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Mostrando entradas de septiembre, 2007

Fin de mes

Se va septiembre con su bolsa de novedades. El domingo se estira a través de sus 28°. Ya casi pasó la primavera y, a pesar de los dos meses y medio que le restan, ya comienzan los calores veraniegos. El día está traslúcido y el cielo parece duro de tan azul. Las plantas reclaman su cuota de agua diaria e imponen su presencia demandante de verano. El año entra en su último trimestre destellando sus mejores luces: lo que había comenzado denso y oscuro se deslíe en amarillos y naranjas que tornasolan delicados en violetas y verdes. La casa está silenciosa y vacía. Faltan los últimos cumpleaños del período. Si me atreviera a afirmarlo sin temer el pecado de hybris diría que me siento feliz. La soledad mutó en una compañía floreciente que huele a azafrán, a ánforas olvidadas en las costas azules de Marsella, a pinares y arenas en el atardecer soleado de Canelones, al agua transparente del Caribe y a niños, muchos niños, que siempre son para mi corazón una alegría. No me puedo quejar. Yo ta…

Sábado a la mañana

Después de ocuparse de las plantas hay que salir de compras. Es el rito sabatino. Es un día primaveral de fines de setiembre: cielo azul y una temperatura de 23°. Esta noche prepararé unas postas de salmón blanco en crôute de pan de especias con una emulsión de berros y chauchas. Pienso que podríamos comenzar con unos mejillones y algo de pulpo a la provenzal. La calle huele a nuevo. Camino por avenida de los Incas, según se va al río. La gente parece de buen humor. Yo también: me imagino una tarde de terraza, sol y lecturas varias. Antes de cruzar avenida Triunvirato me asalta la realidad. En un mes elegimos un nuevo presidente. Se comenta que será una mujer. Amontonados en la misma esquina -hay cuatro, muchachos para elegir- unos reparten folletos amarillos de Mauricio Macri, ése que tiene un papá que vivió los noventa esquilmando al Estado con sus contratos, tuvo causas impositivas, nunca salió de Barrio Parque y ahora proclama las ventajas del Estado eficiente; ése cuya única expe…

Nosotros poblamos el mundo

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a mi abuelita Miciano Becerra que alguna vez cruzó el océano
a mi familia Becerra Vila de Jérez de la Frontera, España
a mi hermano Mariano de Canelones, Uruguay
a mi hermano Pablo, de Marsella, Francia
a mí misma de Buenos Aires, Argentina

Hemos poblado el mundo. Digo, los míos. En barcos, aviones, míseros trenes que atravesaron extensas llanuras argentinas, autos, camiones, a pie, lomo de burro, hemos poblado el mundo. En todas partes intentamos poner una semilla, arraigarnos, ver manar nuestra sangre en carnes repetidas y distintas. Y ahora estamos con las manos llenas de fragmentos y los ojos bordeados por las lágrimas. Todos los días se enciende el mapa y eso que es tan extraño y llamamos familia, que duele tanto, que explica demasiado lo que somos, que nos asombra con sus pretéritos latines y sus griegos (Oh, Dios, mirá dónde estaba mi amor por la lengua de Virgilio y de Horacio), eso que tantas veces maldijimos y otras tantas deseamos, eso que no teníamos y ahora se derrama a manos …

Andalucía

Para Olga Becerra Vila

Nací en Jerez o tal vez en San Lúcar o ¡quién sabe...! Hasta pude haber nacido en Sevilla; pero, en verdad, yo he nacido acá, más acá del oeste que nunca y mi pueblo no es pueblo porque se ha extendido como una enorme mancha hacia arriba. No tiene casas bajas ni techos de tejas coloradas; pero tiene una plaza repleta de mujeres. Como siempre. Yo he nacido acá y vivo en un barrio de calles tranquilas que tiene Santa Ritas y jazmines en los patios. Tan lejos. Tan solitaria. He preguntado por todas las veredas con todas las preguntas que conozco y recalé en una cuadra y en la cuadra, una casa y en el fondo, una cocina. Blanca y grande y una mujer inclinada en el fuego. Hay un infierno ardiendo entre la leña y ella revuelve una olla de hierro. Perfume a albahaca, a ajo y a clavo aprisionado en la cebolla.
-Abuela...
-¿Qué quieres?
-¿Qué es esto?
-Clavo de olor.
-No me gusta.
-Limpia tu sangre. Cómelo.
-Si yo la tengo limpia: me lavé antes de sentarme a la mesa.
La abuela so…

