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Mostrando entradas de agosto, 2007

Próximo destino: Patagonia argentina

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Anécdota escolar XXVII: Hay un sujeto en mi clase

Alumna: (En una evaluación)- Pero esta oración no tiene sujeto.
Profesora: -Mirá bien porque no hay unimembres.
Alumna: -La miro y no veo el sujeto porque no aparece el nombre de ninguna persona.
Profesora: -¿...?
Alumna: (Sin levantar la vista de su hoja prosigue) -Ni tampoco un sustantivo que indique que se trata de una persona.
Profesora: -¿Y? El sujeto es aquello que podés reemplazar por el pronombre personal que indica el verbo. ¿No podés tener una oración con un sujeto que sea un sustantivo o pronombre que no designe a una persona?
Alumna: Y... no, profesora, piense un poco: por algo se llama sujeto.

Cuentos para Maïa 3: Tomasito y su mamá.

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Un mes antes de lo que había dicho el doctor, Tomasito asomó la cabeza al mundo y salió de la panza de su mamá quien no bien lo dio a luz se levantó y, ante el asombro de los doctores, exclamó:
― ¡Caramba! Tanto para hacer y yo remoloneando en la cama.
Y se sacó la bata y salió de la sala de partos de lo más apurada mientras ponía al bebé en su pecho para que mamara sin perder un segundo y regresar a su casa. Tuvieron que sujetarla entre cuatro para retenerla y hacerle entender que, por lo menos, debía descansar dos días en el hospital. Pataleaba, enumeraba sus tareas, rogaba, suplicaba y gritaba para que la dejaran ir. De nada servía que el papá de Tomasito le explicara que había venido su prima del campo a ocuparse de la casa, ella aullaba que ésa era una vaga, que nadie en el mundo hacía las cosas tan bien como ella, que la casa se vendría abajo, que nadie le pagaría al lechero, que les venderían gato por liebre, que, que, que y que…
¿Y Tomasito? Pues como todos los bebés de dos días…

Anécdota escolar XXVI: Mirando al norte

Alumna: (En una prueba, después de separar en sílabas cuatro versos heptasílabos) Este poema de Federico García Lorca presenta versos de siete sílabas que se denominan septentrionales.

Entre la niebla

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Buenos Aires.
06:35 de la mañana.
Rumbo a la escuela a enseñar literatura gauchesca.

El huevo cigota. Entrega 7

Donde se cuenta la historia de las cuatro Gracias
Eran las hermanas de mi madre y se llamaban, por orden de aparición: Perla Precisosa Manuela, Lisbeth Ángeles, Zelfa Margarita y Felisa María. Especie de coro trágico o comparsa funambulesca fueron las tías que la vida me dio cuando decidió dejarme sin madre aunque ya saben que ella nunca se fue. Al principio yo no las podía identificar: eran un enorme cuerpo cálido y mullido, dotado de cuatro cabezas parlantes que aturdían con su conversación. Me gustaba verlas reunidas alrededor del lecho de mi madre, cada una contando una historia paralela y superpuesta, mientras tejían, bordaban o tomaban el té. Perla era mi preferida, la más linda, la más fina, la que tenía un tapado de piel que olía a perfume y una medalla con la virgen de Lourdes que tenía los brazos abiertos para amparar.
-Margarita- gritó la mamá. Y en Sarandí, Margarita se tocó la panza mientras hervía la leche para su hijo mayor.
-Beta –gritó la mama. Y en Olivos, Beta se tocó …

El huevo cigota. Entrega 6

Donde se relata cómo el huevo anidó y el nido amenazó con transformarse en un erizo ferozEl útero era, aesta altura, un nido bastante confortable. Era hora, dijo el huevo, de hallar un sitio donde afincarse para echar raíces, progresar, y bla bla bla. Y ése era el lugar: puro endometrio gordo, mullido y sabrosón. Grueso lo vio el huevo al entrar hecho mórula y, cansado de tanta mitosis sin intermitencia, se dijo que merecía descansar. Buscó un rincón acogedor donde anidar. Nido, por si no lo recuerdan, algo así como poner una hebra de mimbre tiernito, otra de pastito suave, un velloncito de algodón, una lanita y el nido es un hueco cálido y protector. Así que, hecho el nido, el huevo se dispuso para pasar la mejor etapa de su vida. Ya se veía venir la placenta, madre nutricia que lo haría crecer y crecer más allá del escaso milímetro que ahora despuntaba.
Y sí, flor de imbécil nuestro huevo: no hay bien que durecien años y todo paraíso se torna en súbito infierno en menos que canta un …

