jueves, 16 de agosto de 2007

El huevo cigota. Entrega 4

Donde el huevo cigota comienza a explicar el fortuito encadenamiento de hechos que lo llevó a ser.

Al principio, el huevo no era uno ni huevo ni cigota. Por los tiempos lejanos de su no historia andaba desperdigado en dos mitades desconocedoras de su recíproca existencia y su destino final. Disociación, ya saben, cosas que no se conectan ni por joda. Por un lado, un rápido espermatozoide que llegaba seguro de lo que traía: material genético. Y, como andaba tan orgulloso de lo suyo, jamás dudó de que sería él quien sobreviviría a los cientos de miles que iban a ser eyectados con él aquel día cálido de fines de septiembre. Pero el espermatozoide también se traía una historia, no lo vayan a creer: había crecido dividiéndose hasta ser el más bonito y fortachón de la camada. “¡Ay, qué lindo espermatozoide que soy”, se decía a sí mismo, “no hay otro con un material genético más bueno que el mío!” Tanto lo creía que treinta años después se daría el lujo de enumerar, en la mesa de un bar, al pobre huevo todos los beneficios que había aportado a la formación de lo que en este instante de la historia era sólo una mitad de algo inexistente. Y allí andaba, nuestro espermatozoide, retozón y deseoso de encontrar el camino. Entonces se mandó con una barra de amigos –siempre tan sociable-, por el vaso deferente, de allí al conducto eyaculatorio, a la uretra…-le gustaba la parranda y salir de ronda-. Una vesícula seminal le agregó fructosa y prostaglandina; una glándula lo roció en un jugo mucoso y alcalino y, más allá, otra le regaló un fluido mucoide para que resbalara con más facilidad. Y el espermatozoide salió expelido al exterior, que, en este caso, no era otra cosa que el interior de la dadora de la otra mitad.

Intermezzo eléctrico que nada tiene que ver con los asuntos energéticos como bien podrá sobreentenderse

Mi padre era alto, delgado y rubio y tenía unos ojos claros que cambiaban de color: a veces azules, a veces verdes, a veces grises, tan claros que parecían blancos. Mi madre tenía escasos ciento cuarenta y cinco centímetros, de ojos negros como el alquitrán y, bueno, delgada era, a veces con una flacura de hospicio. Como verán, la inclusión de esta pausa descriptiva ya evidencia rasgos dignos de ser abordados por cualquier discípulo de Freíd, sin demasiado entrenamiento que digamos. Lindo el huevito que, como viene la historia, dejará su fortuna en los variados divanes que se le vayan cruzando en el camino. Alguien debería decirle que sería más rentable nacer y pedir de inmediato ser adoptada por un matrimonio europeo de buena posición y sin hijos a la vista. Pero la verdad es que los huevos cigota nacen en pleno ejercicio de su indefensión y prefieren ser amados por aquellos, tan metidos están en sus conflictos, que hasta suelen olvidarse que él está allí y lo envían a los dos años de vida extrauterina a colocarse las inyecciones solo en la farmacia de la esquina porque, dicen, el huevo cigota es un primor de responsabilidad. Y allá va el huevo, rubio y regordete, con la caja en una manito que casi ni la recubre, y las monedas apretadas en la otra. Apenas puede empujar la puerta para entrar y ni hablar de llegar al mostrador. Digan que la farmacéutica lo conoce y lo carga en brazos para hacerlo pasar atrás, bajarle el calzón, sin lugar a dudas rosado y con puntillas, y palmearle la nalga con alcohol. Así el huevo aprende de qué se trata el estoicismo de vivir y el hago para que me quieran que han sido su principal vocación.
Lo que no aprendió, evidentemente, es a narrar ordenadamente y ustedes deberán disculparlo porque los eventos se superponen y a decir verdad no tienen el orden que jamás tuvieron, muy a nuestro pesar. La cuestión es que los progenitores se conocieron en un teatro… no podría haber sido de otro modo si lo piensan bien: tragedia o comedia, la vida no es más que burda representación.

Donde el huevo reanuda aquello del fortuito encadenamiento y bla, bla, bla.

La otra mitad era pura interioridad: biológica y psíquicamente, como bien se comprenderá. Tan ensimismada estaba que jamás se enteró de que había un afuera al que algún gesto, por mínimo que fuera, convenía hacerle de vez en cuando. Pero, a decir verdad, la otra mitad puso su parte… parte que, digámoslo con claridad, estaba acostumbrada a la soledad: no más de unos cuantos iguales a los que no se dignaba ni a dirigirles la palabra. Allí estaba el ovocito decidiendo si ese mes se lanzaría afuera del ovario sin que nadie, ni por puta, pudiera adivinar qué quería verdaderamente adentro del folículo. Y mientras pensaba si iba a ser él quien se hiciera cargo de semejante evento, llegó la mitad del calendario y al ovocito, obra y gracia de esa fuerza natural que todo lo domina, se le abrió la puerta y fue, literalmente, ovulado. Y, una vez lanzado a la posible fecundación, el folículo, antes acogedor, se dedicó a la tarea de preparar el nido para lo que contrató a alguien muy experimentado en decoración de interiores: el cuerpo lúteo. E iba el ovocito, mecido tiernamente por las cilias de las fimbrias que lo acariciaban, lo sobaban y lo hacían olvidar lo que de vertiginoso tenía el evento que iba a suceder: la maternidad. El ovocito desembocó en las trompas de Falopio y allí lo esperaban unos cuantos espermatozoides, ansiosos por verse fuera y hechos carne donde depositar su material genético, pero aquel del que ya hemos hablado, nuestra tan mentada mitad, le ganó a todos sus anonadados compañeros, asaltó al ovocito sin previo aviso y… lo fecundó. Y así vino a ser un huevo: cigota para más saber.

4 comentarios:

Maria Alejandra dijo...

Clase de biología avanzada. Un divertido placer,como siempre.
Tiembla García Marquez, que no finalizó su otro tomo de la autobiografía....

Julieta Pinasco dijo...

Ale: Vos sos mi amiga, me querés mucho y no tenés un carajo de objetividad. García Márquez dueme la siesta mientras yo garrapateo... te quiero, nena.

Pablo Pinasco dijo...

Hola Gorda

Bueno, de entrada te digo que espero el épisodio 5 !

Un besote

Julieta pinasco dijo...

Enano: ¡Lo que es ser hermanos..! Yo siempre escribo episodio y después lo corrijo y pongo entrega.
En el 5 estoy.
Besos
La Gorda

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...