El huevo cigota. Entrega 14

Donde el doctor Pszemiarower no logra que Dominga lo entienda, pero la mamá consigue lo que desea del papáLa nena mamaba cada tres horas. Tres horas medidas estrictamente con un reloj despertador. Tres horas porque así lo había dicho el médico pediatra, un judío de cabello corto y cuerpo voluminoso que había tenido polio de pequeñito y rengueaba al caminar. Tres horas: ni un minuto antes ni un minuto después. Luego, una señora de manos gruesas le cambiaba los pañales y la depositaba en la cuna otra vez.
-La nena llora, señora.-avisaba Dominga.
-¿Ya sonó el reloj?
-No, señora.
-Entonces déjela que llore… El doctor dijo cada tres horas.
-¿La hago upa?
-No, Dominga, el doctor dijo que no. Que se malcría.
-¿Tendrá gases?
-El doctor dijo que la deje llorar. ¿Me oyó?
-Sí, señora, la oí. El doctor dijo que…
-No repita, Dominga, ya lo dije yo. ¿Entiende?
-¿Qué cosa, señora?
-Lo que dijo el doctor: que la deje llorar así no se malcría, ¿entiende?
-No, señora.
-¿Cómo?
-Que no entiendo cómo ese doctor puede de…

La sangre de mi sangre

para Luca y Miranda

No se comprende bien cómo es este asunto de la sangre, qué lleva a que mire esos ojos y sepa que son parte de mi carne, que esas manos que me apretan la cara forman mi historia aunque las haya visto por vez primera hace seis días, que esa boca que me besa pegajosa y con sabor a chocolate estaba adentro de las primeras células que llenó mi memoria, que esas palabras a media voz le hablan a un instinto primigenio que algunos llaman biología y especie. No se comprende por qué repito las mismas historias que le conté a mi hijo, hago los mismos juegos que hace veinte años a él lo entretenían, me como a besos sus ombligos y cachetes nuevecitos como antes los filiales. No se comprende dónde reside ese perfume a bebé que es siempre idéntico ni por qué lo anhelaba con el centro profundo de mis entrañas. Y sin embargo pasa y ahora, a la distancia, como si siempre hubiera estado junto a ellos, los extraño, los añoro, los recuerdo. Son sangre de mi sangre. Son algo raro porque …

Siempre

Esto lo escribí hoy... porque no estoy enojada sino dolorida
Siempre puede ser diferente. O igual. O quizá levemente modificado. Siempre puede estar intentándose la muesca que cambie la serie y fallar. Una y otra vez. Pero en la falla del intento y en su posterior sustitución por otro reside la confianza en que ha de haber alguna clave que permita arribar a la felicidad y la verdad. Por eso se sigue, se cae y se sigue, se remonta, se sube la montaña aunque se sepa que se está al pie de otra repentina precipitación. Y despeñados en medio del barro, nos erguimos y miramos cuál es la ruta seca para continuar. Lo llamamos esperanza o fortaleza o voluntad. Y aunque se esté a ciegas en un cuarto cerrado, recordamos qué era eso de la luz y el corazón ilumina las pupilas para volver a ver.

