viernes, 11 de mayo de 2007

Simulacros

Todos los días intento nuevos simulacros
Quiero sobrellevar la angustia del vacío:
que lo que antes fue ahora haya muerto
y sea yo una tierra yerma
un huerto que ya no tiene frutos,
un echarpe que cae flotando entre el viento.
De todos los tormentos no imaginaba éste.
Mi corazón se rebela a las aristas del silencio
y destroza sus alas mi cerebro
cuando señala el movimiento opuesto...
Quiero morir de golpe,
que se queme mi carne para siempre,
que se hiele la sangre que me riega,
que se disuelvan los coágulos de pena,
que no sienta ya más,
que no hay palabra que me llame en el tiempo.

4 comentarios:

Jesús Fernandez-Miranda dijo...

Lo malo de ‹‹morir de golpe›› para ‹‹no sentir más››, para ‹‹disolver los coágulos de pena›› no es la muerte en sí misma, sino el riesgo de encontrarte con que, como dijera hierro “después de tanto todo para nada”.

Jesús Fernandez-Miranda dijo...

Perdón por el yerro, don José Hierro, que no hierro.

Julieta Pinasco dijo...

Cuando se pierde lo más querido que se tenía en la vida es como una puñalada en el centro de las entradas: te quedás vacía de repente y sin respuestas. "Y sin calor de nadie y sin consuelo/ voy de mi corazón a mis asuntos". Gracias por recordarme un pequeño librito muy amarillento que tengo en mi biblioteca de Hierro.

Jesús Fernandez-Miranda dijo...

"Tanto dolor se agrupa en mi costado
que por doler me duele hasta el aliento"

Lamento la pérdida que relatas y sé que contra ese dolor no hay consuelo ---salvo el trascendental del creyente para quien tenga la suerte de serlo--- pero si capacidad de resistencia, como dijera otro poeta español contemporáneo (Martín Descalzo)

Nunca podrás, dolor, acorralarme
podrás alzar mis ojos hacia el llanto,
secar mi lengua, amordazar mi canto,
sajar mi corazón y desguazarme.

Podras entre tus rejas encerrarme,
destruir los castillos que levanto,
ungir todas mis horas con tu espanto.
Pero nunca podrás acobardarme…

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