Cuentos para Maïa 2: La cama de Maïa

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Maïa tiene una cama bajita, muy bajita. Una cama que casi, casi roza el piso. Como si no tuvieras patas. Lo que sucede es que la nena es muy chiquita y su papá no quiere que se lastime si, a mitad de la noche, ella quiere un vaso de agua o ir a baño, así que entre el suelo y la cama hay apenas un saltito. ¡Hop! …y ya Maïa está en el piso y medio dormida camina por la casa que está en silencio y oscura.
Pero una noche, cuando Maïa sacó sus pies al aire frío de afuera de su cama, el suelo no estaba.
― Epa ― dijo ― me parece que el suelo se fue.
Estiró su pierna derecha todo lo que pudo, pero del piso ni noticias. Se asustó tanto, pero tanto, tanto, que se volvió a meter bajo las mantas con los ojos cerrados. Al rato pensó que no iba a quedarse así toda la vida, así que comenzó a destaparse: primero los pelos, después la frente, la punta de la nariz y, finalmente, se animó a abrir despacito los ojos y, en vez de ver el techo de su cuarto cubierto con los dibujitos de su papá, vio el …

En otros vuelos

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Las otras mariposas son alas,
esqueletos flotantes de marfil incandescente,
gasas que se disuelven en el aire,
colores difusos a la luz virgen del amanecer
y un repentino movimiento que no se ve y agita el aire.
Después cae la tarde,
el nácar luminoso se aquieta y duerme
bajo la fresca brillantez de las estrellas.

El vuelo de la mariposa

Gracias, JuanCa. Es bellísimo el vuelo de tu mariposa

Cuentos para Maïa 1: Emma y la muñeca

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Emma tenía una muñeca. Era muy linda la muñeca de Emma con sus ojos negros como la noche negra y sus cabellos largos como el largo camino a casa. Una noche, Emma la escuchó toser y pensó:
-Mi muñeca se enfermó. Debo ir a buscar quien pueda curarla.
En puntas de pie, se levantó y golpeó la puerta del cuarto de sus papás.
-¿Qué quieres, Emma?-preguntó medio dormido el papá.
-Mi muñeca está enferma y necesito que la curen.- dijo Emma abriendo la puerta.
-Es muy tarde, Emma. Vuelve a tu cama y la curaremos mañana.
Emma salió del cuarto cerrando tras sí, apretó a la muñeca contra su camisón y le preguntó:
-¿Cómo te sientes?
-Mal- exclamó ella con los ojos cerrados.
-No te preocupes, yo buscaré quien te cure.
-Mañana, Emma, mañana. -se oyó la voz de la mamá.
-Mañana es demasiado tarde y quiza nunca llegue.- murmuró Emma y arropando a la muñeca salió a la calle para buscar quién la ayudara.
La noche era oscura y solitaria y Emma caminó hasta dar con una liebre que dormía entre unas matas de margarita…

Cuentos para que el papá le lea a Maïa antes de ir a dormir Portada e introducción

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Cuentos para que el papá le lea a Maïa antes de ir dormir
Querida Maïa:
Vivir lejos es una tristeza, pero en vez de llorar sentada en un rincón, te propongo encontrarnos en la voz de tu papá con lo más lindo que yo conozco: los cuentos. Algunos seguramente ya te los habrán contado, otros los vas a escuchar por primera vez y algunos los inventaré para vos. Van en español y no en francés porque mejor dejamos un idioma para el teléfono y otro para los cuentos y, como yo me los sé mejor en español, lo hacemos así. Estas palabras serán como mariposas que cruzarán el océano y se posarán en tu almohada para que tengas siempre, siempre lindos sueños.

Te quiero.

