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Mostrando entradas de julio, 2007

Anécdota escolar XXIII: Queridos educandos, nos lanzamos al estrellato o nos estrellamos irremediablemente

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A mis alumnos de 3ro Polimodal 2007 que se atreverán a representarlo el 12 de octubre. Narrador: Esta es una historia harto repetida, pero no por ello conocida. Por eso, hoy, vamos a representar ante todos ustedesla verdadera, la única y verdadera historia del descubrimiento y conquista de América. Lo demás es puro invento. Hace muchos años, más de quinientos, en la portuaria ciudad italiana de Génova –dicen, aunque hay varias versiones- vivía un jovencito al que su madre llamaba Cristóforo
Madre: ¡Cristóforo! ¡Cristóforo! Veni qui, Cristóforo… Mamma mia, questo ragazzo. No me van a creer, pero se pasa todo el día con un huevo (Entra Colón con un huevo de gallina) Y el muy pánfilo quiere convencernos de que la Tierra es redonda.¡Redonda! ¡Flor de bobo este figlio mío! Como si en questa cittá nadie supiera que la Tierra es plana y con monstruos en los bordes. Cristóforo, mascalzone, lascia ese huevo que debo amasar la pasta.
Colón: Mamma, no entendés, pero ya lo dijeron los sabios: es red…

Lucía llora

Para Lucía Elisavetsky
que lloraba la noche del 27 de julio

Lucía es chiquita y llora porque sus amigas no quisieron jugar con ella. Llora porque la dejaron sola y no puede salir a la noche y gritar "quién quiere ser mi amigo". Llora porque tiene frío y la luna está gélida y lejana. No le importan mis abrazos porque no quiere ser fuerte ni sabia, no quiere ser mala ni loca. Lucía solo quiere que la abriguen por la noche cuando vuelve a casa y que le pregunten qué necesita. Lucía quiere que se den cuenta de que ella, también, necesita que la defiendan y la amparen. Y sus ojos se llenan de lágrimas en los bordes y son unos ojos muy negros y muy lindos. Como lagos de noche parecen sus ojos mojados. Lucía sube la escalerita, saluda con sus manitos envueltas en guantes celestes y entra en su casa que está iluminada por una tibia luz amarilla. Y yo me voy por San Martín cantando bajito... muy bajito para que Lucía se duerma feliz y abrigada y sepa que no es mala, que no está loca y…

24 de julio: el día después de mi cumpleaños

¿Y no sería fantástico que uno pudiera sentir
el centro exacto de la vida propia, [...] cuando
el mito menguante de la infancia coincide
con la leyenda creciente de la ancianidad?
Rodrigo Fresán,Jardines de Kensington.
Desde la distancia densa de la ignorancia contemplo lo que quedó del día y es una planicie verde repleta de raíces y sombras. Allá, más allá, late una primavera que no alcanzaré jamás a vislumbrar. Me rodean las mariposas violetas de los deseos, pero no tengo red para cazarlas. Todo es una narración que no halla su sentido final porque, tal vez, sea hora de darse cuenta de que ninguna narración es más que eso aunque nos empeñemos en descifrar una ulterior significación. Desde lejos, Mónica se ilusiona con la dilapidación de sus ahorros en los parques temáticos de Disney y en vista de los acontecimientos cambiamos París por Montevideo para el 2009. Cecilia remonta la tristeza de la mañana como quien sube un barrilete al cielo en un día sin brisa. Fernanda me regala una band…

Esas personas: los padres

Jamás nos enteramos qué personas son nuestros padres. Para los hijos, ellos son sólo eso: padres: un parpadeo biológico que nos permite amasar la materia que nos cedieron. Nunca sabemos cuál es su cuerda más clara, de qué sustancia se componen sus deseos, dónde late grave la oscura caverna de sus miserias.
A veces pienso en mi propio padre, y mi pensamiento choca contra la superficie de una función: disfrazar la locura para que la infancia no se desintegrara como la pulpa vacía de una fruta que ya ha sido exprimida. No pienso -no puedo pensarlo- que ésa haya sido su máxima puesta en escena, pero no logro vislumbrar los motivos por los que ese hombre sacrificó su propia vida para que sus tres hijos pudieran creer que existía algo semejante a la felicidad en los globos rojos y los kartings de las tardes de domingo en Palermo. ¿Qué sentía mi padre cuando el día terminaba, el telón caía, los tres niños dormían y el monstruo de la demencia dormía en el lado izquierdo de su cama? ¿Qué razón…

Geometrías

Cuadriculada en mis propias agonías, intento salir y llegar al círculo de la perfecta felicidad. Doblo la esquina en una perpendicular, vectorizada cruzo la calle y a la vera de un viejo árbol me asalta una mandrágora de fauces amarillas e, instantes antes de ser destrozada por sus dientes triangulares y caer en las espirales de su sistema digestivo, pienso: ¡Tanto transportador para acabar así!

