martes, 5 de junio de 2007

Dios

Una taza. Una taza de té. Una taza de té chino. Y su tetera. China también. Y una azucarera con su cucharita de plata. Y cae el agua en la taza y flotan un instante las hebras negras mientras empiezan a sumergirse en las aguas ambarinas y levemente aceitosas. Las resinas vegetales del té. Un remolino con un punto de apoyo plateado y luego el decantamiento chino del té. Humus oscuro en el fondo profundo de la taza. Ahora es todo aroma. Y se lo bebe Dios hasta vaciar la taza. La taza de té. La taza de té chino. Y su tetera. Y su azucarera con la cucharita de plata. El mundo es lo único que nos queda. ¡Salud!
PD: Faltó la madalena de Marcel y la tía Leoncia muriéndose en Combray en un lento ataque de melancolía neurasténica.

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