Viajar

Viajar es un acontecimiento extraño: hay que cruzar la distancia que media entre un punto y otro, ser extraída de una realidad y avanzar hacia otra que aún no es. Viajar es un entretanto que crea siempre una incertidumbre, desde la más obvia que reside en imaginar las infinitas variables que impedirían nuestro arribo hasta suponer que diferentes razones se interpondrán para que quienes deben buscarnos nunca lleguen. Y de repente nos damos cuenta de que sólo contamos con algo tan intangible como un número telefónico para establecer un contacto en un lugar que nos es ajeno siempre. Miramos a nuestro alrededor y la gente no nos resulta conocida. Ya no somos nosotros los que nos podemos recostarmnos en un hombro, confiados y seguros. Nadie nos contiene, nadie nos consuela ni espera nuestro regreso a casa. En un viaje siempre se está sola y una trata de inventar una rutina para familiarizarse con la hostilidad que la rodea. Inútil intento, porque en un viaje siempre hay una extrañeza fund…

Sabrán ustedes disculpar... les presento a Luca y Miranda Pinasco

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Los tíos somos como padres sin la obligación de educar. Y es una fantástica sensación.

Maïa Pinasco dice

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Mirando desde sus tres años, la altura de su papá:
"Cuando yo ponga la cabeza en el cielo, tendré un bebé en la panza"

Anécdota escolar XXIX: Sus deseos son órdenes

Y, finalmente, Julieta Frenkel lo logró: tanto pidió que llegó al blog

Alumna : (Molestando durante quince minutos a todos los compañeros que la rodean) Yo quiero que alguna vez me saquen del aula.
Profesora: (La oye desde el frente) Los deseos están para ser cumplidos. Y nada me va a hacer más feliz que hacérselo realidad. ¡Salga!
Alumna : (En plena parodia de la situación) No, no, me porto bien.
Profesora: (En medio de las risas del curso) Ay, no... déle, deje que yo le cumpla su deseo. Usted lo pide, yo lo hago realidad. ¡Salga!
Alumna:(Saliendo a desgano) ¿Y qué hago afuera?
Profesora: Baja con su cuadernito y le dice a la rectora que va a hacer la tarea con ella.
(La alumna sale del aula y regresa a los cinco minutos)
Profesora: ¿Qué quiere ahora?
Alumna: La rectora tiene la puerta cerrada y la secretaria también. Me senté sola en el patio y me aburrí mucho. Quiero volver.
Profesora: No, vaya y haga la tarea con la señora del kiosco. Por favor, sea feliz.

El huevo cigota. Entrega 13

Donde el huevo, de ahora en más la niña, aprende de qué se trata la vida

Nacer. Salir al mundo hostil de un sitio acogedor donde todo estuvo y nada se necesita, si entendemos por necesitar el deseo prerentorio de suplir una carencia que, en caso de perdurar, atentaría contra nuestra propia existencia. ¿Y cómo se llamará, entonces, salir al mundo hostil de un sitio donde acecha un mosntruo llamado madre cuyo aliento se denomina peligro y hiela la sangre?
Pues así fue, de lo que fácil se deduce que el huevo rápidamente comprendió que nacer era lo mejor que podía pasarle. Y entonces, una vez resuelta la cuestión del pujo, asomó su cabecita rubia y se deslizó hacia las manos de una partera con volados que le sonrió y pensó:
-Así que esto es afuera. Está bueno.
Kitty la frotó para limpiarla mientras decía:
-Es una niña.
-Soy una niña.- se congratuló el huevo dejándose estar entre esas manos que masajeándola le restituía la conciencia de su cuerpo, del límite dérmico que marcaba lo que ella era y…

