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lunes 25 de enero de 2010

En viaje...

Comienza el Rally Buenos Aires/Santa Cruz.
2500 km de ida bordeando acantilados y atravesando desiertos enclavados en medio de las mesetas patagónicas.
Fauna salvaje de camélidos cruzándose por rutas de ripio.
Aves descomunales y abultados lobos marinos.
Aguas azules y heladas y, a sus orillas, aisladas poblaciones sacudidas por un viento feroz.
Bosques petrificados y cuevas de pinturas rupestres.
Y lo más grave: solos de soledad absoluta durante casi tres semanas.
Ni teléfono móvil para pedir auxilio cuando nos acorrale la adversidad de las neurosis respectivas.
¿Sobreviviremos a nuestras propias miserias para emprender los 2500 km de regreso o quedaremos como otro cuerpo helado en medio de la Patagonia?
Si sorteamos las inclemencias interiores, ¿que nos deparará "febrero mon amour"?
Ya tendrán novedades:
Supongo...
Caso contrario, qué bueno ha sido estar acá.
Buenos días a todos.
Correremos por unos días el telón.

PS: Llevamos un cuaderno de 200 hojas para escribir y dibujar... Y libros, ¡qué obviedad!


sábado 23 de enero de 2010

Paliativos

Los que éramos antes ya no están acá.
Nadie los ha llamado a sentarse a la mesa y no deseo verlos.
Y aunque te empecines en vestir los trajes antiguos que colgaban en tu ropero, deberías darte cuenta que ya no te van, que no es bueno usar la ropa vieja, que sabe a un pasado amargo y evitable, que tiene rastros de sangre que han quedado secos y oxidados, que el cuerpo se renueva y no le sienta bien un cúmulo asfixiante de relatos.
Querría no haber visto cómo doblabas esa esquina, pero mi corazón sabía que la estabas bordeando y preferí detenerme y llorar por tantos mediodías inclementes de un verano pretérito, por tantos sueños que se hicieron añicos contra el piso como espejos perdidos, por tantos días en que estabas tan lejos y yo estaba tan sola.
Es cierto que fui una espectadora de una función que fue enteramente tuya; pero más cierto es que se puede poner otra vez en escena el mismo repertorio y los efectos serán devastadores para todos.
Tener confianza es no cerrar los ojos.
De ser de otra manera se llamaría estupidez y no nos sirve.
Pienso, a menudo, que desearía, como Penélope, destejer este sudario una y otra vez para observar cuál es la trama acorde a los acontecimientos.
Cuando estallan los mundos, una querría tener mil manos para que nada se precipite hacia ninguna parte... pero sólo hay dos y es necesario permitir que lo que cae se estrelle bien estrellado para que no renazca nunca más.
Todos tenemos huecos oscuros en el alma, dolores imposibles, soledades agudas, cortes tan hondos que parecen zanjones, estados que nos superan sin que podamos comprender.
La cuestión no es la herida, sino qué paliativos elegimos para sobrevivir.

viernes 22 de enero de 2010

Bienvenida


En algún recodo me detuve y te vi.
Estabas entre tus papeles y sonreías. Era una noche algo fría y ventosa y llovía. Yo cocinaba unas pastas y la casa estaba calentita y luminosa como un nido.
Después hablamos de una historia: de tu historia y tu relato, de tu extenso acto de narrar.
Los álamos sacudían sus hojas dejándose traspasar.
Así me vi mientras te miraba: dejándome atravesar por tu lenguaje, por la suavidad inmensa de tu cuerpo que me horada, por los lazos que teje tu boca sobre mi corazón oculto, por tu risa magnífica, por los códigos que nos acercan, por los significados que nos completan.
Y entonces percibí que el amor es una bienvenida. Siempre.

domingo 17 de enero de 2010

On the road: rumbo al sur...

Nos estamos yendo...
Cuaderno en mano,
lapiceras con tinta nueva,
máquina lista para las fotos de rigor...
Ah, sí, claro, las maletas con las cosas imprescindibles.
Nos estamos yendo...

sábado 16 de enero de 2010

Lluvia

Ahora llueve.
Yo estoy acá,
en la ventana de mi cuarto que da a un patio rebosante de plantas verdes.
El agua se evapora al rozar las baldosas calientes
y el ventilador, detrás de mí, mueve el aire pesado de este enero.
Llueve.
Vos estás allá,
en tu cama de un hotel de Sao Paulo,
donde llovió el jueves a la noche
después que volviste de cenar.
Qué milagro la lluvia,
mensajera de aromas distantes,
cocinera de nostalgias infinitas,
costurera de tactos imposibles,
niñera de texturas espaciosas.
La oigo caer sobre mi patio:
me dice cuán pronto regresarás.

Superlativos

Me encantan tus superlativos.
Me hablan y me enredan sus terminaciones que se meten entre mis piernas y me buscan.
Me gusta la alegría que derraman y la que auguran.
Me mojan sus sílabas eufóricas con sus dedos de letras, con su boca de idioma imposible, con su lengua de mordedura tibia.
Me atraen sus sufijos que se extienden y me rozan la cintura con la inefable presión de tu cuerpo en mi cuerpo.
Me seducen con lo hiperbólico de su ternura, de dedos en mi pelo, de labios en mi cuello, de chupones que crecen fotosintéticamente debajo de antiguas cortezas que supieron a coraza y a miedo y ahora se despliegan pletóricos de vida para pasear sus hojas por mi vientre de tierra, por mis brazos de lluvia.
Me encantan tus superlativos profundos como agujas sinuosos como cucharitas hundiéndose en las sopas salados como aguas de mares olvidados dulces como alas de pájaros que cantan bajo el bosque.
Me gustan con sus palotes de niño con sus ojos entrecerrados y sus gemidos entregados en cestos al anochecer de cada mediodía cuando el sol se dobla sobre sí para llamarse siesta.
Me dejo envolver con sus tonos de cántaro y abro la boca para beberte y beberlos y sentir que entran en mi carne umbría para habitar mi sangre y llenarme de luces.
Lindos superlativos que son piedras para cruzar los ríos y adosarse con su forma de besos ahí donde mi espalda se curva y se atormenta con rayos y centellas.
Después los pongo junto a mí
y tus superlativos y yo dormimos juntos, juntísimos.

miércoles 13 de enero de 2010

Como un haiku 4

La lluvia se deshace en cortina pretérita.
y moja los cristales del cuarto.
Yo sueño tu respiración en mi pecho.

sábado 9 de enero de 2010

Como un haiku3

La boca y sus pétalos mojados
se posa en la planicie de mi vientre.
Amanece entre lirios.

