miércoles, 5 de septiembre de 2007

Bariloche bajo la nieve II

Duermo de dos de la mañana a cinco y de siete a nueve. A esa hora mi cuarto calentito sufre una invasión. Una horda de adolescentes que huelen alternativamente a pancho o a hamburguesa ocupan el espacio y se desparraman en camas, pisos, lo que encuentren, y nos dedicamos a la más vieja profesión del mundo -no, eso no-: criticar malévolamente a los demás. Después van quedándose dormidos: Bilos, en el piso entre la cama de Belén y la de Carla, se queja porque el boliche no tenía pelotero y porque ya es la novena vez que se dejan la llave adentro del cuarto (ellos quedan del lado de afuera, obviamente). Juan Manuel, en el piso, entre mi cama y el baño. Le presto mi almohada y una frazada. Lucila le grita que tire esas zapatillas podridas afuera de la pieza. Ella y yo arrimamos las camas para que Ezequiel no se caiga. Él dice que el teléfono es una cosa muy rara: uno puede hablar con gente que está lejos sin gritar. Yo le digo que cuando no existía, yo iba a la orilla del río y le gritaba a mi hermano: tres días tardaba en llegar su respuesta. Cuando se duerme, Lucila le pide que saque el brazo y él murmura: "yo no vendo, yo no vendo". Comen caramelos masticables todo el tiempo. Yo grito que se perdió un toallón rojo. Julieta Adaglio hace siglos que cayó en la cama de Carla y no da señales de vida. Nico Di Biase me tira el termo para que lo llene a la mañana y no lo atajo. Se abolla un poco. El mate se cae como mil veces. Se lo doy a Belén para que lo limpie y lo deja lo más pancho adentro del bidet. Hay ropa húmeda por todas partes. En la bajada de Piedras Blancas, bajo una fenomenal nevada y envueltos en una niebla de paisaje japonés, me dieron con el canto de un trineo en el tobillo. El hueso sonó seco. Antiinflamatorios y la pata en reposo. Me saltan por arriba. ¡SON LAS SEIS Y MEDIA DE LA MAÑANA! Belén logró echar a todos de su cama y duerme feliz y tapada en medio del despelote. Finalmente se aquietan. En cuarenta y cinco minutos tengo que despertarlos y todo recomienza nuevamente.

1 comentario:

Anónimo dijo...

¡Qué descanso! Suena a tortura...pero cuánto me reí mientras lo leía... Si hasta me imagino la escena y a cada uno en su rol. ¿Zapatillas podridas? No puede ser, son todas nuevitas, ¿no dan olor a nuevo las zapatillas nuevas? En fin, veo (o mejor dicho, leo) que los chicos lo están pasando genial, ahora vos?.
Nora les manda un beso a todos.
Adriana

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