La espera

Su vida se ha reducido: ahora sólo se trata de esperar. No es una paciencia fructífera: es un ansia ingobernable que necesita devorar el instante para que el tiempo se mueva hasta el final. Camina por la misma razón: los pasos la conducen hacia la meta que desea y teme (Le he llevado los lentes que me ha pedido para leer; pero no quiso que se los dieran por miedo a usarlos para morir). Así espera que yo llegue, que le sirvan el té, que le den los remedios, que yo me vaya, que le lea, que regrese. espera porque se ha dado cuenta de que la vida es sólo eso: una espera que disfrazmos de trascendencia. En el entretanto, persigue a als enfermeras para saber cuándo llegará el momento preciso del próximo evento, mira el reloj con obsesividad para saber la hora en que algo debería suceder, se acuesta porque todavía falta y se levanta de inmediato para comprobar si ya está. Y así el tiempo va pasando, la vida va pasando, el futuro se va haciendo presente y se va muriendo: en una espera que es…

Anécdota escolar XXVIII: El ausente

Profesora: Ponen sobre los bancos las tareas así controlo. (El alumno 1 no coloca su hoja) ¿Y tu tarea? ¿Dónde está?
Alumno 1: Yo la hice con Leandro.
Profesora: Nunca dije que la hicieran de a dos. Cada cual debería tener la suya.
Alumno 1: Ah, yo entendí que la podíamos hacer de a dos y el que escribió fue Leandro.
Profesora: ¿Leandro?
Alumno 2: No, profe, yo ese día estuve ausente.

Si viviera, mi padre cumpliría años

Si viviera, mi padre hoy cumpliría ochenta y tres años.
Yo lo habría llamado muy temprano, deseando ser la primera, para desearle un feliz cumpleaños.
Después le habría servido un desayuno que él hubiera tomado en la mesa de la cocina porque detestaba hacerlo en la cama.
Le habría regalado un libro -seguramente de teatro-, algo de ropa y una botella del mejor vino que hubiera permitido mi bolsillo.
Habríamos almorzado juntos un pescado que él habría preparado a la parrilla y envuelto en papel manteca.
Después habríamos caminado por las calles de Chacarita: Olleros, Charlone, Dorrego y nos habríamos sentado en el patio con fuente de su casa de departamentos.
A la tarde lo habría llevado al cine a ver la película argentina del momento y, al salir, habríamos comido una pizza a la napolitana y un flan con dulce de leche y crema.
Al caer las doce lo habría dejado en su casa contento por el día de su cumpleaños.

Cuentos para Maïa 5. Escarabajo

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Hace muchísimos años vivía en Rusia un hombre muy pobre al que todos llamaban Escarabajo. Por aquellos años, el zar Alejandro gobernaba con puño de hierro y, además del frío glaciar, los rusos sufrían hambre y miseria. Escarabajo hacía días que no comía y el agujero que sentía en su vientre estaba a punto de enloquecerlo. Algo tenía que hacer. De pronto se le ocurrió una idea brillante: se haría adivino.
En este punto, es necesario aclarar que Escarabajo no tenía dotes adivinatorias ni mucho menos; así que observó cómo su vecina tendía la ropa en su jardín y, sin que nadie lo viera, descolgó una sábana, la hizo un bollo, la escondió en una parva de heno y se sentó a esperar. Cuando dieron las doce, la mujer salió a descolgar su tendido y, al no ver la sábana, comenzó a gritar. Pronto, toda la aldea estuvo reunida. Entonces, Escarabajo salió de su escondite y dijo:
-Buena mujer, ¿qué te ha sucedido?
-Me han robado mi mejor sábana de hilo. ¿Has visto quién pudo ser?
-No, pero tengo el d…

Cuentos para Maïa 4. Guisantito

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Esta es una historia vieja que me contaba mi mamá. A ella se la contaba su mamá, a ella mi bisabuela y así hasta perderse en las bocas de la familia. Ahora yo, como no tuve una hija sino un hijo, te la cuento a vos para que algún día se la cuentes a tus hijas.Había una vez un reino muy lejano en el que vivía un príncipe que tenía que casarse con una buena y bella princesa. Por la sala del palacio pasaron miles de candidatas llegadas de muy lejanas comarcas, pero a la reina no le gustaba ninguna: ésta le parecía muy flaca; aquella, muy alta; la otra, muy gorda y todas, todas le parecían falsas. Para la reina ninguna era una princesa verdadera, digna de casarse con la preciosura de su hijo. Así que el pobre muchacho languidecía de tristeza a la espera de una princesa de pura cepa que resultara agradable a los ojos avinagrados de la reina.Una noche de tormenta, mientras el rey, la reina y el príncipe casadero estaban sentados a la enorme mesa del comedor tomando un tazón de sopa, unos g…