Tu tía Julieta

El huevo cigota. Entrega 5

Donde el huevo relata lo que fue su segmentación y otras curiosidades que serán de sumo interésA esta altura de la historia, el ovocito, que ya no lo era ni tampoco mitad, y el espermatozoide, que ya no lo era ni tampoco mitad, se acababan de unir a trompas de distancia para que el personaje protagonista, muy a su pesar –este es el sitio donde podría intercalarse la tan mentada frase “¡Yo no les pedí nacer!”, pero dejaremos de lado la oportunidad porque a lo largo de este relato hallaremos miles de circunstancias en que ustedes mismos comprobarán cuán al caso viene la exclamación- …pues bien, esta altura de la historia, decíamos, era el momento para que el cigota hiciera su aparición. Él ya era quien sería siempre: un huevo en pleno proceso de segmentación. Mitosis, dos; mitosis, cuatro; mitosis, ocho; mitosis, dieciséis. En apenas catorce días nuestro huevito pasará de ofrecer una superficie lisa y brillante a transformarse en una espantosa mora granulienta formada por muchas células…

Anécdota escolar XXV: Góngora y el espermatozoide de alabastro

Profesora: (Lee un sonetode Góngora) -¿Entendieron?
Alumnos: (A coro) -Ni una palabra.
Profesora: -¿Nada de nada?
Alumnos: -Nada de nada.
Profesora: -Intentemos primero con el léxico.
Alumna 1: -¿Qué quiere decir alabastro?
Profesora: -Es una variedad de mármol traslúcido que a la vista parece extremadamente blanco.
Alumna 2: -¿Y nácar?
Profesora: -¿Cómo son los esmaltes nacarados para las uñas?
Alumna 2: -Tornasolados y brillosos.
Profesora: -Bueno, el nácar es una sustancia brillante y tornasolada que recubre el interior de los caracoles. Es de color blanco. Bien, leo la primera estrofa y tratamos de comprenderla. (Lee) "De pura honestidad templo sagrado,/ cuyos bello cimiento y gentil muro,/ de blanco nácar y alabastro puro/ fue por divina mano fabricado;"
Alumno 3: -No se entiende, ¿de qué habla?
Profesora: -No es de un templo.
Alumna 1: -¿De una mujer?
Profesora: -Perfecto. De una mujer.
Alumno 3: -Ah, los cimientos y el muro son las piernas y el torso...
Profesora: -Organicemos un …

El huevo cigota. Entrega 4

Donde el huevo cigota comienza a explicar el fortuito encadenamiento de hechos que lo llevó a ser.Al principio, el huevo no era uno ni huevo ni cigota. Por los tiempos lejanos de su no historia andaba desperdigado en dos mitades desconocedoras de su recíproca existencia y su destino final. Disociación, ya saben, cosas que no se conectan ni por joda. Por un lado, un rápido espermatozoide que llegaba seguro de lo que traía: material genético. Y, como andaba tanorgulloso de lo suyo, jamás dudó de que sería él quien sobreviviría a los cientos de miles que iban a ser eyectados con él aquel día cálido de fines de septiembre. Pero el espermatozoide también se traía una historia, no lo vayan a creer: había crecido dividiéndose hasta ser el más bonito y fortachón de la camada. “¡Ay, qué lindo espermatozoide que soy”, se decía a sí mismo, “no hay otro con un material genético más bueno que el mío!” Tanto lo creía que treinta años después se daría el lujo de enumerar, en la mesa de un bar, al po…

Las letras negras de algún texto

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El aula está azul y calurosa. Afuera llueve, pero sin lluvia. Pesa el aire cargado de una humedad inconcebible. Los chicos escuchan mi voz como una lejana letanía que los envuelve y adormece. Me oígo a mí misma hablar de signos cuasirreflejos y de construcciones endocéntricas. Ellos tienen su corazón a resguardo en medio de ensoñaciones que nada tienen que ver con lo que yo digo. Mi corazón también navega por ríos que no son gramaticales. Les enseño lo que sé sin tocar jamás sus dolores, sus tristezas, sus alegrías adolescentes y repentinas. A veces un muro de palabras nos separa. La literatura y el lenguaje se transforman en una materia verbal analizable y dejan de ser el destello emotivo que yo podría inaugurarles. Entender, clasificar, definir, describir... y los corazones -el de ellos y el mío- se alejan cuando hubieran podido tener un lugar para encontrarse (a sí mismos y recíprocamente, diría Ofelia Kovacci). Ellos se ríen, se distraen, no trabajan, responden mal y a desgano y …

Anécdota escolar XXIV: El nesquik y la sintaxis.