miércoles 6 de enero de 2010

Vos y yo

El deseo y el amor.
La furia y la calma.
La soledad y la compañía.
La madeja imposible de lo que se perfila.
La simplicidad de lo que tememos entender.
Lo que no hay que entender.
Lo racional a ultranza.
La grieta irracional.
La perfección y los bordes irregulares.
El silencio y la palabra.
Tu boca en mi cuello.
Mi cuello en tu hombro.
Tu sueño y mis miedos.
Tu miedo y mis esperanzas.
El mundo que puede ser mejor y se resiste.
La frustrada agonía que canta como un balde cayendo en el aljibe.
Los pasados amontonados y los que quedaron desparramados.
Los insólitos barcos, los trenes, los aviones.
Las rutas bajo el implacable sol del verano que hace tiempo no tenés.
Tus mujeres.
Mis hombres.
Los que éramos antes.
Los que somos ahora.
Lo que nos preexistía.
Lo que nos sobrevivirá.
Tu mano en mi cabeza.
Mi cabeza perforada de sensaciones.
Las sensaciones derramándose por mi vientre hasta el pliegue mojado de mis rodillas.
El mar allá y la luna azul de la última noche del año.
Mi lapicera de tinta y tu bolígrafo.
Las almendras y el ajo.
La copa de vino y el vaso de agua fresca.
La lluvia que nos moja y el sol como una espada implacable.
Tus palabras medidas y mi borbotón imparable.
El mundo que se hace y se deshace desde siempre.
Lo que dicen los otros sobre nosotros mismos.
Lo que nosotros decimos sobre nosotros y sobre los otros.
Lo que callamos.
Los mapas y los viajes.
Tu increíble risa: la más viril de todas las que hay en la tierra.
Tus ojos que cambian de color y los míos de gata bajo el sol del invierno.
Tu frío, mi calor.
Tu intempestivo caos, mi obsesivo orden.
Yo que no sé llamarte y vos que me llamás con nombres que te crecen como hiedra en los labios.
La pausa en que nos vamos desprendiendo de los errores que fuimos cosechando.
La empecinada forma de no poder ser otros pese a todo.
La geografía y lo poco que nos queda de historia.
El carro que arrastramos, las pesadas mochilas.
Los que fuimos con otros.
Las tormentas que pasan y las que nos empapan desde siempre.
Los hijos que tuvimos, los que deseábamos tener y no pudimos.
La familia que nos dio la vida y la que hubiéramos deseado que fuera.
La que intentamos formar, la que no pudimos, la que queremos.
La música y los libros.
La cocina y el baño.
Tus abrazos y mis besos.
Los gozos y las sombras.
Las mieles y las sales.
Los papeles en blanco y las páginas saturadas.
Mis caminatas sin fin y la tarde que muere.
Los muelles y los faros.
Las futas secas y las frutas frescas.
Las sábanas tan blancas y las de colores muy fuertes.
La enredadera que ahoga árboles y las flores encendidas.
El año que termina para que empiece otro.
El sitio en que estábamos hace unas horas y el que nos tiene ahora.
Las primeras vacaciones que compartimos.
Buenos Aires, París y los fósiles de los acantilados patagónicos.
Y todo recomienza cada día.

El sur también espera

Otra vez las maletas sobre la cama.
Otra vez los mapas desplegados.
Otra vez los recorridos trazados con los lápices.
Otra vez las páginas escritas para atrapar lugares.
Otra vez las fotografías dispersas en el aire
Pero esta vez es con vos.

domingo 3 de enero de 2010

Párodos

Quién sos que te desconozco que te miro y no puedo alcanzarte que te escucho y no puedo creerte quién sos que así en medio de la tarde me clavás otra daga de sangre y allí en mis tripas se queda para siempre la esperanza.
El coro todavía no ha salido de la escena y a esta tragedia le quedan un par de episodios para alcanzar el éxodo.
Nadie percibe cuán mal ha gastado su vida hasta que no le queda ya nada por hacer.

sábado 2 de enero de 2010

Novedades

Al borde de la desolación: la vida de los otros es de otros. El miedo es una masa pegajosa adherida a cada centímetro de mi piel. Nada puedo hacer más que sentarme a mirar cómo se desenvuelve un infierno conocido. La calle es una boca que se traga mis esperanzas. No podré soportar otra agonía. Sólo deseo dormir hasta que cese el mundo y fingir porque ya no hay más palabras en que confiar.

viernes 1 de enero de 2010

Año Nuevo Veinte Diez





A las once y cuarto de la noche pusimos Submarillo amarillo y nos tiramos en el sillón. Paramos para atender teléfonos, comer algo más y brindar de pie en la cocina, que es un lugar perfecto para recibir el cambio de década.
El año cambió de número con la derrota de los azules en manos del Flower Power y el mundo lisérgico de un dibujo animado que yo no había visto antes.
En mi vida de madre, Pablo ha puesto en mi retina tres películas que me impactaron de alegría el corazón: El viaje de Chihiro, Mi vecino Totoro y, ayer, mientras todos hacían explotar sus fuegos artificiales, Yellow Submarine.
Quizá sea una manera atípica de terminar/comenzar el año.
Pero fue la mejor.
Estuvo llena de esperanza para el 20.10 y me dejó en el alma la colorida sensación de que el mundo puede ser mejor para todos.
Sólo se trata de ponerse a cantar.

miércoles 30 de diciembre de 2009

Como un haiku 2

Tu voz invade los canteros.
Crece un oscuro aroma a tierra.
en la densa espesura de mi alma.

martes 29 de diciembre de 2009

Como un haiku 1

El viento atraviesa los álamos.
Su boca me dibuja un contorno
en el centro de mi corazón.

jueves 24 de diciembre de 2009

La otra cara de la luna


Tu boca me encarcela y me deja volar entre tus labios.
Atrapada y extensa, navego entre las aguas de tu cuerpo y las ondas perfectas de tu risa donde me ovillo para escucharte decir que la entropía, que el desorden...
Me pregunto cómo anduvimos cerca, casi rozándonos, sin vernos.
Pero la vida ha tenido la sabiduría de cruzarnos cuando las diferencias abismales dejan de ser un fastidio irritante y se convierten en posibilidad de aprender en la alegría del complemento.
El amanecer nos alcanza susurrando y corremos a levantarnos para salir mojados a una calle que baja hacia otro día donde crece el afuera como si incluso fuera manso.
Te reís y recuerdo cómo bailamos abrazados en la otra cara de la luna.


domingo 20 de diciembre de 2009

Los míos


Soy de las que desearían dormirse el 23 de diciembre y despertarse el 2 de enero con todo limpio y un día más por comenzar. Sin embargo, este año termina y ha sido diferente su transcurrir. Algo está ligándome, dice una canción que escuchábamos hace tiempo atrás y me siento, yo también, cambiando de color.
A mi hijo Pablo con quien construyo diariamente una relación paciente y respetuosa después de tanto tantísimo dolor.
A mi hermano menor Pablo que me mostró que el amor que nos une es inalterable pese a los océanos y los calendarios.
A mi hermano Mariano a quien no veo mucho, pero quiero con todas las dificultades de la relación.
A mi sobrina Maïa porque elle est gentile et belle y "calmate vos que se pudgre el rancho".
A mis sobrinos Luca y Miranda a los que extraño mucho más cuando me llaman para preguntar cuándo voy a ir.
A Manette y Lou porque son parte de mi familia desde julio y hasta siempre jamás.
A Mariano que me obliga a entender que hay otras maneras de nombrar las cosas y me sumerge en la más absoluta de mis profundidades mientras se ríe con la risa más maravillosa que yo haya conocido jamás. A él que me ofrece una forma de amar que yo supe desconocer.
A Olga que me dio y me da una confianza que se basa en la entrega del corazón que pone por excusa alguna lejana sangre compartida para ocultar la hermandad de la emoción.
A Majo que me oye, me abraza, me alienta en cualquier ocasión.
A Adri que está para preguntarme siempre cómo estoy.
A Jim que hace siete años me acompaña y del alumno imposible que era se ha transformado en el hijo que parí a través de largas disertaciones semióticas entre mates, pizzas y confidencias al atardecer.
A Lululi que, desde México y a través del tiempo, mantiene un vínculo nacido del más puro amor.
A Dani, por ayudarme a entender que las panteras deben enseñarle a los bambis cómo es este asunto de la selva del placer.
A mis amigas Cecilia y Alejandra, de quienes quizá no esté tan cerca hoy, pero ya vamos a volver.
A Fer, que es el espejo que me devuelve una imagen mejorada de lo que soy.
A Moni y sus cuatro Emes porque, aunque estemos lejos, el alma viaja distancias siderales para llegar hasta el Caribe y estrecharla entre los brazos mientras ella alimenta a su hija menor.
A mi vecina que me regala la enredadera que tapiza las paredes de mi casa.
A mis alumnos que me muestran que, pese a todo y siempre, mi interior es blando y dulce y con esa Julieta se vinculan, a esa eligen y me hacen sentir que soy una persona mucho mejor de lo que creo que soy.
A Martín que se va dejándome en otra orfandad más.
A mi padre que no está, pero habita el fondo de mis pupilas cada vez más.

