viernes, 7 de septiembre de 2007

Bariloche bajo la nieve IV

Me duermo a la dos. A las cinco y media me despierta el grito de Ignacio: "Doctora Pinasco, vengo a que me cure el pie". Se le pegó la media en el raspón que le vengo cuidando hace tres días. Se la despega, lo mando a lavársela y le aplico Farm-X... ¡Por Dios, son las cinco y media de la madrugada y yo dormía! ¿Dónde hay curitas? Se acabaron. ¿Y ahora? Se le va a volver a pegar. Se me ocurre una idea brillante. Recortamos un apósito de Carefree y se lo pegamos en el pie. Belén se dedica a hacer flores y estrellitas autoadhesivas con el sobrante y las pega en el espejo. Entra Juan Manuel y apaga la luz para que veamos los maravillosos juegos que hace con unos tubitos de colores fluorescentes. Ezequiel lo acompaña. Leandro se tira en mi cama. ¿Yo dormía? Bueno, eso ya pasó. Ignacio, con el pie curado, toma el teléfono para preguntar, en otros cuartos donde otra gente duerme, cuántos lados quedan en una caja si le sacamos dos laterales. Esto ocasiona una interesante discusión (¡Son las seis de la mañana!) acerca de si quedan dos o cuatro. Belén grita: ¡CUATRO MESES! ¡HELLO! y avisa que sabe inglés pero no va a dar el First. Julieta Adaglio dormita con la cabeza apoyada en el ventanal. ¡Feliz ella que puede lo que yo hace media hora hacía plácidamente! Finalmente todos se van. Apagamos la luz y se hace silencio. A los tres segundos, Lucila grita dormida: "¿Qué? ¿Qué?". Se despierta inmediatamente y dice: "¿Pero qué estoy hablando yo?". Y cuenta un sueño. ¡Cómo hacen para dormirse, soñar y despertarse en tres segundos! Yo dormito hasta las ocho y cuarto. Me despierta el sonido de un mensaje en el celular. Me levanto y bajo a desayunar. No es mi día para dormir. Ya estoy resignada a que mi cuarto se haya convertido en sitio de peregrinaje por la madrugada. Sólo me resta hacerme un hueco después de comer e intentar una siesta. Envidio a Carlita que duerme cuando todos saltan en su cama. Es así. Yo tengo un sueño liviano y sólo me queda soportar con estoicismo lo que me toca. Mañana sucederá otra vez ya esta altura creo que lo aguardo con ansiedad.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

HOLA PROFESORA PINASCO... O MEJOR DECIR MAMA PINASCO.... SOY MONICA LA MAMA DE LUCILA Y QUE DECIRTE DE ESTA CRUZADA QUE REALIZASTES CON LOS CHICOS????
CREO QUE NO HAY MANERA DE AGRADECER TU DEDICACION EN ESTE VIAJE Y A LO LARGO DE TODOS ESTOS AÑOS EN EL CEFE, PERO NO QUERIA DEJAR DE DECIRTE GRACIAS SIMPLEMENTE GRACIAS POR TODO Y POR SER COMO SOS.......

Julieta Pinasco dijo...

Mónica: obviamente no hay nada que agradecer. A lo largo de estos cuatro años compartidos con sus chicos, la cuenta es a mi favor. No me puedo quejar: me divierto enseñando y recibo toneladas, miles de toneladas de buenos momentos, de cariño, de miradas emocionadas ante un texto. La verdad es que la vida ha sido muy generosa conmigo y sería yo quien debería agradecerles a ustedes por haberme permitido pasar diez días maravillosos en el sur con sus hijos. De corazón. Un beso grande. Julieta

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