió en mis piernas/
inapagable pliegue y escribo en las luces de esta tarde/
que sí/
que quiero/
que el animal de rabia se deja acariciar adentro de mi alma/
y va por mí/
te beso las hormigas de la espalda/
y digo otra vez/
empieza la dulzura/
a veces olvidamos/
pero está/
la palabra amorosa se acomodó en la almohada/
y me pude dormir/
en ese nido de luz que me encendés//

sábado, 25 de junio de 2016

Desperté puro cuerpo y la lluvia

El deseo de la lluvia brilla en la oscuridad como una mano suave que buscar acariciar la superficie retraída del paisaje que canta.
Hay pequeños alivios al pie de los árboles que surcan el camino.
Alondras entre las hojas verdes del invierno que sueña primaveras.
Alondras entre la sal del viento atravesada de lado a lado por una flecha aguda disparada entre horas.
La clara voz se va como una piel sobre la marea de las palabras que cesan su marejada tormentosa para separar el verbo del corazón y dejar que la sangre se amanse, se arremoline y venza al fuego.
La vida vira de lo que quiere a lo que puede y tiembla -certera- sobre sus lágrimas.
Es un saber que sabe que no sabe, pero intenta.
Otra vez más.
De este lado del vidrio, la ventana es un agua profunda donde sumerjo mis animales para que naden libres los días que me faltan.
Los niños de mis sueños han reído con toda su belleza.
Y desperté puro cuerpo y esperando la lluvia

jueves, 23 de junio de 2016

Algo así

Así como que bajen arrabales desde dentro del alma.
Así como que sobre sol, cuando cierro los ojos.
Así como que no haya piedras que taponen los nudos.
Así como que esta noche se salve y se abran de repente, uno a uno, los colmenares que perfuman la luna.
Así como que suba paredes el amor y vea desde arriba las palabras perdidas, como que cese el viento y se vean los peces, como que se arrojen de cabeza los miedos en el piso y la balanza caiga de un lado o del otro, pero caiga.
Así.
Algo así.
O de otra manera.
Pero que sea algo
y yo con ello,
atrapada en la red de la tarde dormida.
Así,                                                                        
bailando en el aire    
la danza de los justos que dice que sea algo.
Algo así.
El germen de otro sueño.
La vigilia del tiempo.
La flor de la belleza.
La falla de mis nombres.
Mi desnudez vestida.
Mi tibio corazón.
Así.
Como si fuera algo.
Algo así.

Móvil de Juliana Bollini

Cosas poco prácticas

(c) Juliana Bollini
Sé pocas cosas y todas poco prácticas. Cualquiera diría que no sirve para mucho atravesar la niebla del otoño con los ojos abiertos, o zurcir amapolas de hojas desgarradas. Quizá tampoco mirar por las ventanas de los trenes el tamaño del tiempo que es la luna o escuchar la piedra que mella las palabras. No sería de puro pragmatismo conocer dónde queda esa calle que es ávida de puertos, o el sitio exacto donde se impide el paso del dolor otra vez, o el aire del amor que dibuja la muerte. Y sin embargo tiemblo como un fósforo en medio de la lluvia y no entiendo por qué.

martes, 21 de junio de 2016

Qué simple es

La suavidad del verbo adelgazado en letras.
La madera que es más sutil que el tiempo.
Los perros que ladran en el alba.
Los corpúsculos brillantes de la nieve.
La tarde del silencio que se abisma.
Los libros del deseo escritos en la luz.
La voz con el borde del abrazo del árbol.
El caballo que se esconde en el viento.
El cantar casi río.
El cuerpo casi carne.
El beso casi fuego.
El amor.

Qué simple es.


El Roca/ Por la tarde

Los pájaros bajan en picada al borde de los vidrios del tren detenido en la estación. El sol llueve sobre los recodos donde la sombra se guarece y busca darle sentido a lo que aún queda escondido en las raíces de los árboles como si fuera un pequeño tesoro, tan diminuto que cabe en un pañuelo plegado. A través del viento envío una palabra porque, a ciencia cierta, creo que no conozco ninguna otra cosa. Todo se resume en esa verdad: cristalina como la gota de oro que el sol sacude ahora que el tren se ha puesto en marcha. Después estiraré la hebra para zurcir la vida con aguja de plata y mis dedales de madera pintada cantarán la melodía que he sabido enseñarles. El tren cruza los bordes mientras cae la tarde, mojada de luz detrás de las ventanas. Se carga de agua el andén de la estación: llueven rayos solares otra vez. 