Bariloche bajo la nieve VIII

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Ha llegado el momento de los agradecimientos:
A todos ustedes por esas madrugadas encantadoras en las que pudimos conversar de taaaaaaaantas cosas.
A los que revoleaban platos practicando para algún futuro trabajo en un circo.
A los que mi hijo les caía simpático.
A los que embadurnaron el espejo del ascensor con mostaza.
A los que se dormían en cualquier pasillo.
A los que escuchaban partidos de fútbol en medio de las excursiones.
A la que se dedicó a hacer flores con tampones y estrellitas de Carefree.
Al doctor Cerebro.
Al que no devolvió los esquíes a tiempo, pagó multa y se redimió siendo el único capaz de trepar un poste de diez metros a puro pulmón.
Al duende del bosque patagónico, siempre con el mismo camperón y la misma gorrita simpaticona.
Al que no me tuvo nunca como profesora y lo lamentó en el abrazo final.
A los que quisieron disfrazarme de sor Juana Inés de la Cruz.
A mi pastelito de garrapiñada que me deseó tantas noches felices sueños.
A la que me rompió el tobillo y se me desmayó…

El huevo cigota. Entrega 12

Donde se narra lo que finalmente sucedió a las diez horas del 23 de julio -Perla, despertáte –aulló la mamá desde una punta del caserón de La Lucila.
Perla dormía en su ancha cama matrimonial.
-Beta, despertáte –lloró la mamá desde una punta del caserón de La Lucila.
Beta dormía en su ancha cama matrimonial.
-Margarita, despertáte –gritó la mamá desde una punta del caserón de La Lucila.
Margarita dormía en su ancha cama matrimonial.
-Felisa, despertáte –se desesperó la mamá desde una punta del caserón de La Lucila.
Felisa dormía en su angosta cama de soltera.
-Papá, despertáte –rogó el huevo al ver la apertura de su estrecho nido.
-Doctor, despertáte-urgió el huevo en su diminuta cáscara a punto de estallar.
La noche era oscura y fría desde La Lucila hasta Córdoba y Pueyrredón.
La mamá gritaba, las cuatro Gracias rezaban, el huevo lloraba.
-No puede doler tanto- susurró Perla en el oído de Beta.
-¡Qué sabrás vos! –la oyó la mamá- A mí me duele más que a todas. A mí más.
-No le puede doler así –c…

Bacanal contemporánea

No entiendo a las multitudes que se apiñan en un boliche para divertirse y bailar. No entiendo y me angustio ante lo que no logro comprender. Quizá haya algo que le falte irremediablemente a mi sensibilidad. Quizá carezca del sentido gregario que les permite a otros ser intensos y felices. Siempre me pregunto qué sucede después, cuando caen rendidos y sudados en sus sábanas y despiertan con el sol alto y el día por terminar. La noche es una esmerilada superficie fría en la que brillan miles de puntos de luz. Si estiro los dedos los puedo rozar. Carezco de sentido de la diversión. Y es algo irremediable que ya no podré subsanar. La gente se toca sin verse. Nadie sabe quién es el que danza a su costado. No lo puedo entender. Siempre creí que se bailaba para ver el corazón profundo que gira vertiginoso en la carne. En la música vibra un dulce olor a menta y a grosellas, pero nadie lo percibe. Sólo yo que no logro entender.

