domingo, 19 de agosto de 2007

Cuentos para Maïa 1: Emma y la muñeca

Emma tenía una muñeca. Era muy linda la muñeca de Emma con sus ojos negros como la noche negra y sus cabellos largos como el largo camino a casa. Una noche, Emma la escuchó toser y pensó:
-Mi muñeca se enfermó. Debo ir a buscar quien pueda curarla.
En puntas de pie, se levantó y golpeó la puerta del cuarto de sus papás.
-¿Qué quieres, Emma?-preguntó medio dormido el papá.
-Mi muñeca está enferma y necesito que la curen.- dijo Emma abriendo la puerta.
-Es muy tarde, Emma. Vuelve a tu cama y la curaremos mañana.
Emma salió del cuarto cerrando tras sí, apretó a la muñeca contra su camisón y le preguntó:
-¿Cómo te sientes?
-Mal- exclamó ella con los ojos cerrados.
-No te preocupes, yo buscaré quien te cure.
-Mañana, Emma, mañana. -se oyó la voz de la mamá.
-Mañana es demasiado tarde y quiza nunca llegue.- murmuró Emma y arropando a la muñeca salió a la calle para buscar quién la ayudara.
La noche era oscura y solitaria y Emma caminó hasta dar con una liebre que dormía entre unas matas de margaritas. Emma se agachó y la tocó con suavidad en el lomo.
-Liebre, -dijo- necesito que cures a mi muñeca.
-¿Ahora?
-Sí, está muy enferma.
-Si me la dejas, mañana...
-Oh, no, mañana es demasiado tarde y quizá nunca llegue- dijo Emma y se marchó.
En el tronco de un abeto dormía un hermoso cuervo negro. Emma se trepó al árbol y tocó al ave en la cabeza.
-Cuervo, -dijo- necesito que cures a mi muñeca.
-¿Ahora?
-Sí, está muy enferma.
-Si me la dejas, mañana...
-Oh, no, mañana es demasiado tarde y quizá nunca llegue- dijo Emma y se marchó.
En una orilla del lago de un parque, un gato dormitada enrollado sobre una piedra. Emma lo rozó con sus manos frías.
-Gato, -dijo- necesito que cures a mi muñeca.
-¿Ahora?
-Sí, está muy enferma.
-Si me la dejas, mañana...
-Oh, no, mañana es demasiado tarde y quizá nunca llegue- dijo Emma y continuó su camino, pero ya estaba muy cansada y triste.
-Nadie nos ayuda.-pensó.
-Me siento mal -repitió la muñeca con las mejillas enrojecidas por la fiebre.
En el recodo de una verja, un grupo de hadas bailaba con el último reflejo de la luna.
-¿Qué buscas, Emma? -le preguntaron.
-Busco alguien que cure a mi muñeca que está enferma.
-Si nos la dejas- dijeron las hadas-, mañana...
-Oh- exclamó Emma- mañana es demasiado tarde y quizá nunca llegue...-y se largó a llorar.
Y tanto lloró que pronto se quedó dormida con la muñeca entre sus brazos.
Cuando se despertó el sol ya brillaba en lo alto y Emma estaba en su cama. Una liebre, un cuervo y un gato le daban jarabe a su muñeca en una larga cucharita de plata, mientras un grupo de hadas tejía una corona de jacintos y violetas.
-Ya me siento bien- dijo la muñeca cuando vio que Emma se despertaba y agregó:- y mañana siempre llega.
Emma se abrazó a su muñeca y suspiró feliz.

*Ilustración: Arthur Rackhman, Peter Pan, frontispiece .


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