viernes, 17 de junio de 2016

La amiga

La amiga estacionó el auto en una vuelta, sacó dos tazas con flores de colores  y un termo verde. Al lado, un policía bajó del auto y abrió el baúl. Se ajustó el revólver negro y la caja con las balas. Ella pensó que era justo lo que necesitaba ver: alguien ciñiéndose un arma lista para matar. El resto del paisaje era un plaza fría, el puente para cruzar las vías y una calesita detenida. Miró hacia el frente. El policía cerró el baúl y la amiga sirvió el té. El auto se llenó de un olor fresco y salvaje a té: negro, sin azúcar. Las palabras fueron vertiéndose a la par del líquido: una taza, dos tazas. Pero no se quedaron trabadas en el interior: por la ventana entreabierta las palabras salían y eran pájaros azules desenredándose entre las ramas frías hacia el cielo gris; eran pájaros volando sobre los trenes que iban y venían sin cesar; eran niños que se trepaban a la calesita que comenzaba a girar. Después, cuando ella emprendió el regreso, en el atardecer dorado, las palabras se hicieron lana y la arroparon como un abrigo infinito que le dio calor al cuerpo y entonces al corazón.

lunes, 13 de junio de 2016

El amor tiene rodillas rotas

Pongo mi corazón alucinado en esta taza.
Y le echo agua hirviendo para que se haga una tisana con esas plumas nuevas.
Dicen que la infusión de plumas de corazón alucinado son capaces de revertir el sentido del viento para que salga el sol sobre las últimas praderas que han sido tan lluviosas.
Ya estoy bastante anciana.
Y tengo los párpados cansados de verme repetida al infinito.
¿Será esa la deuda con la muerte o habrá otra forma para salir del laberinto?
El corazón alucinado bulle en el agua que hierve y llena el borde de la taza, pero no puedo verlo.
Todos mis ojos están puestos en la forma que asume la verdad entre puntada y tela.
¿Por qué volver del sueño cuesta tamaña sangre?
¿Por qué no puede ser más simple la tormenta en el mar que, ciegos, navegamos?
Lo que mi corazón alucinado en agua hirviendo dice es que quiero creer, quiero estar viva, quiero negar esta vez el abismo: el mío personal.
Atrás gritan las viejas bocas las palabras de siempre.
Y el futuro es una niebla de sapos, de guerreros dormidos, de furores cansados y algún que otro jilguero.
A veces el amor  tiene rodillas rotas y sin embargo continúa el camino, sangrando, con los ojos llorados; con la esperanza que agoniza en los dedos. Él sigue: va cambiando sus viejas vestiduras y persiste de desastre en desastre para que, a veces, se estrenen maravillas. 
Y los jilgueros en la línea de bruma de la tarde cantan.
Todavía.
Su canto es verdadero.
Porque no hay otra cosa que la verdad para cantar.
Es la única flor que los siglos mantienen intacta aunque caiga la lluvia.
La tristeza es una trampa húmeda y las tisanas de corazón alucinado saben a muerto pronto.
Desde el alcázar del dolor no se ve la mañana.
Hay que curar las llagas del amor con palabras que sepan a verdad.
Lo demás es el agua que queda en el fondo de la taza: congelada, vacía y corre veloz por el caño a la calle.
El amor tiene rodillas rotas, pero camina.
Con sus vestidos de ayer, con los de ahora: siempre camina.
Siempre: es decir, todos los días que me quedan en esta frágil vida. 

sábado, 11 de junio de 2016

Grupo de familia/La herencia del dolor

Antes o después, el dolor siempre tiene herederos.
En estos días había pensado escribir con palabras tan dulces que fueran capaces de mitigar el pasado, como si los días vividos pudieran, si no borrarse,  dejarse limar en sus punzantes asperezas.
Y entonces sucedió.
Dos o tres líneas y cayó esa herencia en la que siempre tengo la forma desgarrada.
La luz severa y sin resquicios para colar la vida.
Buscar consuelo donde hay otra muralla y darse la cabeza con las piedras hasta ver cómo sangra y pensar en las máculas, los signos, los estigmas, la trasnochada sombra.
Un viento blanco que trae la vergüenza de andar pidiendo amor de puerta en puerta y que nadie se abra.
¿Quién corrige la hora de esa fiesta en que éramos niños y supimos mirarnos?
¿Quién vuelve atrás la vida que navega en la letra?
El asesino de las planicies ha muerto hace años.
Y sin embargo acecha en dos o tres palabras.
Ya se ha dañado el día en que pudimos decirnos la suavidad enternecida del recuerdo.
Cada vez el círculo asfixia más a gusto.
Y quedo yo, adentro, pidiéndole a tu sangre que recuerde y que abras tu alma para que el asesino muera de una vez para siempre sin lastimarnos con sus garras de muerto.

viernes, 20 de mayo de 2016

Vos, en tu mesa y yo.