A todos, todos les deseo que el año 20/10 les traiga lo que desean en las exactas proporciones en que los haga felices.
Sepan, todos ustedes, que lo que soy, lo que siento, lo que pienso, lo que hago se los debo en una enorme proporción.


El festín de los distintos

La ropa es una piel vacía contra el piso.
Me refugio en tus manos para dormir. Nada me pasará ya.
En los pliegues del papel quedan ocultos signos escritos en tinta negra que no quiero descifrar, tesoros que se llevan las barcas que nunca han de regresar.
Tu boca me busca, me muerde y me recorren tus manos, colmadas de la maravilla de mis susurros que cruzan la noche como si no hubiera otra forma que esta de amar.
Vos, yo o quienes hayamos sido antes cuando éramos felices, pero otros.
El camino tiene una curva donde el viento despliega mariposas azules que se me cuelan adentro del corazón.
Sos diferente a mí: tenés otras historias, hablás en otro idioma, me mirás en un lenguaje que desconozco, tus palabras tienen la precisión de un tratado científico.
Soy diferente a vos: maremoto de emociones superpuestas sin una huella abierta para la claridad.
Ahora,
desde la inmediatez más diversa del planeta,
tu lengua me ronda, me rodea, me asalta con sus signficados incomprensibles para mí.
Me dejo estar en esa diferencia abismal que acepto como si fuera la otra versión que debía encontrar.
Media jornada hecha en la búsqueda de alguien que dijera las cosas que digo en una idéntica secuencia y entender, a mediodía ya, que sólo quien habla otro idioma puede devolvernos la intensidad de todas las palabras puestas a la luz.
No hay formas ni reparos para los que aún creen que el té puede beberse en copas de cristal.
Acá o allá la piel tiene límites que no se pueden atravesarse sin que sangre la carne.
La superficie del cuerpo es lo más hondo que podremos intentar y la ropa que queda vacía en el suelo mientras la carne abre las puertas del alma donde tu lenguaje y el mío intercambian signos para construir una nueva y antigua realidad.
Mis palabras deben vaciarse de su excedente para volar sutiles como hadas.
No pretendo más que jarras de lilas a la hora de cenar.
Los demás son invitados de compromiso al festín del amor: desaparecen cuando vos y yo empezamos a hablar.

sábado 12 de diciembre de 2009

Un ángel rubio en la justicia de los hombres

Con la impunidad propia
................................................del asesino
................................................del psicópata
................................................del fascista
................................................del represor
................................................del traidor
................................................del protegido
................................................del que hace el mal
................................................del cobarde que tortura bebés
................................................del energúmeno
................................................del desaparecedor
................................................del arrojador de sedados
................................................del violador de carnes
................................................del aviador de futuros cadáveres
................................................del sumergidor de cuerpos en el río

Astiz lee Volver a matar.

Ya llegará la hora en que tus muertos vengan a reclamarte
Las monjas, Dagmar y Azucena gritarán que las mires a los ojos
y no podrás tener la cabeza erguida para sostener sus pupilas.
Nadie escapa a sus propios fantasmas.
Ni siquiera los que se creen eternos como el fuego y el agua.

Ubi ?

a Mariano
¿Dónde vivía antes cuando yo sí existía, pero no habías aún buscado mi confianza ni establecido el pacto que me da carnadura y sostiene?
¿Dónde estaba mi vida cuando yo era feliz, pero estaba incompleta porque desconcía tu palabra de hombre que penetra de verbos la luz de mi cintura y la funda como otro territorio de soles, de mares, de tormentas?
¿Dónde me continuás buscando a través de distancias para obligarme a ritos de amor que desconozco como si antes no hubieran sido más que meros ensayos para poder ampararte en mis brazos, encima de mi pecho, a través de mis sueños?
¿Dónde pude decir esto es un acto que fructifica en besos si nadie me alcanzaba porque yo estaba huyendo y ahora te aguardo para que llegues con tus gestos guardados entre líneas?
¿Dónde aprendo a leerte si no es en tu risa que me circunda para enseñarme lo que guardan tus signos que son significados diferentes a todos los que estuve leyendo y brillan en la noche como piedras magnéticas en medio de la selva?
¿Dónde oculto mis miedos a que pudieras irte y dejarme vacía en una noche densa y repleta de fieras?
¿Dónde dejo la ropa que me sobra porque tus ojos me visten de colores y me embellecen en la hora matinal en que me empatanás de risa y salgo de la miasma en que surgió la vida, del caldo primigenio de las bocas que se pegan en mi espalda que se entrega sin resistencia al peso de luz que la atraviesa tan temprano?
¿Dónde digo que todo es una calma de flores, de tilos perfumados, de gatos que duermen en mis brazos, de tazas de té, de pan y mermeladas, de frutas y limones, de dulzuras pretéritas que pensé no tenía y vos me las traés a manos llenas?
¿Dónde empieza mi cuerpo que descubre otro sexo como si fueran los días primeros de aquella adolescencia pero es ahora y sé cómo se siente la humedad de mi piel deshecha entre tus manos que vuelven a darle forma a mi delgada espalda en la que crecen alas con las que vuelo liviana en la mañana azul?
Vos y yo, ¿dónde estamos si no es en esta primavera que nos moldea en medio de temores que vamos suavemente aceptando para que hagan llanos y nuestros pies recorran las planicies dejando atrás los días escarpados del miedo a sentir, a pensar, a entregarnos?
¿Dónde dejé mi pesada mochila y voy sin cargas, transparente y traslúcida a la luz de diciembre que es tan dulce como un cuenco rebozante de almendras y frambuesas?
¿Dónde puedo decir que deseo que me tengas, que no me dejes ir, que me hagas nadar en el estuario profundo de tu alma donde hay miles de peces que me llaman con su perfume de sales y de espuma?
¿Dónde escucho tus dolores apenas esbozados pero propios como maderas en el bosque del día que te lleva y te trae?
¿Dónde digo que sos un puerto con tiendas de maravillas desparramadas en los muelles y yo busco entre telas, entre cajas de mercancias llegadas de otros territorios por los que yo no anduve nunca y mis ojos no se cansan de verte entre sedas de India, perlas de oriente, incienso y mirra hasta que llego a la copa de cristal que me tendés con el vino dulcísimo de tu sangre y la bebo para dormirme embriagada en tus superlativos seductores?
¿Dónde andaban mis besos por aguas subterráneas para llegar a la profundidad del mar que me entregás y volvés a entregarme como si nunca me hubieras entregado nada y me debieras todo, sin darte cuenta de que cuando abrís la boca para decir ideas descabelladas un mundo se construye repentino, con planetas que giran, con ciudades de bronce, con escaleras de piedras volcánicas y calles sorpresivas donde las mariposas se arremolinan al golpe de la brisa salina?
¿Dónde pienso que entonces estamos juntos y es una fiesta de sentidos e ideas y el corazón se llena de temblores cristalinos mientras vos te reís y yo amo tu risa que trae pájaros con tules bordados en el pico que nos cubren mientras hablamos de nada y nada porque en la nada todo se enhebra en la boca con el hilo de la mutua saliva de nuestras palabras?
¿Dónde si no en tus brazos es que me voy por la vida preguntándome dónde y no hallo respuestas más que volver a decirme dónde dónde dónde y continúan los días en tus ojos vespertinos y en mi alegría matinal y profunda?

