martes, 22 de mayo de 2007

Mañana en el 133

7 y 20 de la mañana. 133 color rojo. Siempre lleno. Pienso rodeada de personas que no me conocen y no me incomodan preguntándome cómo estoy. Acá puedo no estar sin que nadie se preocupe. Me duele el costado izquierdo abajo del corazón y me mareo. Mi terapeuta dice que poner el cuerpo es riesgoso. Ja, ¡cómo si poner el cerebro no lo fuera! Me estoy volviendo monotemática y me aburro a mí misma. El mundo en el que yo creía ya no existe. Y no hablo del mío interior, susceptible de ser narrado sólo a partir de mi pura subjetividad y, por ende, un alarde de ficcionalidad. No, hablo del mundo objetivo que nos sirve a todos de sustento- ya sabemos -eso que llamamos realidad. Bien, esa realidad ya no existe. No entiendo bien cómo funciona esta otra anclada en otro tiempo y en otras coordenadas. Me muevo como una burbuja antigua en un orden que no le corresponde. Y me siento aislada, cómoda si nadie me atormenta. No comprendo cómo se habla del amor envueltos en diecinueve años de aborrecimiento. Al menos no fui yo quien lo dijo. Cada cual recorta el mundo objetivo según le sea productivo para construir -esta vez sí- su realidad. Léase, la que lo explica y justifica su accionar. Y no está mintiendo. Claro que no. Quiero quedarme sin hacer nada, pero no puedo. Tengo una atroz compulsión por hacer. Quizá desee evitar un silencio en el que deba oírme por primera vez. La soledad no me perturba. Es más, la busco en contra de todos los seres humanos que se me acercan.. A vos nunca te quise. Nunca. Ni siquiera cuando creía que sí. Ésa que yo era a los veinte ya no existe más aunque vos te hayas empeñado en hacerla resucitar diecinueve años después. Yo no sé quién sos vos. Y a esta altura no me interesa saberlo. Por si te importa, los regalos te los compraba yo. No explico tus conductas actuales con añejos papeles amarillos. ¿Por qué pienso esto un martes a las 7 y 30 en un colectivo rojo que me lleva al trabajo? Estoy adentro de una fresa pegajosa que huele a sudor otoñal. No tolero pensarte ni pensarme a mí misma entonces cuando en tu boca yo sólo era culpable de todo crimen de lesa humanidad. Me aterra la violencia y no he hecho más que exponerme a ella. Ya no. Yo no soy una víctima ni ellos son mis victimarios. Todos hemos sido responsables del estado actual de la cuestión. Quiero irme. A un sitio donde no conozca a nadie y nadie sepa nada de mí. Sin teléfono, sin e-mail. Sola. El 133 se va vaciando. Escucho la música del tipo de atrás. La gente se está quedando sorda y necesita más. Yo también. Pienso en todas mis amigas. ¿Y yo? Yo me debo bajar. 7 y 45 en Monroe y Balbín. El Blockbuster está cerrado y un ciego no sabe cómo cruzar. No, yo no tengo ganas de ayudarlo. Lo hace un señor de mejor corazón que yo. Estoy cansada y mañana querría faltar. Ningún alumno va a lamentar mi ausencia. Y en mi casa se está bien. El mundo en el que creí ya no existe ni aquí ni en Katmandú. Aunque quizá allí sea más entretenida su no-existencia que aquí. En cualquier sitio yo podría sobrevivir. Entro a la escuela. Ya no puedo pensar más.

2 comentarios:

lulina dijo...

Juli, me gustó mucho. Es raro que a mí me pase lo mismo. Será que algunos planetas se alinearon y hacen que nos sintamos así. O será casualidad? No creo en las casualidades. Pero desde ya, cualquier cosa que necesites...
Te quiero mucho!

lulina dijo...

ah! me olvidé de decirte. A mí me inspira mucho el 133. No sé por qué será...

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