Alrededor del sol damos la cuarta vuelta y se hace tarde la tarde con sus luces carmines delante de la casa. Arde en líquidos tibios el amor que circula por las venas del agua. Vos, en tu mesa y yo, sobre mis libros. Los perros durmiendo vidrio afuera y la gata que corre y juega con su sombra. Es clara vida, de pronto. Como si fuera hilos que se tejen y pasa el aire frío de un otoño que se empecina en apurarse hacia este crudo invierno. La taza de mate cocido, el comentario en esta u otra lengua que habla del amor sin que diga su nombre. Y después esa luz: estrellas diminutas que encienden en la cena, que arropan el sueño, que hacen de resguardo. Yo venía pensando que se sortean vientos y nacen mariposas, que se deshacen nudos y crecen amapolas o anémonas violetas y después las palabras se ovillan en la cama, se duermen en el cuello, detrás de la cabeza y arrullan en su sueño los sueños que tenemos cuando estamos despiertos mientras la casa late como una enredadera en medio de los cristales del silencio con que viene la noche. Así va, comme il faut: un diálogo de pura incertidumbre y bordado en certezas.

miércoles, 18 de mayo de 2016

De calle

En la intemperie
afuera de los odios y la vida
sobre una superficie helada y transparente
en asambleas donde se rompen los pedazos
manantiales de alas desdichadas
con una manta de ojos que no miran
en el borde
sin órganos que entibien
en el despliegue del aire
en el insípido recuerdo de una mesa
con los cuchillos gastados de la muerte
solo
un amor que calla
y los restos humanos que lo rozan
oscuros hacia el suelo
y luego yo
que no termino de decir
y mi esperanza no pasa frío y duerme en una cama y come lo que quiere
abandonamos a la gente y vamos sin volver
en la intemperie
afuera de los odios
y la vida
que cava un horizonte
y se sumerge
para no ver
para hacer fila y espantarse
en la intemperie
donde el camino se bifurca
y se hace negra noche y helada y transparente.

lunes, 16 de mayo de 2016

Doscientos veinticinco días

A esta hora la noche se cerró en sus silencios ensimismados.
La violete, dijo Maïa y, temprano, la imaginé envuelta en gasas con las que oculta el misterio de una niña que comienza a hacerse mujer.
Pequeños aleteos de mariposa contra la línea roja del amanecer.
Ahora el frío trae su bruma polvorienta y mi deseo de la nieve que vuela como luna deshilachada sobre las casas, mientras levanto el cuello de mi abrigo solo para que ocurra otra vez.

acuaticas.blogspot.com

La escuela. Las clases. Los libros. Los chicos. El hijo. El hombre. La casa. Los viajes. Los trenes. Las salsas. Los panes. Las tortas. Las mesas. La novela de Gómez. Y el país, el inmenso país que se cose a tajos y se descose a golpes. Y yo, ahí, junto a los bordes, sin ver mirando, sin llorar a los gritos, sin escribir. Con todas las palabras purulentas pugnando por salir para que vuelva a ser como era antes yo, la escriba de los días infinitos con el alba zurciendo la mañana para que no se caiga ya. Bastante abismo nos inunda como para elegir callar.

domingo, 15 de mayo de 2016

color gris Perla

Algo como una tristeza ha atado el día y nunca supe qué.
El soplo, el abrigo, la claridad dolorida del otoño que se queda dormido con la lluvia.
Un silencio que alguien se dejó abandonado y una soledad con los cristales rajados.
Antes o después los límites descoloridos de las sensaciones
y una ausencia que pregunta dónde está.
Un espejo roto en alguna estación perdida del conurbano en penumbras
debajo de los puentes donde crepita el desastre y la pena.
Qué lento es el amor:
se cansa de que sus ciclones no puedan contra las vacilaciones de las heridas que ya no sangran, pero están aún ardiendo debajo en vendaval.
La infancia es una mano pálida que espera que yo pueda decir esa palabra mágica que despierte pájaros dormidos en la belleza tal vez.
Acaso sea cierto que en este día largo nada puede tener sabor más que a temblor.
Un color gris Perla cae sobre los árboles
y no puedo entender en qué raíz debería buscar.
A veces la dulzura puede tener un rostro cruel.