Cementerio neuquino

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Al costado de la ruta, cercano al cruce de de Villa El Chocón y perdido en medio de la nada, un cementerio. Apenas un octavo de manzana, una arcada de piedra por entrada y una centena escasa de tumbas chatas y en fila. Alrededor reina la soledad de la meseta patagónica y el silencio del viento intentando refugiarse en esquinas inexistentes. Y los muertos muriéndose una y otra vez en el desamparo de sus rituales fúnebres: sin flores ni campanas ni breves procesiones de parientes. Alguna torcaza huérfana se posa en una cruz. Y ni siquiera llueve

Bariloche bajo la nieve VII

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Para JuanCa
En una gran esquina de vidrieras amplias y brillantes,
pisos de madera que crujen al caminar,
algunas mesas donde la gente toma cafés y tés mientras conversa en voz bajita
y unas vitrinas con estanterías espejadas
y miles de bandejas con tu chocolate en rama.
Se coloca en medio de la boca:
sobre la lengua y el paladar para que se entibie y se derrita con lentitud gustosa:
es un suave barro dulce, muy dulce que va demorándose para inundar el cuerpo
en una ola de perfume que recuerda las maderas de los bosques húmedos bajo la nieve.
Ramas de árboles se sacuden de cacao y azúcar
y caen como copos arrugados.
Tu chocolate, Juanca,
que lo disfrutes

Bariloche bajo la nieve VI

Julieta Adaglio: (A Ezequiel que molesta a las seis de la madrugada en el cuarto)-Dejáte de molestar. (Señalándome) Ay, no la ves. Si yo fuera Juli...
Ezequiel: Vos sos Juli.
***
Juan Manuel: ¡Ay, qué asco! ¡Tenés mocos en los ojos!
Ezequiel: Se llaman lagañas.

Bariloche bajo la nieve V

Es mi karma. Es mi karma. Hay un nuevo sitio de peregrinación para ir cuando cierran el boliche: ¡el cuarto de Pinasco! Ayer me volví a las dos y media de la madrugada. No había taxis y el micro todavía no estaba, así que, musculosa y saquito negro finiiiiiiiiiito, caminé diez cuadras bajo un frío gélido, polar, en suma, ES-PAN-TO-SO. Llego, ducha y un café porque, milagro, había quedado agua caliente en el termo. ¿Me habré dormido tres, tres y media? Más o menos, a las cinco y media, Ignacio gritando por el pasillo del tercer piso: "Déjenme pasar, déjenme pasar." ¿Adónde iba con tanta urgencia? A mi cuarto, prende la luz, se tira en la cama y dice: "Vengo a charlar". Mirá vos, qué lindo, pienso sacando la cabeza de entre mis frazadas calentitas y mi sueño reparador. Tras él, que sólo era la vanguardia, entran Julieta Adaglio, que se tira en una cama y, como de costumbre, se duerme como una foca; Belén al grito de "Se acabó, se acabó. Juli, se acabó"; Luc…

El huevo cigota. Entrega 11

Donde se leen curiosas reflexiones de un 22 de julio a la mañana

Sucede. Siempre sucede más allá de la poca o mucha voluntad que se ponga. Queda estrecho y aprieta por todas las costuras o entra una malsana curiosidad por ver de qué se trata y, bien dicho está, la curiosidad mata al hombre. Ni qué hablar del que todavía no ha empezado y está a punto. Me estiro a duras penas y pienso. Sí, pienso; no mucho, dos o tres ideas básicas. la primera y principal: pese a todo, en contra de todos, voy a vivir. Al fin y al cabo, si estoy acá, en la desembocadura del Aqueronte y a punto de sobornar a Caronte, no ha de ser tan difícil. Sólo se trata de desarrollar un par de estrategias que te sirven durante los primeros tiempos y después te joden de por vida, pero entretienen: uno se demora siglos en comprender por qué es así. Todo se reduce a nada: llegar, abrir los ojos, llorar un poco, sentirse solo o acompañado... Ah, y darle a eso un sentido, hallar una verdad: en mi caso, ¿qué llevó a estos d…

