martes, 11 de septiembre de 2007

Bacanal contemporánea

No entiendo a las multitudes que se apiñan en un boliche para divertirse y bailar. No entiendo y me angustio ante lo que no logro comprender. Quizá haya algo que le falte irremediablemente a mi sensibilidad. Quizá carezca del sentido gregario que les permite a otros ser intensos y felices. Siempre me pregunto qué sucede después, cuando caen rendidos y sudados en sus sábanas y despiertan con el sol alto y el día por terminar. La noche es una esmerilada superficie fría en la que brillan miles de puntos de luz. Si estiro los dedos los puedo rozar. Carezco de sentido de la diversión. Y es algo irremediable que ya no podré subsanar. La gente se toca sin verse. Nadie sabe quién es el que danza a su costado. No lo puedo entender. Siempre creí que se bailaba para ver el corazón profundo que gira vertiginoso en la carne. En la música vibra un dulce olor a menta y a grosellas, pero nadie lo percibe. Sólo yo que no logro entender.

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