martes, 22 de marzo de 2016

Fosas/ a 40 años del Golpe militar de 1976

Hemos cavado en el aire,
en el agua que iba corriendo para allá,
en las cucharas de té puestas junto a las tazas.
Hemos cavado en los lápices,
en los renglones perfectos del cuaderno,
en las páginas de los libros abiertos.
Hemos cavado en el fuego,
en la pila de toallas, en las sábanas,
en el espacio ínfimo que queda en un abrazo.
Hemos cavado en las plumas mojadas de los pájaros,
en los pelajes feroces de los perros,
en los dientes agudos de los gatos.
Hemos cavado de pie,
llorando las lágrimas heladas de la ausencia,
riendo la risa de las marchas,
al infinito,
en nuestro mudo cuerpo,
para entender, por fin,
que con vida los arrancaron en el silencio de la noche
para perderlos del hilo de luz que sosteníamos
y ya no están
y la memoria es un farol con que alumbramos aún las bocas del infierno
para que algún día regresen a bailar, cantar, marchar
en andas, en nuestros brazos que se anudan
y los seguimos esperando.

jueves, 21 de enero de 2016

Nómade

Ahora me doy cuenta
de que hay una gramática en estos cuartos que todavía desconozco
de que se me escurre la combinatoria de los sonidos y la forma en que el sol se refleja a las cuatro sobre el ángulo agudo de los vidrios. 
Tengo una vida en tránsito,
un movimiento infinito que carece de todo sustantivo
y no soy yo con tanto verbo sobrándome al costado. 
A esta hora,
a solas en la casa, me deslizo entre palabras todas: hiedra, dichondra, canto, lluvia, raíz, silencio. 
A esta hora, 
a solas en la casa, bebo lenguaje que iré perdiendo a lo largo del año en mi periplo nómade y ausente.
El regador estrella sus gotas contra el muro y las turgentes plantas se las beben. 
Yo me dejo mojar hasta que cambie el día y me vuelva a habitar. 

sábado, 2 de enero de 2016

No hoy

No hoy.
Mermelada no hoy.
Mermelada los demás días.
¿Y los demás días?
Los demás días no hoy.
No mermelada.
No palabras.
No tiempo.
No hierba fresca.
No pájaros.
No agua.
No conejos bailando.
No meriendas de locos.
No reinas rojas.
No hoy.
El tiempo es los demás días.
No hoy

sábado, 26 de diciembre de 2015

Otra vez

Detrás del pico y la pala de la tristeza/ detrás de las hordas de la muerte que llegan a matar/ detrás de las cenizas de un pasado que se hizo erupción/ vendremos para sembrar la vida/ otra vez/otra vez/otra vez/

jueves, 24 de diciembre de 2015

Clara Anahí, la Muerte y el nido de los pájaros

Era la Muerte un hombre ensangrentado, con charreteras y uniforme verde. Clara Anahí no podía saberlo: en su pequeño mundo de leche y de sueños había una mamá que sonreía, una papá alto y flaco, uno que otro tío y una abuela de lentes. No podía saberlo cuando volaron su casa por el aire y Diana la cubría con su alma. No podía saberlo cuando la Muerte se la llevaba en andas. Buenas noches, dijo la Muerte, acá yo soy la dueña del destino: digo y desdigo, hago y decido. Y Clara Anahí se perdió para siempre, en el tiempo y en todos los espacios. A Diana la mataron aquel día terrible de noviembre , a su papá Daniel unos meses más tarde. Y Clara se perdía: ella deseaba regresar a su casa, pero la Muerte se fue comiendo las migas que su abuela le puso mientras decía que es por acá, Clara, es por acá. Y Clara se perdía en su mundo de leche y de sueños. Sin embargo, en el árbol donde anidan los pájaros de los recuerdos, ese que a veces no sabemos ni dónde lo dejamos, había un pájaro papá de anteojos que la seguía llamando es por acá, Clara, es por acá. El pájaro y su pájara mamá de dientes que sonreían habían hecho un nido en una rama. La llamaban y Clara los oía, pero en los sueños las ramas estaban alejadas. Por más que se estiraba no podía tocarlas,  oía los cantos de sus pájaros es por acá, Clara, es por acá y no llegaba. Y un buen día la Muerte se murió entre banderas y mujeres que dieron tantas rondas que volaban campanas, estrellitas y todos las seguían de festejo en festejo: 1, 2, 3, 87, 114, 118, 119. Y Clara, que ya no era una niña de leche y de sueños, un día vio una miga, ya dura de 39 años, y se la puso de pronto en el bolsillo. Y entonces creció tanto que alcanzó la rama esa del nido de sus pájaros y regresó a la casa donde el amor de su abuela todavía esperaba. Y supo que la Muerte ya no estaba con ella: todo fue alegría, abrazos, despertares, recuerdos que volvían, perfumes de bebé al borde de su cuna, una canción perdida y un pueblo que reía porque era el festejo 120 de los que andan zurciendo con su vida la muerte que otros desparraman: los buenos, los que vienen detrás reconstruyendo.  