La sombra infantil

Quiero matar la sombra de ella que me habita, acabar con todos sus recuerdos, con su respiración que me atormenta. No tengo cuentos ni caricias ni palabras; sólo una espiral de humo denso que me envuelve en la placenta de la que nunca me dejó salir legándome su herencia de desdicha. Rugosa hiedra de veneno que finge no quererme, pero me necesita para una mímesis de siniestra perdición. De pie, contra un muro, proclamo al viento frío que ella no soy yo; que diminutas lentejuelas gotean por la herida que abrieron todos y cada uno de los cuchillos que se blandieron frente a mí. Yo no tuve un oso de peluche: tan sólo una muñeca negra a la que le faltó una pierna de trapo. Yo no tuve una vuelta más en calesita, sino gritos y llantos ahogados; mientras mi padre se esforzaba por demostrar que todo siempre estaba bien. Soplaban entonces los huracanes de la locura en las terrazas donde, con mis hermanos, solíamos refugiarnos para enseñarnos el uno al otro la misteriosa forma de sonreír. Ellos…

Anécdota escolar XXII: Feliz cumpleaños

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Alumnos: (Golpean con timidez la puerta de la sala de profesores)
Profesora: (Adentro. No contesta) ...
Alumnos: (Abren e ingresan) Permiso, profe...Nosotros...
Profesora: (Sin levantar la vista) Ya saben: es mi recreo y no me gusta que me molesten cuando me toca descansar. Así que, la puerta y su ruta.
Alumna 1: (Pasa adelante con una porción de torta de chocolate) No, disculpe, veníamos a traerle esto.
Profesora: (Desconcertada) Ay, perdónenme...



PD. La profesora hace un mea culpa por su conducta descortés, impaciente y absolutamente fuera de lugar -sería importante aclarar que es un comportamiento usual en ella- y quiere desearle a Lucas Cardozo un muy feliz cumpleaños.

Anécdota XXI: Marte ataca

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Alumna: Y el lunes, ¿por qué es feriado?
Profesora: (Mientras devuelve unos trabajos) Porque es el día de la independencia.
Alumna: Ah, la de la película.

La memoria de las cosas

Se alinean en filas. Largas filas. Uno tras otro. Cada uno atesorando su memoria: el eco repetido de una voz en el momento de entregarlo, el crujido de un papel en el instante de envolverlo, el brillo de una luz que reflejaba, el aroma preciso de la mano que lo rozó apenas, la textura de un canto, la finura de un cristal encendido, el sabor del licor que los llenó hasta el borde, el calor de una mano ya ausente. Cada uno de ellos rememora una historia, una anédocta, una mirada, un sitio donde supo hacerse, un traslado. Y están en filas, desparramados sobre los estantes en líneas que tejen el entramado de lo que fue una vida: se superponen en su actual condición de recuerdo vacío. Yo no poseo sus claves. Son para mí meros objetos y un punto repentino de tristeza. No poseo las palabras que los transformaron alguna vez en únicos y, entonces, los reintegro a su condición de serie. Los he privado de todo su pasado: son copas, tarjetas, dedales. No son ya historias porque las casas se queda…

Memorias

Todos vamos como si fuera para siempre. Distraídos. Olvidándonos. Y alguna cosa -evento, circunstancia, una gota que cae y la absorbe la tierra- nos recuerda que estábamos dormidos. Y todo se torna tan repentino y nimio que espanta. No se sabe para qué tanto dolor, tanta espiral ciñéndonos el cuello, tanta agonía de pronto y sin motivo aparente. Cada cuerpo es un mundo en el que brotan cataclismos diversos: la locura, la enfermedad... Y allá, sólo allá pensamos que hubo algún día de sol, alguna lluvia, un beso que cicatrizó una herida, una palabra. Y eso fue todo: historias que se quedan sin memoria.

