sábado, 9 de junio de 2007

Theatron

Cuando quedó el silencio, algo de páramo clasificado en anaqueles de cera transparente flotó y luego un peplo entre marfil y púrpura abrió los intersticios por donde fueron, una a una, surgiendo máscaras sin bocas.
No hubo bocinas en los rostros teatrales ni eco que repitiera ahora el parlamento estudiado e idéntico.
Los gestos didascálicos fueron diluyéndose privados de sentido en su obligación efímera e histórica de signo que transpone la frontera del grito y se hace carne civilizada.
Pompeya era otra vez ese sitio vacío donde el sol se revuelca y nadie habla porque se han olvidado los rollos de pergamino que ardieron mil veces cuando cayó la lava.
Otro amor. Otra sangre. Otros cuerpos.
Non dixiunt.
Y el sol se hundió como una esfera roja y circumvesubiana en las aguas azules de los tiempos.

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