jueves, 24 de mayo de 2007

Bruma

Había bruma hoy a la mañana. Bruma es una bella palabra. Arranca con esa "b" que se va abriendo hacia la suave vibración de la "r" para culminar ambas en la profundidad cavernosa de la "u" y después la "m" maternal y entreabierta que se acaba en una clara y sonora "a", la más clara y sonora de las cinco. Digo que hoy había bruma y la boca se me llena de imágenes húmedas. Como esos cementerios parisinos de calles tortuosas y empedradas que suben y bajan en medio de estatuas chorreantes de verdín. Digo que hoy, al descender en la Panamericana, casi de noche, había bruma y parecía flotar como una nube blanca y vaporosa a esacasos diez centímetros del asfalto mientras los autos la atravesaban con sus luces amarillentas y dejaban la estela rojiza de sus faros de posición. Era bruma, liviana bruma que no se posaba sobre las cosas para impedirles respirar; las mojaba apenas como si una delicada ola de vapor hubiera descendido sobre la autopista para invadir ese tajo de la ciudad. Bruma. Y el frío colado bajo el abrigo de paño colorado, deshilachado en gránulos de bruma. Y el sonido deslizándose desde la punta de los labios, entre los dientes, por la garganta, para salir después en una vía inversa y flotar allí, entre la propia bruma otra vez. ¿Será la bruma infinitas palabras que están abandonadas a su primitivo esplendor?

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