Bariloche bajo la nieve IV

Me duermo a la dos. A las cinco y media me despierta el grito de Ignacio: "Doctora Pinasco, vengo a que me cure el pie". Se le pegó la media en el raspón que le vengo cuidando hace tres días. Se la despega, lo mando a lavársela y le aplico Farm-X... ¡Por Dios, son las cinco y media de la madrugada y yo dormía! ¿Dónde hay curitas? Se acabaron. ¿Y ahora? Se le va a volver a pegar. Se me ocurre una idea brillante. Recortamos un apósito de Carefree y se lo pegamos en el pie. Belén se dedica a hacer flores y estrellitas autoadhesivas con el sobrante y las pega en el espejo. Entra Juan Manuel y apaga la luz para que veamos los maravillosos juegos que hace con unos tubitos de colores fluorescentes. Ezequiel lo acompaña. Leandro se tira en mi cama. ¿Yo dormía? Bueno, eso ya pasó. Ignacio, con el pie curado, toma el teléfono para preguntar, en otros cuartos donde otra gente duerme, cuántos lados quedan en una caja si le sacamos dos laterales. Esto ocasiona una interesante discusión (…

Bariloche bajo la nieve III

Cena de ayer. Alejandro se sienta al lado mío y dice que él no es malo. No entiendo por qué me cuenta esto a mí. Agrega que sólo una vez hizo algo muy detestable y fue en mi clase. Me relata una historia vieja que recuerdo vagamente, pero que él tiene presente. Tanto que necesita cenar conmigo para refrescármela y excusarse en el relato que vuelve a actualizar su falta. En sus palabras, yo reconozco algo que -tengo la sensación- pasó hace más de dos años y que tan grave no debe haber sido si la he borrado así. Lo escucho a medias entre Belén que me grita desde otra mesa, los aullidos de todos los que se arrojan sobre Bilos cuando Lanús le hace un gol a Estudiantes de la Plata y Santi que quiere que le saque una foto con un plato de huevos rellenos. Pero Alejandro continúa, implacable, con su relato de "la" falta que necesita expiar. Cuando termina, le sonrío. La anécdota que me contó es para mí intrascendente; pero para él significa el límite que marca su ingreso en el terri…

El huevo cigota. Entrega 10

Donde el doctor alemán explica sobre las leyes que rigen la naturaleza

-Doctor, disculpe que lo llame a esta hora.
-No se preocupe, ¿señora...?
-Margarita, doctor. Soy la hermana de Lujancita.
-Ah, sí. Ayer no vino a la consulta y hoy iba a llmarlas para ver por qué.
-Y... no podemos sacarla de la cama.
-Tiene que caminar. Ya sabe, el suyo es un embarazo de alto riesgo. pesa cuarenta kilos en un séptimo mes. Todo un problema.
-Es que no hay forma de que coma.
-¿Le dan las vitaminas?
-A la fuerza. Dos de mis hermanas y yo la sujetamos y el enfermero le aplica la inyección.
-¿Y eso no le da apetito?
-Nada, parece que se le atrofió el músculo que abre la boca.
-¿Y el padre? ¿Se sabe algo?
-Llama una vez por semana para ver cómo marcha todo, pero de volver no dice nada.
-Mire, he visto casos peores en los que ni siquiera llaman. Pónganse contentas.
-Pero ella lo quiere aquí.
-Bueno, las cosas son como son, no como uno quiere que sean. Ella debería saberlo.
-Debería, doctor, pero es tan caprichosa.
-Bueno, …

