jueves, 17 de mayo de 2007

El ángel de la infancia


Cuando no supo ya qué hacer, lo recordó y recurrió a su ángel, aquél de las noches oscuras de la infancia.
El rezo trajo una brisa luminosa de partículas brillantes y algo se corporificó ante sus ojos de manera imprecisa. Él intuyó que se trataba de su ángel. Bajó la cabeza ante el milagro y habló de ella: de su cuerpo infinito, de sus ojos oscuros, de la selva vibrante de su aroma. Habló de la llaga del odio y del agua amorosa de la pena, del dolor tormentoso y el deseo acuciante, de la tristeza terrible de la ausencia y la tortura inefable del silencio.
El ángel se agitaba como en espasmos y él esperó que la calma le llegase como esa luz en el centro del alma.
Aguardó un largo rato y, como nada sucedía, levantó la mirada. Entonces vio que su ángel lo miraba extrañado como si no entendiese otra cosa que no fueran juguetes extraviados en la plaza.
Entonces lo sentó en su regazo y, en pago a tantas otras noches, lo acunó hasta que el ángel luminoso se dio al sueño.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Los ángeles nunca entendieron demasiado y terminaron yéndose. Un blog maravilloso. Da gusto quedarse leyendo.

Elisa dijo...

Pues sí señor, un blog maravilloso, por los cuentos, por las ilustraciones, por las reflexiones sobre didáctica, por el amor y la vida que trasluce.

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