viernes, 4 de diciembre de 2015

El precio del aceite

mientras la calle se cubre de flores amarillas
yo
me pregunto
cuánto costará el mes próximo
una botella de aceite
pasan los autos
y las flores inician un vuelo de libélulas doradas
una simple botella
otra baldosa que habrá que pensar  en saltar
el cielo celeste de esta madrugada
y el trino hilvanado de los pájaros
el aceite que quién sabe cuánto dinero deberé abonar
el albañil que iba junto a mí en el tren
que verá desde afuera la casa que ayuda a construir
la maestra que se guarda en su casa una moneda para darle al chico que vende chupetines
y yo
el cielo azul
las flores amarillas
y otra vez el aceite
en botella
mientras los autos pasan
y la vida se enrosca como una tapa
sobre los días
repetidos
idénticos
exactos
tres gotas apenas
porque quizá no haya más
amarillas las flores
como el hilo de aceite
que no puede saber cuánto lo tendré que pagar
porque él es
repetido
idéntico
exacto
cambia la luz y cruzo
el mundo debería ser previsible en ciertas circunstancias
para que el albañil, la maestra y yo pudiésemos soñar
que un sinfín de luciérnagas remontan hacia el cielo
y sonreír
como la gente que tiene el mañana debajo de la mano
y no debe pensar en,
por ejemplo,
cuánto le costará una botella de aceite
que solo durará lo que la flor tardó en caer.

sábado, 7 de noviembre de 2015

El cumpleaños de la abuelita URSSula

Los siete de noviembre en mi casa había fiesta.
Yo usaba trenzas y mi madre ponía una torta en la mesa.
Era una torta roja.
Siempre.
Y tenía una hoz y un martillo.
Amarillos.
Siempre.
Mi madre repartía regalos, seguramente envueltos en papeles al tono.
No lo recuerdo.
Y cantábamos una canción que hablaba de los parias de esta tierra que debían unirse.
Yo no entendía bien para el pararse si sentados era bastante más cómodo.
Mi madre nos hablaba de unos niños que llevaban unos pañuelos al cuello y que eran perfectos.
Yo me miraba las medias bajas, los zapatos que a veces chancleteaba, el pensamiento rebelde y pensaba que jamás sería una niña konsomola y estaba, de por vida, expulsada del paraíso que narraba mi madre.
Mis hermanos comían, ajenos a épicos relatos de otros fríos; pero yo me decía que quería ser como Liubka, la de La Joven Guardia, que era bella y le ponía bombas a los alemanes que querían entrar a Stalingrado.
En el cuarto de mis padres, detrás de una pared secreta, estaban las obras completas  de Vladimir Ilich y un cuadrito de Karl Marx que eran como dos abuelos lejanos que pensaban como mis propios padres.
La torta se acababa.
Se lavaban los vasos.
Y yo volvía a los tilos de Belgrano R para encerrarme en el baño y hacer altares a los dioses de Grecia a quienes les pedía milagros personales.
Es que cuando dejaba de ansiar ser una niña soviética se me daba por pensarme vestal de algún templo caído.
Un pequeño detalle distractivo y secreto.
Cosas de niña con trenzas y zapatos chancleta con presilla y botones.
Moría por las películas de Sissi que mi madre  había prohibido.
No era digna de ningún pañuelo rojo y seguro que Stalin me habría expulsado a Siberia.
En mi casa nadie comía niños ni nos manteníamos a fuerza del oro de Moscú.
Mi padre dirigía una empresa que era norteamericana.
Se ve que él tampoco lograba calzarse el mote de pionero.
Mi madre, en cambio, había estado presa por pegarle a un agente pidiendo que los yanquis se fuera de Vietnam, escuchaba a Joan Báez, militaba en la villa que había en Colegiales y admiraba a la Davis.
Ella era pionera desde el exacto día en que pisó este mundo.
Tenía un pequeño problema: se llamaba Luján, como la virgen patria.
Y todo por un siete de noviembre y los parias del mundo que debían estar de pie y sin poder sentarse.

