domingo, 8 de abril de 2007

La tiza roja

a Fuentealba, Neuquén, abril de 2007

La sangre era sangre
y caía derramándose entre las tizas
como una inmensa flor roja que olía a herrumbre dulce.
Y se vaciaba tu cuerpo en un gran recipiente blanco
donde todos los gritos crecieron
hasta tapar la tarde de pizarrones negros.
Los muertos se levantaron a saludarte
cuando ibas caminando por las amplias alamedas
tomado de las manos de tus chicos
y cantando...
Siempre vamos cantando, maestro,
cantando porque aprendimos de los que ya no están
que los corazones se levan de nobleza con el canto
que las cabezas se iluminan de alegría con el canto
que los que cantan, Fuentealba, no mueren
aunque osen matarlos.

1 comentario:

Sofía dijo...

Creo que nada de lo que pueda escribir va a contener todo lo que me hizo sentir tu blog.

desolación, angustia, impotencia, alguna sonrisa; largas palabras que solas no dicen nada.

Cuento con que me conoces, y leyendo que te lei te imaginas mis muecas y suspiros.

Te quiero mucho! Espero verte pronto, aunque sea de casualidad.





Pedro Páramo. Juan Rulfo


-Murió -dije.
-¿Ya murió? ¿Y de qué?
-No supe de qué. Tal vez de trsiteza. Suspiraba mucho.
-Eso es malo. Cada suspiro es como un sorbo de vida del que uno se deshace. ¿De modo que murió?

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