La pasajera

Se subió con su maletita atada: nudos y moños para que no escaparan los tesoros -sus tesoros-: alguna foto que ya no recordaba de quién era, un monedero con monedas de diez, un boleto viejo a ninguna parte, una bufanda y unos libros cuya lectura no recordaba dónde había dejado. Caminó con pasos temblorosos. Otra vez era una novia yendo a su boda, pero no había ahora novio ni traje blanco. ¡Cuánta tristeza tengo en el costado! Haber dolido tanto este universo para nada. Una casa más queda vacía como quedó vacío el sitio en que estaban los recuerdos y ahora cae la lluvia del silencio. Siempre el silencio. Nunca estuvo en medio del aire que pasaba, no la mojó el tibio sol del medidodía, ni vio caer la nieve. La melancolía es una manta fuerte, ahoga el tiempo que se escurre mientras nadie lo nota. Y pasa y mata o enloquece. Y nadie dice nunca nada: sólo una estufa pequeña que nunca entibia y los hijos se arremolinaron para esperar un cuento que no se dijo y ya acabó.

Anécdota escolar XX: Amores irregulares

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Profesora: (Explicándolo por enésima vez) Entonces comparan la raíz de la forma que ustedes tienen escrita con la del infinitivo de ese mismo verbo. Si cambia, es una raíz irregular. Vamos empiecen.
Alumno 1: (A su compañera) ¿Y esta primera de qué verbo es? ¿Cuál es el infinitvo de "cupiéramos"?
Alumna 2: Sos una bestia. El infinitivo es cupir.
Alumno 1: (Mirándola incrédulo) ¿Cupir? ¿Y qué significa cupir?
Alumna 2: (Resoplando) Ay, no entendés nada. ¿Qué va a significar cupir? Enamorarse. Cupir significa enamorarse, estar con otro, en pareja. ¿Entendés ahora?

Catarsis

La foto
y nadie me sostuvo.
Estaba el manojo de carne lagrimeante
solo en la cuna vacía
como un nido que fuera
abandonado.
¿Quién quiso la existencia?
¿Quién mantuvo su boca cerrada para perder
el peso que hiciera
de aquel cuerpo una sede segura?
Hasta aquí la conmiseración a la recién nacida.
Después vino el terror.
Fue el nombre de mi madre.

Sol

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En un tren que cubría Granada/Barcelona, habiendo dejado atrás el Islam y sus patios conjuradores de la arena; vi el sol brillante como una naranja emerger de las aguas como lo ha de haber visto el Africano cuando cercó Numancia. Días después con los ojos de Octavio y los del fiel Virgilio lo vi incendiar el Mediterráneo en un violento atardecer de Nápoles.
El mismo sol, ahora, como un cítrico rebosante de llamas sube hacia el paredón derruido y moderno de una estación de trenes sobre un país que se angosta a fuerza de desastres. Los ojos, angustiados en quimeras de antiguas utopías de justicia, son espejos que no entienden las manos infantiles que hurgan la basura como si dibujaran el derrotero de futuros agravios.
Los ojos son espejos donde se ha visto el mundo: insólito, desnudo, despojado de cuentos. Siempre las mismas naves enfilan otra vez hacia Troya y Helena sonríe cuando el sol achicharra las arenas de Pérgamo sobre las que los griegos le hacen creer que están allí por ella…

Anécdota escolar XIX: Los gauchos caribeños

Profesora: (Explicando la literatura de la independencia) Es interesante ver cómo en medio de esa tensión entre la élite porteña europeizante y las masas va a surgir la literatura gauchesca en la que, ya lo vamos a trabajar más adelante, el grupo culto se apropia de la voz del gaucho porque necesita apropiarse de su cuerpo para la guerra de la independencia, en primer lugar, y las de la organización nacional, más tarde. Y así se traza el arco que culminará en el Martín Fierro...
Alumno 1: (Al fondo a la derecha, interrumpiendo) Ya que hablamos de la independencia me podés decir de qué trata ese libro que nos diste para leer porque, la verdad, es que empecé las primeras hojas y no entendí nada.
Profesora: ¿El reino de este mundo de Alejo Carpentier?
Alumno 1: Ése. No entiendo nada.
Profesora: Bueno, en la primera parte se juega la tragedia de la independencia de Haití y en la segunda la farsa del reino negro de Henri Christophe y los enviados de Napoleón.
Alumno 1: ¿Un poco más? Dale...
Pro…