viernes, 6 de noviembre de 2015

Nieto 118

Ayer cuando puse #118 en mi Facebook pensé qué país el nuestro que una pone un número solito y despojado y los corazones se ponen contentos como si encerrara un prodigio cantarino en sus tres dígitos. Y pensé que a mí no me importaba mucho la militancia anterior o no de los Kirchner en derechos humanos, porque lo que habían hecho era mucho muy importante: los habían transformado en política de Estado y eso -si hubiera sido tan solo eso- para mí valía un aplauso cerrado y de pie. Yo me acuerdo muy, pero muy bien de los años democráticos en que los 24/3 no éramos tantos, en que salir a la calle era con viento en contra, en que se indultaba, se perdonaba, se decía que era necesario pasar de página y que ya estaba, así, sin cárcel ni justicia. Yo me acuerdo recontraclarito y con todos sus detalles. Y ahora pienso en el nieto 118 que vive lejos y al que lo espera una historia dura, difícil porque todos pensamos mucho en los que no están, pero, a mí, a veces se me da por pensar en los efectos de la dictadura sobre los que aún estamos: sobre los que se han ido al exilio y han regresado, sobre los que no se fueron nunca y tuvieron que soportar la soledad y el silencio, sobre los que buscaron y buscan sin resultado y ya no desean vivir con tanta amargura. Porque la pena y la desolación, a veces, no hallan las palabras para cobrar vuelo y se enquistan en el cuerpo y lo enferman. Pienso en el nieto 118 y querría abrazarlo fuerte para que sepa que, más que nunca y pese a todo, no está solo, para que sepa que puede contar con todos los corazones que ayer se pusieron contentos con el prodigio cantarino de sus tres dígitos.

domingo, 1 de noviembre de 2015

Mi amiga Vera

Vera es suave como una paloma acurrucada. Y es mi amiga. No solo eso, hoy supe que yo también soy su amiga. Ahora que ha comenzado a hablar miramos ilustraciones en mi ipad y conversamos sobre gatos y peces. Por primera vez hemos hojeado juntas un libro de poemas y encontramos en los versos una buena justificación para andar descalzas. Vera mira Paka Paka porque dice que es lindo y me enseñó un dibujo animado de unas marmotas y de una niña que se llama Lila. Le cocino puré y nos sentamos en el jardín a hacer un pic nic. Le gusta que le masajee los pies y se ríe cuando decimos Wanchope a coro. Cuando sea más grande y se anime, vendrá a dormir a mi casa, como suelen hacer las amigas que se quieren. Yo, mientras tanto, siento que las circunstancias de la vida alejaron a mis sobrinos a territorios ultramarinos, pero, en compensación, han dejado en mi corazón la suavidad acurrucada de Vera. 

sábado, 31 de octubre de 2015

¿Por qué voy a votar a Scioli?

Porque escribí libros de Lengua que el Ministerio de Educación repartió gratis en cientos de escuelas públicas.
Porque escuché a una maestra en el Chaco cuando me contaba de una alumna que siempre tenía la netbook enchufada para llevarla cargada a su casa donde no tenía luz y estudiar sin gastarle velas a la madre.
Porque vi, en el sur, a una piba, en medio de la nada, con su netbook conectada a un panel solar estudiando.
Porque tenemos el calendario de vacunas  más completo de Latinoamérica.
Porque se repartieron nueve millones de libros de literatura  para los chicos a lo largo y a lo ancho del país.
Porque tenemos un Centro Cultural bellísimo donde todas las actividades son gratuitas.
Porque los derechos humanos fueron reivindicados como política de Estado.
Porque no creo que Scioli y Macri sean lo mismo: ninguno hará la revolución que soñaron mis padres, es cierto; pero Macri me deja a miles de kilómetros de esa utopía y Scioli, unas pocas estaciones más cerca.
Porque no quiero volver a las noches en que cenaba mi hijo y yo, con mi sueldo de docente, comía las sobras.
Porque no me importan los modales de Cristina: la elegí como presidenta, no para que sea mi amiga.
Porque en estos doce años mi situación personal progresó ya que mi esfuerzo personal se dio en una sociedad que progresaba.
Porque creo que hacer política no es "ayudar" a nadie sino construir entre todos.
Porque el Estado Nacional pagó cada uno de los tramos de mi formación profesional desde que entré a primer grado hasta que egresé de la Universidad de Buenos Aires y tengo una deuda que saldar para que otros puedan estudiar como yo lo hice.
Porque me gusta viajar en tren cada mañana cuando voy y vengo de mi trabajo y que estén limpios y salgan a horario.
Porque quiero poder visitar a mi familia que vive en el exterior una vez cada tanto y no perderme el crecimiento de mis sobrinos.
Porque quiero dejarle una casa a mi hijo ganada con mi trabajo.
Porque lo dijo Rodolfo Walsh en su última carta: los planes económicos que hambrean a los pueblos solo se sostienen con represión y yo no quiero más de esto.
Por todo esto, el 22 de noviembre pondré mi voto por Daniel Scioli, por el Frente para la Victoria.