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Profesora: (Lee la consigna y los alumnos van trabajando) -Marquen el sujeto. ¿Ya está?
Alumnos: (A coro) -Sí.
Profesora: -Agréguenle una aposición. Recuerden va entre comas, pero no todo lo que va entre comas es aposición. La aposición puede transformarse en núcleo del sujeto... ¿se acuerdan del gráfico de las flechitas?
Alumnos: (A coro) -Sí.
Profesora: Cuando lo hagan, acérquenmelo para que lo corrija.
Alumnos: (A coro) -Sí.
Alumno 1: (Se acerca con su hoja)- Acá está. ¿Me lo corrige?
Profesora: (Lee la tarea. El alumno no agregó nada a la oración original, sólo dos comas que encierran el verbo)- A ver, oíme... Leé la consigna (El alumno lee) ¿Qué tenías que hacer?
Alumno 1: ...
Profesora: -¿Qué significa agregar?
Alumno 1: ...
Profesora: (Al curso) -Por favor, dejen de trabajar y escúchenme. ¿Qué significa agregar?
Alumnos: ...
Profesora: -Chicos, ¿qué hacen cuando le agregan nesquik a la leche?
Alumno 2: -Tomo una leche chocolatada.
Profesora: (Sonríe impaciente) -Sí, ya sé... pero, ¿estaba el …

El huevo cigota. Entrega 3

Donde el huevo aclara y culmina con una misiva para la incubadora que lo dará a luzYo era un huevo. Un huevo cigota en pleno proceso de duplicación. A mi padre le correspondía la mitad derecha y a mi madre, la izquierda. Mi padre se fue y le dejó a mi madre la herencia de su mitad. Que se hiciera cargo del fruto de su vientre. Del de mi madre porque mi padre evacuaba el suyo puntualmente todos los días a las ocho de la mañana después del café con leche y no era materia viva sino puro desecho. Aunque pensándolo bien, las dos mitades con las que mi madre había sido favorecida en la tómbola del matrimonio quizá también fueran material de desecho aunque en ese caso vivoYo era el huevo y estaba huérfano. De padre, por razones obvias; y de madre, por otras más obvias aún. ¡Pobrecito el huevito cigota! Necesitaba los nutrientes requeridos para crecer y la madre portadora –una especie de incubadora bastante caprichosa- se negaba a ingerirlos y oscilaba entre la puteada al medio progenitor de…

El huevo cigota. Entrega 2

Intermezzo acerca de los nombres y sus curiosidadesLlamarse Lujancita es una cosa muy distinta a que te llamen Marilú. Es como ir de la Iglesia del Pilar a un burdel de Constitución. Lujancita es la virgencita patrona de la patria, la del manto celeste y blanco, la de los ejércitos victoriosos. Lujancita. Vamos a ver a la Virgen de Luján en procesión, de rodillas y le pedimos, pecadores, por nuestra patria. Y de repente la aspirante a monja de clausura en cuestión empieza a ser llamada Marilú, mezcla de bataclana y cabaretera con olor a perfume barato. Curioso caso, ¿no? ¿Lujancita siempre había sido Marilú y sólo disimulaba su condición burderil? ¿O quizá ante la imposibilidad de ser otra que Lujancita asumió su Marilú como un disfraz de ocasión? Los hechos de esta historia demostrarán cuál de los dos nombres fue impostura. (Aclaro para los recién llegados a esta historia- Bienvenidos… la madre que no tengo se llamaba María Luján)¿Qué importancia tiene comer?No come. Y así como está …

El huevo cigota*. Entrega 1

Para mis hermanos Mariano y Pablo, habitantes del mismo cuento


Donde el huevo hace su entrada triunfal y se presenta a continuación

Yo nací de un huevo. Antes de la gallina, obviamente. O, mejor aún, nací del dolor de cabeza que le sobrevino a mi padre después de que se almorzara a mi madre con el burdo pretexto de no sé bien qué problema sucesorio. La cuestión es que yo, para decirlo liso y llano, nunca tuve madre. Y la verdad es que el asunto me chupa un reverendo huevo, pero no el que me dio a luz. A decir verdad, no soy huérfana de madre. No, claro que no, mi madre sigue vivita y coleando y nos va a enterrar a todos nosotros, uno por uno. Pero fue como si no la hubiera tenido más que para joderme la existencia desde muy temprano. Casi, casi desde que era un huevo, yo era un huevo. Eso del huevo cigota, ¿comprenden?Pues bien, mi padre era como si fuera Zeus, bah, como si lo fuera para mí… y sólo falta que les diga que yo era Palas Atenea y estamos todos fregados. No, si mi padre hubi…