martes 8 de diciembre de 2009

Felicidades varias

Mariano me habla de ratones a los que habría que probar dormidos por no sé qué cosa de la corteza cerebral que no alcanzo a comprender y yo le explico de reorganizaciones del paradigma didáctico que debo modificar; mientras él pela mani y yo sumerjo unos filetes de atún en tanto limón que es un atentado a las papilas. Nos reímos y a mí me gustan sus juegos de palabras, el festín inacabable de neologismos con que me bordea y seduce y el abuso intempestivo de sus superlativos aplicados en normas alejadas de academias reales y fantasiosas. Me ayuda a extender el mantel de la abuela, abre la botella de vino, hablamos de los antepasados, de schules, del novio que fue dejado por tener zapatos desagradables en la infancia, de los nombres, de los duraznos cordobeses que eran la idea platónica del durazno que nunca fue copia ni remedo, de todo y nada y más. Después nos acostamos porque es tarde y las nadas se agotan en su espuma. Nuestras pieles se rozan, se apoyan, se estremecen; pero nos va ganando el cansancio del mundo y nos dormimos abrazados como le gusta a él, como yo quiero. Pasan las horas en la penumbra del cuarto y, entre sueños, nos despertamos para amarnos con el deseo onírico del cuerpo que no duerme. Luego llega un remanso en que caigo en el pozo azul de mi descanso envuelta por sus brazos y envolviéndolo a través de mi breve materia. Al alba nos despertamos y salto de la cama: doy de comer al gato, pongo té en las tazas, tuesto pan de centeno y el día empieza a despertarse de a poquito, tímido y temeroso: uno más en que andaremos pensándonos a veces. Cuando Mariano sale, lo miro sonreírme desde la calle con su mejor cara: una porción grande de felicidad, dice él. Yo pienso que entonces era así y entro a casa en plena asunción de mi alegría.

domingo 6 de diciembre de 2009

Travesía nocturna

Entre mis omóplatos delgados él hunde su rostro y aspira mi aroma. Después se deja estar invadido en mi perfume que lo colma. Siento el fuego de su respiración adherido a mis vértebras que son como piedras pulidas y pequeñas que ascienden hacia mi nuca clara donde hay nidos de pájaros que se quedan a dormir en la mañana profunda. Él apoya su boca en ese universo que sabe a agua azul, a espuma, a carradas de rosas y me aspira durante segundos infinitos. Cuando despega sus labios, yo canto con el corazón repleto de resguardos y amparos, con la espalda invadida de gotas de saliva que penetran mis poros y viajan hacia mi alma por las rutas de mi sangre encendida. Me río en la templanza de su boca, en el cosmos que se encierra en sus brazos, en sus palabras otorgadoras de dones y presentes. Mi cabeza se olvida de pensar en temores y se pierde en sensaciones conocidas, pero nuevas esta vez. Así podría descansar en la pangea segura de que nada me sucederá por más que se rocen eternas las fallas y suturas. No sabía que dormir con vos era como volver al hogar que nunca tuve y es tan efímero como una noche más en el camino de regreso hacia la confianza que deseo tener para ser mejor.

miércoles 2 de diciembre de 2009

Flores de tilo


La luz se filtra blanca entre los jazmines y me despierta después de atravesar la noche en el resguardo de tus brazos. Nos levantamos, me dejás listos el cepillo y la ducha y vas a preparar café mientras me baño. Tengo la piel encendida de besos que no desearía borrar con el agua. El pobre Moulinsart sigue encerrado en su exilio, aunque pensándolo bien, tamaño cuarto es como un continente para un gato. Te veo desde la ventana dejar las galletas para que vengan a buscar los pajaritos. El aire huele a tilo disperso en la frescura matinal. Me voy a trabajar caminando para tomar el colectivo en Luis María Campos. Estoy contenta y nueva. En este instante no necesito nada más: voy repleta de flores de tilo que me desbordan desmesuradamente fuerte dentro de mi corazón.

domingo 29 de noviembre de 2009

Decisión

El agua pasa por arriba o por abajo.
El agua se lleva las memorias y deseos.
El agua es un silencio prolongado.
Yo ya no quiero oír.
No hay nada en el vaso.
Deberé caminar para beber.

Carencia

-Eres hermosa.- dijo él.
-Me falta una mano -replicó ella.
-Te faltan muchas cosas, y por eso eres hermosa.

Rabith Alameddine, El contador de historias

domingo 22 de noviembre de 2009

Destinos



Qué hubiera sucedido si aquella tarde en Tánger, cuando tomaba un café cargado en la Kasbah, y vos te habías resistido a que te fotografiara, cuando me hiciste un gesto imperceptible para que te siguiera por ese laberinto interminable, yo, en vez de mover mi cabeza negándome, me hubiera levantado para seguirte, para internarme en las calles angostas, para perderme sin rastro y hoy, cuatro meses después, fuera otra mi historia. El destino deja sueltas miles de hebras y sólo anuda las que decidimos atar. Así de azaroso es lo que leemos como si tuviera una finalidad.

sábado 21 de noviembre de 2009

Paradojas

Me deshago y me hago.
Me rompo y me construyo.
Hablo y me callo.
Siento y digo pienso.
Pienso y digo siento.
Deseo y a la par no deseo.
Quiero que hables, pero te quiero mudo.
Busco explicaciones y a la vezla caricia.
Quiero ser frágil y que nadie me ayude.
Quiero ser fuerte: que todos me protejan.
Quiero querer y estar sola.
Y en cada paradoja se me estruja el alma, pierdo peso y un día perderé las amarras que me sujetan al mundo y a las cosas

martes 17 de noviembre de 2009

Con el corazón en la mano

No tengo ya más piel ni carne.
Soy sólo un corazón que titila en la noche silenciosa.
Lo llevo en medio de los dedos de la mano.
El resto se desgaja y el viento sopla cargando los girones.
Mi pobre corazón late de frío y dice que ya es hora de entrar y de cerrar ventanas, puertas, lo que sea mientras la lluvia arrecia y se inundan las voces que quedaron dormidas desde siempre.
Y en la tormenta crecen los miedos con su traje de fantasma
y el río se lleva las piedras a lo lejos
y yo no digo nada.
Preciso un poco de silencio.

lunes 16 de noviembre de 2009

Decimos...