De los sueños y las casas

¿Qué es un sueño? En principio algo íntimo, personal. Yo sueño, por ejemplo, con comprar un terreno y levantar una casita, pequeña; pero que tenga un patio o un jardín diminuto y enormes ventanas por donde pase el sol. Algo modesto, se entiende; pero que pueda dejar como legado. Ese es mi sueño. 
Y para que sus sueños se hagan realidad (porque de eso se trata) una hace unos números, consulta, diseña, planifica, piensa en las horas y las trabaja sin prisa y sin pausa porque los padres le enseñaron la fuerza del esfuerzo aunque, en este caso, se trate de trabajo intangible, falto de materialidad, pero que conlleva sus horas de cansancio (como todo trabajo).
Pero esa es tan solo la quintita de una, el sueño privado, si se quiere. Para que haya esa casa, el sueño ha de ser colectivo, inserto en otros sueños, plantado en una tierra en la que todos podamos esforzarnos para alcanzar la casa, el pan, el pupitre en la escuela, la vacuna en el brazo. 
Y yo venía andando, digamos que tenía los metros cuadrados del jardín, un par de ventanitas, la puerta, los grifos, los lavabos. Ahora espero con la bronca que llegue el 22 para pensar si mi sueño se queda con baldosa y media o puedo pasar a imaginar el cuarto, el comedor y un patio.
Nada es más simple de pensar que una pequeña casa que vivía en mi alma.
Nada es más simple de pensar que millones de libros que viajaron a manos de unos niños que, por primera vez, leyeron los sueños que encierran las palabras.
Nada es más simple de pensar que una computadora prendida en medio de la pampa, la puna, la selva, la quebrada.
Nada es más simple de pensar que un sueño personal, pero anclado en el sueño de todos, remontando en el cielo. 

Hacia el 22 de noviembre. Comentario 3

Los balotajes tienen sus meandros, pero con mayor visibilidad ostentan sus meaderos públicos y ostensibles. Es hora de limpiar el baño y pasar a la cocina o hacerse a la idea de que seguirán prometiéndonos cloacas para todos y todas. 

Hacia el 22 de noviembre. Comentario 2

Caminar con viento a favor es fácil. La cuestión es llegar a destino cuando el huracán sopla en contra. (De pronósticos meteorológicos y otras yerbas)

viernes, 30 de octubre de 2015

Hacia el 22 de noviembre. Comentario 1

Los saltos al vacío son fascinantes: por algunos segundos te parece que, finalmente, lograste volar.
Pero, en el fondo del precipicio, agazapada, siempre te espera la ley de la gravedad.

Mucho más temprano que más tarde se abrirán las grandes alamedas

En nombre de los más sagrados intereses del pueblo, en nombre de la Patria, los llamo a ustedes para decirles que tengan fe. La historia no se detiene ni con la represión ni con el crimen. Esta es una etapa que será superada. Este es un momento duro y difícil: es posible que nos aplasten. Pero el mañana será del pueblo, será de los trabajadores. La humanidad avanza para la conquista de una vida mejor.
[...]
El pueblo debe estar alerta y vigilante. No debe dejarse provocar, ni debe dejarse masacrar, pero también debe defender sus conquistas. Debe defender el derecho a construir con su esfuerzo una vida digna y mejor.
Me dirijo, sobre todo, a la modesta mujer de nuestra tierra, a la campesina que creyó en nosotros, a la abuela que trabajó más, a la madre que supo de nuestra preocupación por los niños. Me dirijo a los profesionales de la Patria, a los profesionales patriotas que siguieron trabajando contra la sedición auspiciada por los colegios profesionales, colegios de clases para defender también las ventajas de una sociedad capitalista de unos pocos.
Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron y entregaron su alegría y su espíritu de lucha. Me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, a aquellos que serán perseguidos, porque en nuestro país el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente; en los atentados terroristas, volando los puentes, cortando las vías férreas, destruyendo lo oleoductos y los gaseoductos, frente al silencio de quienes tenían la obligación de proceder. Estaban comprometidos. La historia los juzgará.
Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz ya no llegará a ustedes. [...]
El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.
Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.
Salvador Allende, 11 de septiembre de 1973

miércoles, 28 de octubre de 2015

El viento o la veleta

Como el mundo es redondo se aconseja,
no situarse a la izquierda de la izquierda,
pues, por esa pendiente , el distraído
suele quedar de pronto a la derecha.


