viernes, 8 de junio de 2007

Teseo

En medio del laberinto, Teseo teje. No hubo nunca un Minotauro y Egeo se hundió en el mar sólo porque tuvo una mala digestión. Al entrar, el ovillo de Ariadna no le pareció muy viril al príncipe y lo guardó. Ahora es un hombre esquelético y anciano que masculla su resentimiento entre las paredes de un sitio del que jamás podrá -ni desea- salir. Y teje y desteje en una actividad que la posteridad atribuirá a otra. Necesita matar el tedio. Si tuviera agujas se las hundiría hasta el último estertor. Pero la princesa sólo le dio el ovillo y los dedos sobre los que construye y destruye el tejido no le sirven para abrirse la carne. A veces piensa en ella y la recuerda en el tiempo en que él soñaba con monstruos y espadas que lo harían protagonista de un único relato que se cuenta obsesivamente para no enloquecer y comprende que en ese relato tejido de vanidades con sus dedos reside el monstruo y el laberinto en que morirá.

No hay comentarios:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...