Dice Gelman, "te amo porque sos mi casa" y pienso en la ternura de mi cabeza escondida en la noche del jueves en tu abrazo y pienso en la lindura del amor apretado sin espacio ni aire entre los cuerpos y pienso en las palabras como cuentitas de colores enhebradas en un hilo de charla que nunca se termina y siempre sigue. Pienso en las estaciones de tren bajo la lluvia y en los campos de trigo movidos por una brisa suave de verano, en playas que no tienen principio ni fin. Pienso en tu risa bordeándome hasta alcanzar mi centro que se oculta; pero grita con voz bajita que desea que abras mi carne en dos y en mil pedazos de luz extraigas lo que tengo y que hagas de mi alma lo que tu alma necesite a su medida para sentirte vivo. Pienso en una cocina pequeña con perfume de ollas y sartenes cantando y tu voz que me arrulla para que me duerma ya de una vez o gire entre tus brazos mientras tornasolás mi piel hasta volverme un verbo transparente. Pienso en el agua cayendo en la mañana mientras a lo lejos recuerdo cómo cenamos bajo el tilo mientras tejías sueños memorias y caricias que eran antiguas, pero nuevas. Pienso en vos y te tengo clavado en medio de mis pupilas como si hubiera allí un espacio de hojas verdes que te estaba aguardando para darse a la vida. Y dice Gelman que "existís para que exista el amor en algún lado".

domingo 15 de noviembre de 2009

Familia

La familia es una boca que te traga, te mastica y, después de haberse apropiado de lo servible, te arroja como a un pez que boquea sobre la arena de una playa desierta donde nadie aparece para arrojarte al agua donde podrías revivir.
Hay espadas clavadas alrededor de todo y, al querer huir, su filo te lacera la carne gota a gota.
La familia es mi padre que ha muerto de silencio.
La familia es mi madre que tiene el rostro de la locura y la soledad.
La familia son mis hermanos que están lejos y mis sobrinos a los que nunca puedo terminar de abrazar.
La familia es un hueco por donde sopla un viento frío y caen gotas de llanto tan enormes que trazan canaletas en el rostro por donde todo se disuelve una vez más.
No quiero que me hablen.
Dejen que duerma en paz.
No tengo espacio ya para tanto dolor.
En otro cuarto habla la voz de mi hijo.
Pero yo no supe decirle cuál era el camino para alcanzar la felicidad.

jueves 12 de noviembre de 2009

Anécdota escolar LXXXV: Hay que sobarse más...

(La profesora está parada en la puerta del aula esperando para entrar. El preceptor indica que se pongan de pie y dejen de hablar. Lentamente, se van organizando todos, excepto dos alumnas que, tomadas de la mano, conversan como si no hubiera ninguna otra cosa en el universo. La profesora las mira sin que ellas registren la situación por lo que decide entrar)
Profesora: Buenos días.
Alumnos (A coro): Buenos días.
Profesora: Siéntense. Ustedes dos (Señala a las alumnas que torpemente se han puesto de pie), vayan afuera...
Alumna 1: No, no, no...
Profesora: Chicas, ustedes tienen ganas de hablar; yo quiero dar clase. Vayan afuera y cada cual es feliz. (Salen no muy enojadas que digamos. La profesora se sienta a firmar el libro de temas)
Alumno 2 (Desde el fondo): ¿Por qué las sacás?
Profesora: Por sobarse.
Alumno 3: ¿Sobarse? ¿Qué quiere decir?
Profesora (Cerrando el libro): Tocar mucho alguna cosa hasta volverla muy blandita.
(Risas generales)
Alumno 4 (Mientras la profesora busca las tizas): Juli, vení y mirale el cráneo a Tomás. Tiene una cosa rara.
Profesora: Rara o no...dejá de sobarle la cabeza.
Alumna 5: Es que se nos salen las homonas por los ojos.
Profesora: Traten de mantenerlas en el torrente sanguíneo y...¡dejen de sobarse! Empecemos a analizar los pronombres y ¡basta!
Alumno 6: ¿Y puedo ir a computación y decirle a la profesora: "Señora profesora, por favor, no me sobe más y sobe el mousse"?
Profesora: Claro, absolutamente correcto. Y cualquier cosa le explicás que he sido yo la culpable de este incremento de tu vocabulario.
Alumno 7: Tratá de que no te sobe el mousse.
(Los alumnos empiezan a jugar con mil variables de uso del verbo sobar en situaciones escolares mientras se van acercando al escritorio a que la profesora les corrija una aburrísima tarea de reconocimiento, clasificación y análisis de pronombres. Al observar que el cuarto alumno de la fila no puede reconocer el referente, la profesora dedice parar la ejercitación y explicar al grupo el procedimiento. Para eso, apoya su mano derecha en el hombro del alumno para que le deje lugar y levantarse...)
Alumno 8: ¡Che, Juli, pará! ¡NO ME SOBES EL HOMBRO!

miércoles 11 de noviembre de 2009

Noche de jueves

A veces es una cajita diminuta y adentro late apresurado mi corazón como una campanita de cristal que suena sacudida por la brisa. En mi corazón se esconde un pájaro azul que tiene un tul doblado en el pico y del tul penden cien mil estrellas que se están encendiendo de a poco para iluminar la noche profunda en que las palabras harán un fuego para sentarse alrededor y hablar hasta que suba el sol por el muro y caiga sobre el tilo que llueve hojas verdes y nos durmamos cubiertos por un manto de clorofila perfumada, entre tus brazos, junto a mi cuello desnudo que mordiste. Y el corazón será una campanita y habrá brisa en el borde sencillo de otro día.

sábado 7 de noviembre de 2009

Crap crap

Crapcrapcrap
crrrrrrapcrapcrap
craaaaaapcrapcrap
crapppppcrapcrap
van haciendo las palabras en la pantalla
y las vamos siguiendo
para alcanzarlas
para sujetarlas
para llenarlas con otras palabras más secretas
para dejarlas ir
tras otras que ya se fueron
y otras que se apelotonan por entrar
crapcrapcrap
las palabras
y se llenan
de pieles mojadas sobre pieles que duermen
de tés en tazas de colores
de paltas y berenjenas
de partidos de fútbol
de excursiones de teatro
de sábanas que se abren y se cierran
de corazones nuevos.
Craaaaapcrapcrapalabrasdepalabras
y cimitarras que acarician porque dejan sus filos en las puertas de entrada
¡Ay, dice la historia, cuántas palabras que se mezclan se perfuman se atosigan de luces!
Y crapcrapcrap
por los escalones desciende un silencio de sombra que las acuna y las duerme
mientras suenan los besos con sus alas de pájaros encarnados para cubrirlo todo.

Una relación profunda

Las palabras tejen redes por las que me deslizo con un nudo en la garganta y un temblor en el cuerpo. Detrás de una ventana aguardan los verbos sutiles de la esperanza. Jamás he ambicionado tantos signos que me llenan de preguntas la inestable comprensión de la carne. No hay otra cosa: pasar de la piel a la voz y de los significados a descubrir a los cuerpos que se rozan como otro significante más. A veces creo que podría enloquecer de desesperación que es como haber perdido la esperanza y reencontrarla sin poder alcanzarla. Ahí está, pero no poseo los verbos que me podrían ayudar a crear un cosmos en el que todo gire sin rozarse siquiera pero compenetrándose cada segundo un poco más. Tengo dificultades insondables: sé acariciar, pero no colocar la pasta dentífrica en el cepillo del que entra al baño después que yo. Mis abluciones matinales son signos solitarios que estoy imposibilitada de modificar y, cuando estoy sola ante ese cepillo con su crema, sé que sólo tengo palabras para pasar a la dimensión de las almas que se miran a través de los cristales y reconocen, en la diferencia complementaria de los cuerpos, lo que tenían de semejantes. Quizá si hubiera descubierto que tras las nucas rectas de los hombres se ocultaba un conocimiento que yo tendría que haber sabido aprovechar, la vida se habría desplegado con evidente intensidad para mí. Pero fui educada en la perversidad de la enemistad, en la batalla sorda que mi madre entabló con mi padre extendiéndola al resto de la masculinidad. Tarde he llegado adonde debería haber estado hace tiempo: al conocimiento de que hay tantas historias que contar en un lenguaje que intento decodificar y ya no sé si hablo sola como los locos en la orilla del mar o es que esta marea de preguntas que me asalta procede de otra boca que me roza susurrándome en el oído que vale la pena otro género de palabra, otra pluralidad. Querría tener la sabiduría de colocar dentífrico sobre un cepillo, de comprender cómo entendés el mundo y escucharte dejando que tus palabras abran vergeles secretos para mí. Tu boca desenrolla mapas de territorios que me estaban vedados desde mi propia voluntad y me asusto como el viajero que debe dar el paso que lo interne en la selva de la que quizá nunca pueda regresar.

