jueves, 5 de julio de 2007

Ella y yo

Dicen en el teléfono que hace quince días que no come. Que se lleva a la boca la comida y le da náuseas.
-¿Por qué no comés?- le digo cuando estoy en su casa.
No me responde y me mira ovillada en su cama bajo dos acolchados.
-Tenés que comer porque si no te vas a enfermar.
Sigue sin decir nada y me mira. Pienso que, ahora, no quiero estar en esta situación. Que mejor sería estar paseando por un campo de lavanda celeste con miles de pajaritos cantando a mi alrededor mientras sopla una suave brisa del sur y devoro un cuenco repleto de frambuesas como cuando era niña.
-Si no comés te voy a llevar a mi casa... así que voy a ir preparando tus cosas.
Entonces habla. Grita como si yo fuera la Gestapo, ella portase una estrella amarilla, estuviésemos en 1942 y su destino final fuera Auschwitz.
-Entonces tenemos que hacer un trato.
-Bueno.-me dice.
-Vos comés, salís de la cama y me llamás por teléfono todas las noches.
-Bueno. -repite
-¿Queda claro?
Mueve la cabeza afirmativamente. Pienso que no puedo esta vez tolerar que haga lo que hizo siempre: que intente y logre manipular mi culpa. Me molesta actuar como si me importara. Sólo quiero que no me maneje, que no me joda, que me deje en paz, que no me traiga otro problema más cuando tengo la agenda llena. Como otras veces siento que la detesto, pero es una anciana diminuta, depositada por la vida en un lecho y empeñada en sufrir y en que todos los demás nos sintamos responsables de que ella lo pasa mal. Estoy harta de ser responsable de que no sea feliz, de saber que nada de lo que yo haga o diga podrá darle la alegría que, supongo, necesita. Sé que esto no termina acá y que recién comienza y me parece injusto. Terrible e injusto. No quiero ser la que está, la que no tiene otra posibilidad que estar, la que no puede elegir si quiere, la que debe cumplir. Deseo cerrar los ojos y que ella desaparezca, que jamás haya estado en mi vida. Yo sí quiero ser feliz o triste o angustiada o eufórica. Quiero poder saltear este momento y estar ya en otro lugar. Yo quiero elegir y que nadie decida por mí qué debo hacer. Es simple y ella sólo tiene que empezar a comer.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

como siempre lo digo, ser huérfana tiene sus ventajas
la volonteri

Anónimo dijo...

como siempre lo digo, ser huérfana tiene sus ventajas
la volonteri

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