Marcel Proust
1871- 1922

Aunque se sepa que no queda ninguna esperanza, siempre se sigue esperando. Vive uno en acecho, en expectación: como las madres de esos mozos que se embarcaron para una peligrosa exploración[...] Y esa espera, según como sea la fuerza del recuerdo y la resistencia orgánica o las ayuda a atravesar ese período de años a cuyo cabo está la resignación a la idea de que su hijo no existe, para olvidar poco a poco y sobrevivir, o las mata.
A la sombra de las muchachas en flor.

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