Cementerio neuquino



Al costado de la ruta, cercano al cruce de de Villa El Chocón y perdido en medio de la nada, un cementerio. Apenas un octavo de manzana, una arcada de piedra por entrada y una centena escasa de tumbas chatas y en fila. Alrededor reina la soledad de la meseta patagónica y el silencio del viento intentando refugiarse en esquinas inexistentes. Y los muertos muriéndose una y otra vez en el desamparo de sus rituales fúnebres: sin flores ni campanas ni breves procesiones de parientes. Alguna torcaza huérfana se posa en una cruz. Y ni siquiera llueve

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