martes 3 de noviembre de 2009

Abandono

Quizá el miedo, dijo, sea porque lo estás logrando.
Entrecerrró los ojos, como para pensar o conectarse con algo que le venía desde adentro.
Cuando los abrió dijo, si de algo se puede estar seguro es de que no se ve quietud adentro tuyo; hay siempre una sensación de continuo movimiento al que vos mismas vas poniéndole diques como si creyeras que no te merecés semejante cosa.
Pensé que yo no daba nada, aclaré y entonces se rió.
¿Nada?, dijo.
Nada, dije y suspiré.
Quizá sea que sientas que lo que das no es merecedor de retribución.
Quizá, murmuré y quise irme.
Ando mirándome mucho, dije.
¿Y eso?
Eso es eso. Miró qué hago, qué no hago, qué digo , qué me callo, qué posición asumo frente a las situaciones...
¿Y?
Y nada...no quiero abandonarme. Siento que si me abandono me voy a perder.
¿Abandonarte? Es imposible abandonarse, nadie puede abandonarse. Podés no bañarte, no comer, no hablar, encerrarte bajo siete candados, pero abandonarte...es imposible: siempre te toca estar con vos. No podés ir a otra parte si no es con vos
Ya sé...hablo metafóricamente. Abandonarme, es decir, bajar la guardia, entregarme, ser débil, perder el control de la situación.
¿Y entonces el pánico?
Entonces el terror.
Volvimos al comienzo: el miedo no es porque el deseo no se cumple sino porque está siendo. Tenés miedo no porque no podés sino porque te das cuenta de que estás pudiendo.
Me voy. No tolero más esta conversación.

lunes 2 de noviembre de 2009

La mujer agua

Peces alados y sin peso sobre la espuma de un mar de vino y sombra. No hay otra posibilidad que andar encima de las aguas para llegar a la orilla. Mi cuerpo flota mientras los peces vuelan desprendidos de su peso. Soy una gota delgada de moléculas por debajo del sol. Los mismos corpúsculos de luz no me dejan caer. Nado sobre las aguas con los peces enredados en mis rodillas suaves. Soy una sirena con dos piernas que muta de pura felicidad. En mí ha evolucionado la especie femenina con una rara complejidad. En el agua me han crecido dos alas traslúcidas de mariposa y los peces festejan con besos boquiabiertos en mi vientre de sirena. Entran en el nido de mis cabellos para dormir al amparo de mis propios torrentes y se deslizan por mis clavículas hacia mis dedos largos. No sé cómo es la lluvia más allá de las olas cuando las gotas se estrellan contra el agua y mi cuerpo mojado se estremece empapado una vez más. Vos hablás un idioma de tierra: mis peces y yo tratamos lentamente de entender.

sábado 31 de octubre de 2009

Tormenta sabatina

Llueve simplísimamente sobre mi piel.
Me moja el agua.
Pura y fresca me lava con un perfume a limpio, a nuevo, a estrenado.
Se despierta la carne de una siesta profunda y retorna a la vida.
Florecen las semillas de mis poros y serpentean los tallos de alegría.
Permanezco inmóvil debajo del líquido que se derrama en el aire.
Llueve como llovió desde el primer momento.
Y se van las desdichas por la alcantarilla del patio donde termina el mundo y comienza la risa.

jueves 29 de octubre de 2009

Fecha de caducidad


En medio de la oscuridad, el mar era una boca azul que exhalaba un susurro de espuma fosforescente. Sobre el muelle, las velas brillaban como titilantes relámpagos diminutos parpadeando asustadas y vacilantes. Alguien puso música en la arena y me sacaste a bailar en una primavera incipiente. Yo tenía un vestido celeste que me ceñía el talle debajo de tu mano morena. No sé bailar, dijiste y me reí porque sabías mientras en el oído me susurrabas antiguas palabras en la lengua colonial que hablaban de una reina en Aquitania. La luna despedía un suave polvo de hada y la seda clara de mi falda se te enredaba en las rodillas mientras girábamos. Yo apoyaba mi boca en el algodón blanco de tu camisa y me dejaba mecer por tus palabras que descendían por mi cuello hasta mi escote. Olía a sal la noche y la arena estaba todavía tibia y perfumada con frituras lejanas. Teníamos una botella de vino morado e italiano y nos caímos entre besos que nos mojaban a la par de las olas. Quisimos escaparnos por las calles blancas de la Kasbah y terminamos en tu piso que daba al Mediterraneo con sus ventanas abiertas por donde el viento volvía a acercarnos la música. Después, a la mañana, fuimos al aeropuerto y me marché con el sabor perfecto de los amores que tienen fecha de caducidad.

Harún y el mar de las historias


Mi hijo ha sufrido mis embates de madre lectora compulsiva desde que tuvo edad suficiente para entender su lengua materna...¿seis meses? Le he leído todo lo que creí que merecía la pena ser oído por un niño comenzando por versiones de mitos griegos a la edad de dos años. "Jasón y los Argonautas" se había transformado, sumergidos como estábamos en aquellos años por las primeras secuelas de Batman, en "El guasón y los astronautas". Y la pobre criatura, cual si no le alcanzara y sobrara con la madre que le tocó en suerte, tuvo que atravesar amigos y amigas que le versionaban infantilmente los grandes tomos de la humanidad y así los indios ranqueles invitaban a Lucio V. Mansilla a tomarse un nesquick, Anna Karenina era la que tiraba la chancleta para irse a vivir la vida loca y demás... Leímos con devoción esa maravillosa historia de Bradbury en que Pipkin se enfrenta a la muerte y la vence llamada El árbol de las brujas y ese otro canto al descubrimiento del mundo, El vino del estío. El momento nocturno del cuento era un instante de pura felicidad en que mi voz se hacía íntima y arropada en el lecho infantil a la instancia de su pedido, "Léeme, mamá."; como si ,en vez de un libro, yo debiera transmitirle las palabras con que explicarlo cada noche.
Después, Pablo fue creciendo y la maternidad es aprender a desprenderse del que fue parte de nuestro cuerpo, es un poner distancia y transformar lo material en un entramado sutil de signos y de códigos. Así que él empezó a leerse para encontrar los términos que lo definirían otra vez. Un día, cuando estaba en cuarto año, tiró La Celestina sobre la mesa y dijo: "Este libro es incomprensible. Voy por la cuarta página y no entiendo nada." Recordé lo que Lida, Gilman y tantos otros se preguntaban sobre la dificultosa clasificación genérica del texto de Rojas y le propuse leerlo en voz alta entre los dos. Ese año no sólo atravesamos a Calixto y sus amores desgraciados con Melibea, sino que nos zampamos en voz alta el Quijote completo a raíz de tres capítulos cada uno. Su profesor de literatura española, por esas casualidades del destino, había sido el mismo que me había enseñado en los 70 a mí y, en el acto protocolar de fin de curso, le agradecí el regalo que, sin saberlo él, me había hecho: la palabra tendida como puente entre los seres humanos a los que la sangre liga de esa manera tan particular.
Allá por los noventa, Harún y el mar de las historias tuvo mi voz y así, leyéndole a Pablo sus aventuras en las noches de invierno, descubrí a Salman Rushdie y me enamoré perdidamente de él. Hace unos días le pregunté a Mariano, padre de tres hijos, algunos de los cuales aún ameritan una lectura oral, si les leía por las noches. Él, con tristeza sedimentada en sucesivas ausencias y viajes, explicó que esa había sido una dolorosa asignatura pendiente. Y entonces yo puse en sus manos a Rushdie y su mar. Quizá, como dice Pennac, amar sea, finalmente, hacer el don de nuestras preferencias a aquellos a quienes preferimos. Anoche, Camilo empezó a oír el relato de Harún de boca de su padre. Sé, por mi propia experiencia, que no alcanza con poner los libros al alcance de los ojos de nuestros hijos: es necesario acercárselos en el viento de nuestra voz; hacerles el maravilloso obsequio de la lectura nocturna y desinteresada que tiene el puente más fuerte, el que es porque sí. Lo que les damos a nuestros hijos cuando les leemos es un regalo que los va a acompañar por siempre jamás cuando nosotros no estemos y ellos nos invoquen en las memorias de su corazón.
Yo le di lo mejor que mi alma posee: las palabras; y Mariano acaba de regalarme un instante de clara perfección: su alegría nueva de padre lector. Ahora hay que hacer silencio porque otra lectura está a punto de comenzar.