Cuentos para Maïa 8. El hombre de las noticias

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Radamés Raúl Ramírez era un hombre muy informado. Nadie como él sabía con tanta exactitud lo que sucedía en el mundo. Como entraba a trabajar a las ocho de la mañana, se levantaba a las cinco. Era de noche mientras se duchaba, lo seguía siendo mientras calentaba el agua para hacerse un café y tomaba un jugo de naranja de pie junto a la heladera. Cuando tostaba el pan continuaban viéndose las estrellas brillantes en el cielo y allí estaban cuando lo untaba con manteca y dulce. A las cinco y media el diariero le tiraba todos los periódicos debajo de la puerta de su departamento. Necesario es decir que Radamés Raúl Ramírez le había hablado claramente: ni un segundo antes porque la sola visión de las noticias con olor a tinta fresca le impediría higienizarse y alimentarse y ni un minuto después porque la ansiedad lo haría salir en pantuflas de la casa para buscar las publicaciones. Así que el vendedor, cronómetro en mano, tiraba uno por uno los periódicos mientras Radamés Raúl Ramí…

Los sapos de la infancia

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Hay tantas, tantísimas cosas que desearía ser y otras tantas que desearía haber sido. Cuando pienso que lo que constituye una esperanza tiene la misma entidad que lo que es mi desasosiego, me miro y veo los límites exiguos del deseo. Y lo que se ambiciona son como puntos ciegos donde todo cesa. No se puede, decimos; no se quiere, corregimos y entronizamos el desear como una fuerza arrasadora que acaba hasta con la realidad. No es cierto que puedo todo lo que quiero. No puedo porque, a veces, el afuera ofrece vallas, cercos, montañas imposibles, de bordear, remontar o traspasar. No puedo porque, otras, el adentro, lo que soy aquí y ahora, se acongoja, se anula y desenrosca su propio monstruo interior. Y el deseo, sin tierra ni alma fértiles, se nubla y muere. A veces soy una oscuridad extendida como melaza en el tiempo. Pablo se pregunta por qué elige las palabras, no como un niño maravillado sino como un adulto atormentado... ¿Por qué habré puesto melaza? ¿Qué es la melaza? ¿Por qué …

Mi dragón

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Los cuentos de hadas superan la realidad no porque nos aseguren
que los dragones existen, sino porque nos juran que los
dragones pueden ser vencidos
G. K. Chesterton


Rojo,
de escamas que viran levamente al violeta o al naranja según sea el momento del día,
con unas fauces grandes de bordes ensombrecidos hasta el púrpura violento,
en los flancos unas alas que desplegadas podrían oscurecer el sol y trastocar la noche,
unos ojos incandescentes como un lago de brasas profusas y ardorosas.
Es mi dragón,
el propio,
el que duerme a mi lado y me resopla en el oído con su respiración huracanada,
el que se sienta en mi garganta y la oprime casi hasta el ahogo,
el que aúlla en la soledad de mi cuarto,
el que me empuja casi hasta el borde de infinitos abismos,
el que me pisa con su garra de hielo.
Es mío,
nació conmigo,
estuvo en mi cuna de sábanas rosadas,
bebió la leche que me dieron,
fue a la escuela y se sentó en mi banco,
me susurró desastres y tormentas en cada minuto de mi vida,
me arrojó en brazos de hombr…

Hay que vivir

a Cecilia

Esto es medianamente así:
Hay que vivir.
No se trata de quedar de pie, bajo la lluvia y sin paraguas.
Hay que vivir:
mostrar las garras, apretar las mandíbulas, rechinar bien los dientes y embestir con fuerza.
Es cierto que a otros les toca más suave y más sencillo.
Pero nosotros no somos jamás los otros.
Somos quienes nos hicimos, absolutos responsables de nuestro devenir.
Y a vos,
ahora a vos,
te sucede esta mala vuelta de la vida,
esta cosa que no te debería estar pasando, pero pasa.
Y yo,
desde mi otro lado y mi otra circunstancia,
hago lo único que puedo:
abrazarte.
Porque el abrazo es lo que más cercano que conozco a sentir tu dolor, a quitarte la angustia, a enjugarte las lágrimas.
Y cuando todo pase -porque va a pasar-,
cuando seamos viejitas y estemos en algún Registro Civil viendo cómo se casan tus hijas,
será todo doblemente importante.
Nada es más fuerte que la vida
-ni siquiera la crueldad de tu cuerpo-.
Hay que vivir:
con garras,
con uñas,
con dientes,
con abrazos.