martes, 24 de abril de 2007

Reflexiones sobre la Odisea I


Penélope tejía y destejía para prolongar en el tiempo la elección de un nuevo marido. Pero, seguramente, no era que extrañase a Odiseo. Tras 20 años ni se acordaba de su cara. Lo hacía para no tener que decidirse por uno y descartar a todos los otros. Le encantaba tener la casa llena de hombres que la desearan (aunque sólo fuese por su reino). Ahora bien, apareció Telémaco, se le dio por apurar el trámite y salió a buscar al padre. No fuera cosa que Penélope le malgastara la herencia con tanta demora. Conclusión: a todo hijo lo perturba el deseo manifiesto de su madre.

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