Anécdota escolar LXXXIV: La vaca es un animal cuadrúpedo.

(La profesora explica la correlación temporal de los pretéritos del indicativo en la narración.)
Profesora: ¿Entendieron? ¿Alguien tiene alguna pregunta?
Alumna 1: (Desde el primer banco) Sí, yo...
Profesora: Dale.
Alumna 1: Las vacas, ¿toman leche? (Carcajadas generales.)
Alumno 2: Ay, nena, mirá que sos tarada. Las vacas toman agua.
Alumna 3: ¿Y qué...? Cuando nacen, ¿qué toman? Toman leche, nene.
Alumno 4: Esos son los terneros, ¡no son vacas todavía!
(La profesora no sabe si reírse o ponerse a llorar. En cinco segundos, la pragmática verbal se desbarata y es imposible rearmar la clase.)
Alumna 5: Claro, la leche descremada es porque los pastos son light.
Alumno 6: (Muerto de risa.) Y la que tiene hierro es porque las vacas comen clavos.
(Se hace un instante de silencio en el que sobresale una voz.)
Alumno 7: Y las vacas de pelaje marrón dan chocolatada.
Alumna 8: (Muy seria) ¿De verdad?
(La profesora empieza a reírse y la clase se pierde irremediablemente en un caos bovino y surrealista. )

miércoles 28 de octubre de 2009

Sueños

La fiebre es una ola de agua que me lleva. Estoy en Amsterdam y cuelgo unas cosas indescifrables en una pared donde minutos antes he colocado un clavo. Sé que es la ciudad holandesa aunque nada en el sueño me indica la localización. Estoy en un cuarto de ventanas amarillas y alguien toca un violín y yo pienso que es magnífico que una persona que se dedica a resolver complicadas ecuaciones matemáticas toque tan bien el violín. No puedo ver la cara de esa persona, pero sé que sé quién es. Entonces me despierto. Bebo agua porque la temperatura me da sed. Mucha sed. Vuelvo a dormirme. Estoy con vos, en un restaurante a orillas del mar. Sopla la brisa y unos farolitos de colores se mecen con el viento. Es una especie de terraza abierta a un cielo profundo y estrellado, con muchas plantas de perfumes poderosos. Vos y yo cenamos atún a la parrilla. Puedo sentir en la boca la carne densa y el sabor de las hierbas. Vos apoyás tu boca en mi hombro y me hablás. Decís algo con tus labios apoyados en las mariposas de mi derecha. Yo no alcanzo a oír y te pregunto qué dijiste. Te sonreís y aclarás que si apoyo mi oído en las mariposas, voy a saber qué acabás de decir. Es imposible que apoye mi oreja en mi omóplato así que me quedo con el deseo de saber qué dijiste. Justo en ese momento me despierta tu mensaje de texto preguntándome cómo estoy. Es la una de la madrugada. Me levanto y me hago un té.

martes 27 de octubre de 2009

Desayuno en el puerto


Estamos signados por árboles que nos crecen como venas de savia en medio de la carne. Reverdecemos con los ojos limpios, pero llenos de historias. Aunque no necesitamos narrar somos buenos contadores de recuerdos y anécdotas. Nos gusta andar al sol y enredar nuestros cuerpos en la sombra cuando al doblar el día la piel arde. Olemos a atardecer en la orilla del río y a mediodía rebozante de palabras. Tomamos té en tazas diferentes que se amontonan y desbordan mientras oimos música, leemos o escribimos lo que nos ha quedado sin decir. Estamos nuevos, pero pulidos por el tiempo. Nos reímos a menudo porque sabemos que es la mejor manera de atravesar el mundo; pero tenemos los ojos abiertos y a la espera. Las pupilas se nos llenan de hojas verdes y los labios de besos que nos anudan, que nos apretan, que nos encieden. Somos más todavía que todos nuestros pasados a los que recurrimos cuando es preciso explicar el presente y aventurar el día subsiguiente. No nos importa el sitio de llegada sino el ir desplazándonos por los extensos territorios que dibujamos en mapas incorpóreos. Desayunamos juntos sin prisa y con urgencia. No es demasiado, pero alcanza.

domingo 25 de octubre de 2009

Tarde de Costanera

Caminamos al sol. Muchas horas. El río se oía a nuestra derecha y los pájaros corrían delante. A un lado y al otro del camino, las retamas y unas diminutas flores blancas perfumaban el aire de un octubre primaveral. Nos detuvimos en una playa y revolvimos piedras hasta dar con un huevo de dinosaurio perfecto, redondo, moteado. Hablamos de tragedias griegas y familiares, de hijos (y de la carencia lamentable de hijas), hablamos de la batalla de Normandía y nos agradecimos el paseo al que llamaste nuestro. (Tengo una absoluta imposibilidad para el plural de la primera persona...es inútil). Tomamos agua mineral y comimos maíz inflado. Finalmente aceptaste muchas de mis pastillas de menta y las comimos triturándolas con los dientes mientras la ciudad iba anocheciéndose con el sol caído del domingo. Después el remanso se hizo un ovillo y se envolvió a sí mismo para perlarse de perfección: la mejor, la del momento que resplandece en su instantaneidad y acaba como las buenas cosas. Supe que te elegía y te quería: todo a la misma vez y en el mismo segundo. Tuve ganas de besarte y ponerme a llorar entre tus brazos de pura felicidad nomás.

sábado 24 de octubre de 2009

¿Cómo es?


¿Cómo era el mundo a través de esos ojos?
¿Cómo era la tristeza o el dolor o el temor que se escapa en una mirada de apenas seis años?
¿De qué forma se procesan los vínculos a una edad en que debería recibirse sólo amor?
¿Y la soledad? ¿Y el desamparo? ¿Y el borde de la demencia rozado en forma cotidiana?
¿Cómo es ser niña enviada a todas partes, sacada siempre del medio, expulsada, olvidada, rechazada?
¿Cómo es tener mamá y no poder alcanzar jamás su corazón?
¿Cómo es que ella huela a madre y desconocer su aroma y su tibieza?
¿Cómo es armar una muralla de papel y palabras para esconderse adentro donde cada sílaba erige mundos de fantasía y perfección?
¿Cómo es pintar y dibujar hasta el agotamiento para no sentir la carne abierta en dos por una ausencia que todo lo magnifica?
¿Cómo es sentarse a la mesa al volver del colegio y que tu madre no te hable por semanas sin que vos sepas por qué?
¿Cómo es no ser jamás elegida para el abrazo, el beso, la caricia?
¿Cómo es transitar el camino de la perfección para ser nombrada con orgullo alguna vez que nunca acaba de llegar?
¿Cómo es quedar siempre en el lugar marcado y no poder salir de él?
¿Cómo es de irremediable una infancia así?

martes 20 de octubre de 2009

Pandora


Tengo una caja llena de secretos. Algunos son antiguos como el tiempo; otros nacieron ayer apenas. Hay unos de colores violentísimos; otros no llegan ni a pasteles tímidos. Unos huelen a selvas y animales húmedos debajo de una tormenta; otros tienen perfume a alas y pétalos volando. Es una caja mía, la abro sola tan sola que aún de mí me guardo en eso. Nadie la ha visto, nadie la ve. Y hoy, cuando entreabrí la tapa, tus ojos vespertinos dormían en su interior tapados por las lágrimas que lloré aquella tarde y las sonrisas que estrené hace tiempo, entre mis relatos de infancia y mis tibiezas de domingo de siesta. Cerré suave la tapa para no despertarte. Yo era como Pandora: protegía la esperanza.

