martes, 7 de agosto de 2007

El huevo cigota*. Entrega 1

Para mis hermanos Mariano y Pablo, habitantes del mismo cuento


Donde el huevo hace su entrada triunfal y se presenta a continuación

Yo nací de un huevo. Antes de la gallina, obviamente. O, mejor aún, nací del dolor de cabeza que le sobrevino a mi padre después de que se almorzara a mi madre con el burdo pretexto de no sé bien qué problema sucesorio. La cuestión es que yo, para decirlo liso y llano, nunca tuve madre. Y la verdad es que el asunto me chupa un reverendo huevo, pero no el que me dio a luz. A decir verdad, no soy huérfana de madre. No, claro que no, mi madre sigue vivita y coleando y nos va a enterrar a todos nosotros, uno por uno. Pero fue como si no la hubiera tenido más que para joderme la existencia desde muy temprano. Casi, casi desde que era un huevo, yo era un huevo. Eso del huevo cigota, ¿comprenden? Pues bien, mi padre era como si fuera Zeus, bah, como si lo fuera para mí… y sólo falta que les diga que yo era Palas Atenea y estamos todos fregados. No, si mi padre hubiera sido Zeus habría previsto el Hades en que se metía y, de paso, ya que estaba, me metía a mí también. Por esas cosas de la vida que hacen los padres cuando se les da por regalar a la vida un hijo. Tamaña inconciencia no podría imaginarse jamás. Si se estaba tan bien sin niños…, ¿para qué embromarse la vida, en primer lugar, a uno mismo y, más luego y a renglón seguido, a la pobre criatura que se ve expulsada a una existencia que jamás ha pedido y a la que, muy a su pesar, no puede renunciar? Como un cumpleaños sorpresa, digamos: todos a oscuras, se enciende la luz y hay treinta tipos a los que mirás y no sabés ni quiénes son. En definitiva eso es la vida: una familia que, más que de fiesta, parece de túnel de terror y a vivir se ha dicho porque ni se te ocurre que lo mejor sería hacer mutis por el foro y evitarte tanto dolor que ya se preanuncia en el programa cuando te comunican que el actor protagónico que ha puesto la mitad del huevo, se mandó a mudar y la primera actriz eligió morir de inanición antes que poner su nombre en semejante bodrio. Decí que siempre hay algún alma caritativa para acogerte. En mi caso, mi alma caritativa se llamó Perla Preciosa. En serio. ¡Claro que era una comedia! ¿O acaso a alguien en sus cabales se le puede ocurrir que esta vida que está a punto de abrir el telón podría ser una tragedia? Nadie se toma en serio una tragedia. Es imposible que a un tipo, a un pobre tipo, el destino lo joda de tal manera que siembre a su paso los cadáveres de toda su parentela y encima haya locos por todas partes que gritan sin cesar. Eso no me lo creo ni yo… y eso que de locos y moribundos me la sé larga. Y tendida, agregaría si mi madre no dijera a mi vera que soy lo que siempre he sido: una hija con la que ya no sabe qué hacer. Ah, cierto que yo no tuve madre. Pero sí que la tuve. Verán.



* A pedido de mi hermanito Pablo comienza la escritura por entregas de mi autobiografía, género que, como todos sabemos, no es otra cosa que pura ficción.

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