jueves, 7 de junio de 2007

Toledo


Caminamos las angostas callecitas de altas paredes medievales desde el Zodocover. Oigo el ruido de las mesnadas de Rodrigo acudiendo a hacer justicia por su señor. Alfonso es una sombra pálida y equivocada. Sobre un muro de piedra mojada por el verdín de los tiempos alguien escribió "Muerte al judío" justo en el mismo instante en que el Campeador timaba a Vidas y a Raquel. El cartel resume en el universal la historia de tanta persecución y la sangre de todo cristiano viejo se pone acuosa de vergüenza y desolación. Siento las voces quedas de Maimonides y Averroes conversar en la plaza de Santa María La Blanca. En una puerta pequeña pende un cartel escrito con tiza -"Hay perdices"-, y me siento a la mesa para recuperar el sabor de la infancia que ya pasó. Comprás una espada porque en Toledo los hombres son armados caballeros y con su acero deberás atravesar los ríos y colinas de esta Europa en una trascendente misión. El piso de la estación que nos devolverá a Madrid es brillante como un espejo a la luz de la tarde. Cruzamos el río Tajo. El bus bordea la orilla escarpada donde rugen en rocas sus roncas aguas rozando las desbrozadas piedras de los recuerdos y Garcilaso llora la pérdida y la muerte de Isabel. El crudo día de enero huele a menta y lavanda y las sinagogas y catedrales medievales son fascímiles de páginas leídas hace tiempo. No hay más verdad que ésta: somos las letras que se apretaron para nutrir nuestra carne: las perdices, la espada, las callejas de muros empinados, el agua de este río y este día de invierno bajo el sol.

1 comentario:

Macachines dijo...

Si hubieras estado en Segovia, quizá te hubiera contado la historia de la mujer de Juan Bravo,lider comunero, asesinado por Carlos V. Ella judía conversa que practicaba el rito hebreo en la clandestinidad....

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