domingo, 8 de abril de 2007

Ángeles

En una noche perfumada de jazmines
los ángeles no se pueden resistir.
sólo resta abrir el alma
y esperar.
Después de la tormenta llegó tu voz con su ternura lejana.
Y con ella la calma.
Los ángeles observan las palabras
que se anudan y desanudan en una danza;
y el perfume de los deseos les abotarga los sentidos y la razón.
Alguno descubre el beso de tu boca
que quedó
prendido
como una estela de espuma
en la línea de mi cuello
y baja
por mi espalda
para morir
otra vez
entre mis piernas.
Los ángeles
no podrán soportar tanta agonía
deshecha en las sábanas que se enredan
y alejan la tormenta de los tristes.
Estoy entregada a tus decisiones
a tu respiración perfumada de hombre
a tu nuca suave
a tu cuerpo que abre en mí recuerdos que no tengo.
En el cielo nocturno arde la lluvia
oprimida por el viento como yo por tu peso.
Sólo resta que Dánae cante encerrada en el arca
mientras Zeus la posee con su sexo divino.
Más allá de las playas,
más allá de los acantilados
y los mares
te estaré esperando para que siembres de luces las planicies extensivas de mis brazos.

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