Bariloche bajo la nieve II

Duermo de dos de la mañana a cinco y de siete a nueve. A esa hora mi cuarto calentito sufre una invasión. Una horda de adolescentes que huelen alternativamente a pancho o a hamburguesa ocupan el espacio y se desparraman en camas, pisos, lo que encuentren, y nos dedicamos a la más vieja profesión del mundo -no, eso no-: criticar malévolamente a los demás. Después van quedándose dormidos: Bilos, en el piso entre la cama de Belén y la de Carla, se queja porque el boliche no tenía pelotero y porque ya es la novena vez que se dejan la llave adentro del cuarto (ellos quedan del lado de afuera, obviamente). Juan Manuel, en el piso, entre mi cama y el baño. Le presto mi almohada y una frazada. Lucila le grita que tire esas zapatillas podridas afuera de la pieza. Ella y yo arrimamos las camas para que Ezequiel no se caiga. Él dice que el teléfono es una cosa muy rara: uno puede hablar con gente que está lejos sin gritar. Yo le digo que cuando no existía, yo iba a la orilla del río y le gritaba…

Bariloche bajo la nieve I

Mañana con nieve
a Mariano y Pablo, mis hermanos

Un viento blanco golpea contra los cristales entreabiertos del cuarto donde todos duermen después de que las risas empañaran su superficie hasta las seis de la mañana. Salgo a ver las calles tapizadas y los copos me arañan la cara. Pienso en mi felicidad y en la gente que ve con hastío y preocupación una de las últimas nevadas de un invierno duro. Los hechos son reales, piedras sin tallar que están allí ante los ojos de todos, y, sin embargo, los reflejos los tornan tornasolados u opacos. Nada tiene la carnadura exacta de la verdad. Todo está sumergido en el color acuoso de las pupilas que lo miran. Ahora estoy acá, en las orillas blancas de un lago azul, en una ciudad que parece de cuento, con sus casitas de tejas de chocolate y paredes de turrón y el señor que atiende el comedor protesta porque viene de los barrios altos que donde la nieve no es merengue sino un estorbo que se mete en la vida para fastidiar. Todos duermen. Nos reímos mu…

El huevo cigota. Entrega 9

Donde el huevo se decide por la literatura Menudo panorama lleva uno. Ya desde entonces: las cuatro Gracias turnándose como mariposas para revolotear al borde de una cama donde una madre, empecinada en expulsar al fruto de su goce, si es que alguna vez fue goce dado que sería oportuno indicar ya, tan temprano, que la portadora del embrión en franco crecimiento, tenía ciertas dificultades para conectarse con el deseo y el placer sea éste del tipo que fuera, es decir, toda pulsión gozosa era pecaminosa -fuera sexual, gastronómica o estética, monetaria, deambuladora o cómo carajo se dé en denominar. Y si era pecaminosa, Dios o el partido la censuraban-porque a cierta altura de la vida la religión mutó en dogmática y enfervorizada militancia lo cual es directa e idénticamente similar. Así que ése era el cuadro de situación: un apdre que -él sí- no tenía ningún problema con el goce y -es más- lo ejercía sin culpa ni remordimiento y sin que mediara pensamiento alguno del daño que su libre eje…

El huevo cigota. Entrega 8

Donde cómo recibió el progenitor el llamado de las Gracias y lo que resulta de ello -Hola. -¿Quién habla? -Felisa. -¿Qué Felisa? -La hermana de tu mujer. -¿Qué mujer? -Decíme, ¿vos te estás haciendo el imbécil o qué? -Qué. -Ah, sos vivo. Mirá, entonces te lo voy a decir clarito. Tu esposa cursa un embarazo de cuatro meses que estuvo a punto de perder cuando vos, alegremente, te tomaste el buque. Así que, sólo por prescripción médica y para salvar la vida presente y futura de ese niño, sería aconsejable que pongas en remojo tu cabecita y vuelvas. -¿Con la loca? -Che, más respeto que es mi hermana. -Tu hermana, la loca. -É vero, ma... El papá pensó y dijo(se): -La vida es una. Hoy nacés, mañana te morís y en esa veinticuatro horas se compilan, amontonan y estropean: los amigos, las mujeres, el fútbol y el billar. -¿Y la responsabilidad? -bramó desde las sombras el abuelo Andrés, italiano de profusa bigotera que se planchaba con una tira de trapo atada sobre el labio a la hora de irse a dormir. -Me cago …