lunes, 18 de junio de 2007

La tía Perla

Fue mi hada madrina, la que impidió que la psicosis de mi madre transformara mi infancia en un infierno. De las cuatro hermanas que sostuvieron una maternidad de la que ella no pudo hacerse cargo, la mayor, Perla, era mi preferida. Contaba cómo, cuando mi padre abandonó a mi madre a los tres meses de embarazo para irse con otra mujer, ella se la llevó a veces a su enorme casa de La Lucila. Mi madre se negó a comer y cuentan historias enredadas y confusas de ese período que, en nueve meses, nunca pesó más de 40 kilos. Mi tía la ponía del lado izquierdo de la cama y extendía la sábana sobre el derecho, después la pasaba sobre el lado liso y tendía el izquierdo. Cuando yo nací, el 23 de julio, se ocupó de llamar a mi padre, que regresó y no se fue nunca jamás. Mi tía iba a Misa de gallo para Navidad, era voluntaria en Alpi y tenía en su casa de Belgrano una araña con caireles de cristal que reflejaban la luz en miles de arco iris diferentes. Tenía ojos verdes, era delicada y correcta. En su casa había un lavarropas extrañisimo con carga frontal y una heladera que tenía una bola roja en la manija. Mi tía servía el té en unas tazas de blancas con platos negros . Cuando mis padres se fueron de viaje por primera vez y yo sólo tenía tres meses de edad, me dejaron con ella. Yo me enfermé con 40 grados de temperatura, ella se asustó mucho pero no dijo nada. En su placard de puertas corredizas había un tapado de piel y una caja de maderitas para armar construcciones . En su casa yo desayunaba en la cama y sólo comía papas fritas, omelette de queso y tostadas con manteca. Mi tía me dejaba ver toda la televisión que yo quería y sobre todo las películas de Sissi que mi madre me había prohibido en las que Romy Schneider era joven y llevaba unos trajes llenos de volados y bordados inverosímiles. Mi tía me daba para leer unas revistas de moda que se llamaban Claudia y me llevaba al cine a ver Romeo y Julieta con Margot Fontaine y Rudolf Nureyev. Me acuerdo de unas increibles zapatillas de danza azul cielo en algún momento de la película. A la salida me llevaba de la mano y enjugándome las lágrimas a tomar chocolate con churros a la confiteía en El Vesubio. Todo lo que mi madre tenía de impiadosa y exigente, mi tía lo tenía de cariñosa y permisiva. Se llamaba Preciosa -Perla Preciosa- y se esmeraba por hacer honor a su nombre. Usaba ropa de colores suaves, perfumes, unos aros de diminutas perlitas blancas y una cadena al cuello en la que la Virgen sonreía con sus brazos generosos y abiertos. Como mi tía.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Así es y será mi abuela. No la hago en otro lado que al lado nuestro, no se donde esta pero estoy segura que desde algún lugar esta acompañandonos. Tejiendo algo, cosiendo otro poco, leyendo un buen libro y queriendonos como siempre.
Julieta se mucho de vos aunque casi no te recuerdo, una vez me llevó mi abuela a verte cuando nació tu hijo pero fue hace tanto... Me gustó mucho lo que escibiste de ella fue así.
Majo (hija de Pompi, nieta de Perla) majoibarra@yahoo.com

Anónimo dijo...

Me gustó mucho lo que decís de mi mamá, una pena no haberlo sabido antes por que a ella le hubiera gustado mucho saber como la recordabas. Yo que era su "única princesa" me moría de celos cuando venías por que ella te mimaba mucho, y eso que yo era una terrible grandulona, en fin la recordaremos siempre y la amaremos hasta el fin de los tiempos.

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