La sirena y el pez espada


Ayer me crecieron enredaderas de sirena en el pelo y la piel se me llenó de escamas de fósforo brillante. Vos eras un pez espada nadando en las aguas saladas de mis caderas; me bordeabas con tu lengua y tus palabras se derramaban mojadas entre mis piernas. En ese instante, me encerraste en tus ojos y yo supe cómo ve el mundo un pez espada: burbujas de oxígeno verde crecen entre algas ondulantes, otros peces pasan por las corrientes cálidas atravesados por rayos de luz yodada y el sol entra rasgando la espuma de las olas. Tus aletas tocaron mi piel estremecida por tus pupilas vespertinas mientras la sirena que yo era cantaba y los sonidos eran cristales blandos, perfectas emanaciones de vapores antiguos detenidos en el borde de mi boca nacida de sirena para besar a un pez espada. Después el vacío se llenó de risas, de gemidos, de pequeñas palabras apiladas como torres tambaleantes que ganaron el cielo. La cama fue una honda pecera de abrazos donde dormimos en conjunción.

lunes 19 de octubre de 2009

Pajaritos

Esta noche, los pájaritos de tu boca devoraban las semillas doradas de mi vientre. Yo los vi tan solos, tan hambrientos que les hice un nido tibio en mi pecho y se durmieron acunados por el latido de mi sangre mientras tus manos me desvestían por no dejarlos solos. Y los pajaritos -húmedos y tiritantes- se despertaron de su dormir, creyeron que había salido el sol y se pusieron a cantar como tímidos pajaritos, felices como agua para sus abluciones matinales mientras vos y yo, olvidados de todo y por todos, nos recorríamos por antiguos senderos de montaña con la avidez de los árboles altos por el cielo. Y los pajaritos se sumergían en nuestras sábanas para hacernos reír.

Noche de domingo

Hablamos en voz tan baja que el mundo silencioso de la noche puede oírse afuera; pero, entre nosotros, hay un hueco de luz, de vapor azul en el que nos reímos y brotan mariposas de colores de mis rodillas desnudas hasta tu nuca y dan tres vueltas antes de partir a perderse en la luna colgada del cielo lejano. Las pieles son fronteras inexactas erizadas de sudor y perlas amarillas donde el aire se desmaya de alegría y no hay más que abrazarse entre copas volcadas y cenas inacabadas que esperan en la mesa enfriándose y las palabras en el idioma cromosómico de los xy y los xx se resbalan hundidas en perfume de manos enhebradoras de texturas como si fueran cuentas de collares marinos. Yo soy una sirena en tus aletas de pez espada y tengo los cabellos enredados entre tus dedos que me llevan al borde de tu lúcida convocatoria y en tu cabeza me dejo estar para caer a tu corazón por el subibaja de tu cuerpo entregado a mi voracidad. Después me hablás y tu lengua -es decir tu lenguaje de hombre en medio de la noche- me abre un horizonte de sutiles perfecciones donde descanso para atravesar lo poco que queda del silencio nocturno. Otro será el borde de la hora cuando se llene de frases inconexas; mientras tanto ando por orillas de luces masculinas donde anido.

domingo 18 de octubre de 2009

Juegos de amistad


Intento explicar lo inexplicable y me pregunto por qué debería hacerlo, por qué a ellas no les alcanza con mi silencio. Más acá o más allá ha surgido la diferencia: en algún punto del devenir que nos unía (y que seguramente seguirá haciéndolo) han cambiado las reglas del juego aunque las piezas sigan siendo las mismas pese a que tengan los bordes un poco recortados. Pienso en las palabras que no se dicen con obsesividad meridiana: necesito entender qué cosas han hecho de esto lo que sucede y las veo naufragar donde yo me dejo flotar sostenida por algas azules y precisos peces. ¿Y antes? ¿Por qué no acontecían así las cosas? ¿Qué ha cambiado en los relatos? ¿Es verdad que ya no cuento? ¿O dejé de hacerlo por sentir que carecía de auditorio dispuesto? ¿Es necesario un relato pormenorizado para compartir? ¿Relato de qué? ¿Cómo narrar lo que es aire, agua, tierra húmeda, fuego? ¿No alcanza con ver el brillo en la mirada y la urgencia en el latido para entender? Una y otra señalan la diferencia. La cuestión no es que exista -eso ya lo sabíamos- sino que haya sido verbalizada quitándome la sensación de la totalidad. El afecto es inalterable, dicen; pero, en realidad, nada lo es porque estamos sometidos a diario al torbellino de las mudanzas: imperceptibles a veces; violentas, otras. El afecto es una construcción hecha de lazos invisibles y como en toda tela son necesarios los huecos por donde pasa el aire que lo revuelve todo una y otra vez. ¿Qué hay esta vez que el viento parece huracán y amenaza con destrozar los cimientos de los muelles más frágiles? Hay miles de cosas de las cuales yo desearía no hablar porque no podemos decirlo todo, no podemos sentir lo que siente el otro, no entendemos la zozobra y la dicha en corazones que no sean el nuestro. Carezco de simplicidad, es cierto. Pero eso es un plus para mí y no una ventaja tranquilizadora. Me siento desgajada esta mañana y puesta en un vaso a echar raíces antes de ser transplantada. Lo que me sucede es tan abarcador como una tierra nueva donde crecer y poco importa quién venga a regarme. Lo que me sucede no es obra de nadie en particular: después de julio (que debería leerse en todos sus sentidos posibles) he mudado de piel. Tengo un pie en Buenos Aires y otro más allá de las costas del mar, más allá de mi cabeza que es otra desde entonces, más allá de mi corazón que late con otra densidad. La amistad es un juego en el que no hay reglas más que las que quedan implícitas al hablar. No estoy enojada, ni triste, ni desilusionada...sólo entiendo que el suelo es la base desde donde se empieza a volar.


sábado 17 de octubre de 2009

Lluvia


Dice Mariano que llueve y yo me dejo resbalar mojada para beber el agua que cae y me humedece la piel hasta desdibujar mis felices contornos. Y el sol arriba se pregunta cómo es posible que me empape y llueva así de nada y todo, de poco y mucho, de blanco y negro, de frío y caliente...pero llueve y la boca se me anega de agua colorida, de perfume marino, de vientos de montañas y mariposas violetas que nacen atrás de mis rodillas, en mis hombros y se enredan en vuelo a través de los ojos que él tiene de color vespertino para aletear unos segundos cuando se ríe con la risa primera que abrió las puertas de mi corazón clausurado. Dice Mariano que llueve y yo me dejo estar debajo de su tormenta de palabras, de caricias, de su lluvia de besos; y me dejo llevar al resguardo de sus brazos.