Se han dado casos. Se repiten tanto
en estos tiempos de confusa urgencia,
que el que quiere cambiar la flor de mano
debe ejercer la ciencia y la paciencia.


Pero no en breves raptos o relámpagos
ni a palos con el águila agorera,
tampoco en conversadas salamancas
de sexo y saxo y de pilosa niebla.


Esas raras maneras del hartazgo
suelen ser distracciones pasajeras,
síntoma tipo de que el ocio endémico
sustituye la historia por la histeria.


¡Hay que ser consecuente con la furia!
Escoger entre el viento o la veleta.


Armando Tejada Gómez

La barbarie, siempre la barbarie

Los civilizados practican la ideología de la desideologización: no sudan, no gritan, no se apasionan. No tienen compañeros: solo saludan vecinos a los que los unen la proximidad geográfica, la medianera, la ligustrina del jardín. En su mundo no hay grietas porque se ocupan de barrer las sobras y las discordancias debajo de la alfombra. Hacen negocios con lo público y denostan la ayuda social porque, desde siempre tuvieron un plato de comida para arrancar el día. Los que no llegan, para ellos, es porque no lo quieren: el mundo siempre fue así y la pobreza es parte constitutiva y normal de lo real.
La barbarie ha andado sola desde que a Mariano Moreno lo hundieron en las aguas y a Castelli le cortaron la lengua. Ha deseado en la oscuridad un mundo mejor. Quizás no sea este, pero se le parece bastante. La barbarie ha sido fusilada, bombardeada y desaparecida por el mundo de la civilización, esa que preconiza la concordia y los buenos modales. Ha sido hambreada, raleada, le prohibieron decir el nombre de sus amores, le dijeron que no tenía capacidad para pensar y le enajenaron derechos para dejarla del otro lado de la educación, la justicia y la salud.
En una tierra tan ancha y tan rica como la nuestra, los civilizados no están dispuestos a perder ni un mísero terrón. En su última y travestida versión saben que el discurso es un arma cargada de futuro (ese que solo desean para ellos, copia del pasado que añoran) y lo han disfrazado de barbarie: son los nuevos civilizados que hablan la lengua de las víctimas y les ofrecen lo que jamás les van a dar: alcanza con volver la vista al feudo donde durante ocho años hicieron lo que saben hacer: endeudar y ajustar. Lo grave es que los bárbaros nos hemos quedado sin palabras y sin palabras no se puede ganar.

lunes, 26 de octubre de 2015

Hay que pasar el invierno

De pronto se acabó el verano.
Y hay -otra vez- que pasar el invierno.
Y volverá a hacer frío,
la sopa será escasa y no habrá gas para calentarla,
y zurciremos el saco que zurcimos hasta hacerlo remiendo,
y no diremos nada sobre nuestra memoria porque estará prohibido,
y se hundirán las tablas que poco a poco habíamos ido levantando.
Hay que pasar el invierno.
No nieva aún,
pero cae una lluvia,
finita,
granizada,
que te taladra las vueltas de la pena.
A la final, vio, se trata de que la vaca se suelta de su atadura
y la conciencia se va con ella.
Es eso.
El pasto de la vereda de enfrente siempre es más verde.
Sobre todo en verano.
Y ahora
que hay que pasar el invierno:
se morirá la vaca de hambre y nosotros con ella.
Otro dolor y ya son incontables.
La escarcha quemará las raíces -por lo visto no eran muy profundas-.
Tiempos de puertas para adentro.
Y el viento que nos arremolina en los pie de página de la historia.
Otra vez.
Desde Mariano Moreno que sucede lo mismo.
Y no voy a llorar.
Desde ese entonces que me aguanto las lágrimas.
Me siento en la puerta de casa a ver pasar las hordas encapuchadas y con guantes de acero.
Parece que festejan lo que yo me aguanto desde entonces.
Es otro invierno que llega.
Hay que pasarlo: guardar reservas, callar silencios, continuar escarbando.
Allá,
en lo inquietante y profundo,
el sol está latiendo todavía.
Hay que encontrarlo y sentarse en la ronda para que pase -pronto, lo más pronto posible- este terrible invierno.
La patria sigue siendo el otro aunque elija que pasemos -otra vez- el invierno.
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