Ella y yo

Dicen en el teléfono que hace quince días que no come. Que se lleva a la boca la comida y le da náuseas.
-¿Por qué no comés?- le digo cuando estoy en su casa.
No me responde y me mira ovillada en su cama bajo dos acolchados.
-Tenés que comer porque si no te vas a enfermar.
Sigue sin decir nada y me mira. Pienso que, ahora, no quiero estar en esta situación. Que mejor sería estar paseando por un campo de lavanda celeste con miles de pajaritos cantando a mi alrededor mientras sopla una suave brisa del sur y devoro un cuenco repleto de frambuesas como cuando era niña.
-Si no comés te voy a llevar a mi casa... así que voy a ir preparando tus cosas.
Entonces habla. Grita como si yo fuera la Gestapo, ella portase una estrella amarilla, estuviésemos en 1942 y su destino final fuera Auschwitz.
-Entonces tenemos que hacer un trato.
-Bueno.-me dice.
-Vos comés, salís de la cama y me llamás por teléfono todas las noches.
-Bueno. -repite
-¿Queda claro?
Mueve la cabeza afirmativamente. Pienso que no puedo es…

Sopa de zapallo y pollo

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Cocinar en una cacerola media calabaza grande, cuatro zanahorias, un cuarto de pollo sin piel, dos cebollas, tres dientes de ajo y un ramito de de apio y otro de perejil. Cuando las zanahorias estén tiernas, procesar todo junto, distribuirlo en dos ollas medianas con agua y sal y dejar hervir un largo rato. Enfriar el caldo, colocar en tuppers y guardar en la heladera o freezer. A las ocho de la noche echar la porción del día en un recipiente, llevar al fuego y servir en un tazón de sopa. Sentarse a la mesa, hundir la cuchara en el líquido anaranjado y beber. Primero sentirá que la sopa ingresa en su garganta, desciende por su esófago y entibia como una ola el centro exacto de su vientre. Déjese estar en la sensación. A la tercer cucharada podrá percibir cómo su cuerpo ha ido adquiriendo consistencia anaranjada y flota en el cálido perfume a apio que llena la habitación. El milagro y la contemplación sucederán por añadidura y, entonces, llegará la perfección. Si los pasos se repiten …

Pasaje a Katmandú

Espero mi 133 de la mañana con mis botitas de Mary Poppins (Alexandra dixit), mi tapadito colorado y mi mochila llena de lápices, libros, un cuaderno, un yogurth de frutillas, una manzana y una gaseosa sabor pomelo. Voy a Belgrano, pero podría irme con lo mismo a Katmandú, Madrid o Mozambique. No necesito más: ése es mi extenso y comprimido mundo. Las cosas están quietas hasta que aparece el Gotzila de turno. A veces viene del espacio exterior; a veces, de las curvas de mi complicado cerebro. El 133 es rojo y tarda en venir o está muy lleno y pasa de largo. Y yo me quedo como Mary Poppins, pero no tengo maleta de gobelino . No voy a Katmandú, pero podría porque sería igual que ir a Belgrano. En todas partes se necesitan las mismas cosas y pueden descartarse idénticos elementos. A veces me gustaría agregar un termo con café caliente para tomar. Belgrano está tan lejos o tan cerca como Katmandú, Madrid o Mozambique y yo tengo mis botitas de Mary Poppins, mi tapadito colorado y mi mochil…

Anécdota escolar XVIII: Las crisis viajan en ejecutiva

Con el aporte de M.M., profesora de geografía
Profesora: Analizá ese artículo que trajiste sobre la crisis financiera de Tailandia.
Alumno: ¿Y qué pongo?
Profesora: Explicá cómo se trasladó la crisis a otros mercados.
Alumno: ¿En avión?

Teatro épico

Hago construcciones para edificar mi vida de ahora en más. La maternidad es una carne de la que nunca podré ni deseo despojarme. Se trata de ver la evolución de mi propia especie. Así que, por ahora, hago construcciones con lo que sé, con lo que soy, con lo que siempre alimentó mi fe: las palabras. Mi casa es un tibio mundo dulce. En mi mesa se apilan las traducciones de latín, los trabajos sobre La Celestina: un universo antiguo, claro y contundente donde todo encaja a la perfección; a diferencia de mi alma a la que siempre le está sobrando alguna cuestión. Todos debemos acomodarnos, hallar el sitio ahora que la pieza ha cambiado. Ya no daremos más La vida es sueño, esta vez se trata de El círculo de tiza caucasiano. Y sale Brecht a decirme que intente con la épica, con el distanciamiento que trae la conciencia. Basta ya de Aristóteles. Basta ya de piedad y terror. Basta ya de cartasis. Esa escena, dice Bertold, no sos vos. ¿Y quién soy yo ahora? Se baja el telón, los espectadores …