miércoles, 5 de septiembre de 2007

El huevo cigota. Entrega 10

Donde el doctor alemán explica sobre las leyes que rigen la naturaleza

-Doctor, disculpe que lo llame a esta hora.
-No se preocupe, ¿señora...?
-Margarita, doctor. Soy la hermana de Lujancita.
-Ah, sí. Ayer no vino a la consulta y hoy iba a llmarlas para ver por qué.
-Y... no podemos sacarla de la cama.
-Tiene que caminar. Ya sabe, el suyo es un embarazo de alto riesgo. pesa cuarenta kilos en un séptimo mes. Todo un problema.
-Es que no hay forma de que coma.
-¿Le dan las vitaminas?
-A la fuerza. Dos de mis hermanas y yo la sujetamos y el enfermero le aplica la inyección.
-¿Y eso no le da apetito?
-Nada, parece que se le atrofió el músculo que abre la boca.
-¿Y el padre? ¿Se sabe algo?
-Llama una vez por semana para ver cómo marcha todo, pero de volver no dice nada.
-Mire, he visto casos peores en los que ni siquiera llaman. Pónganse contentas.
-Pero ella lo quiere aquí.
-Bueno, las cosas son como son, no como uno quiere que sean. Ella debería saberlo.
-Debería, doctor, pero es tan caprichosa.
-Bueno, no se preocupe, el bebé va a nacer. El problema va a ser después. Sobre todo si el padre no aparece. Esta tarde a eso de las cuatro voy con Kitty para allá. ¿Le parece bien?
-Lo esperamos, doctor, y muchas gracias. No sé qué haríamos sin usted.
-Es mi trabajo, señora Margarita.
-Igualmente muchas gracias.

Y alas dieciséis, el doctor a bordo de su auto negro, con su esposa Kitty en blusa de volados y al volante, estacionó en la casa de La Lucila, caminó por el sendero bordeado de pensamientos amarillos y violetas, tocó timbre, entró, atravesó salones y pasillos y se sentó al borde de una cama con sábanas almidonadas que las tías Perla y Margarita cambiaban corriéndola a ella a la otra mitad.
-¿Y cómo le va? -preguntó sacando el estetoscopio.
-...
-Dicen sus hermanas que no come ni camina.
-... -se giró dándole la espalda.
-Perfecto -contestó él y le aplicó el aparato en una de las mitades que separaban unas vértebras sobresalidas como picos montañosos en medio de una lisura blanca.
-... -se giró y lo miró.
-Muy bien -y le apoyó el estetoscopio en el vientre redondo.
-... -estiró el brazo.
-Así me gusta -y le tomó la presión.
-Ahora déjese de joder.
-¿No va a comer?
-Ni pienso.
-El bebé va a estar bien.
-Se va a quedar en la clínica.
-¿Quién?
-El bebé. Quiso vivir, ¿no?
-Bueno, eso es lo que suelen hacer todos los bebés en el vientre de sus madre: desean vivir.
-Entonces que se haga cargo de su deseo.
-¿No le parece que el niño es un poco pequeño para semejante carga? Generalmente una criatura necesita pasar, y de hecho lo pasa, por un período de indefensión en el que los adultos que, mediante sus actos, lo han convocado a la vida; son quienes deben hacerse cargo de su existencia.
-Dice carajos usted.
-¿Disculpe?
-Que usted dice carajos. Porque este niño, como lo llama usted; esta mierdita, como lo llamo yo, se ha empecinado en permanecer pese a mis denodados esfuerzos, son usted y su señora testigos de ello, por deshacerme de su -¿cómo la llama usted?- existencia. Así que ya que quiere, pues que se haga responsable desde el vamos. Digamos que la mierdita desde temprano no tuvo en cuenta lo que yo prefería.
-La vida no preguntam, señora. Se impone. Es ley natural.
-Las leyes naturales las dictan los hombres y jamás nos preguntan a las mujeres si queremos. Nos hacen hijos en un espamo de placer que ni siquiera les pedimos y se van...
-Acá el asunto, señora, si me disculpa, es el niño...
-La mierdita, doctor, la mierdita.
-En dos meses va a nacer: coma usted o no, camine usted o no, el bebé va a nacer. A eso llamo yo ley natural. Y ábrase de piernas que voy a revisarla.
-Doctor, disculpe que ose interrumpir semejante orgía filosófica. Vea, eso que usted busca palpar soy yo.-clmó el huevo cigota en pleno ejercicio de tacto médico- Estoy acá en lo que se supone será el mejor momento de mi existencia, por eso del puro deseo satisfecho a perpetuidad. Y me pregunto... si esto es la perfección ¿qué me espera ahí afuera? Y dado que papá no está, que mamá como si no estuviera, ¿no podríamos volver a foja cero y acá no pasó nada?
-Es ley que la vida se imponga.
-¿Y quién hizo la ley, doctor?-inquirió el huevo.
-Mire, m'hijito, vamos a cortar por lo sano. Para difícil ya me alcanza con su madre. Por dos debo cobrar honorarios extras. usted me nace bien y sanito y asunto terminado.
-Ah, doctor Bauer, conmigo viene de patotero panzer.
-Usted, a esta altura, no tiene más que un único e ineluctable derecho: nacer y probar de qué se trata. Después haga lo que le plazca porque ya no será mi asunto.
-Ah, conque usted es de los que, tirada la piedra, esconde la mano.
-Doctor, -dijo la mamá- ya me aburrió.
-Ve, doctor, está aburrida, harta, fastidiada con lo que todavía ni empezó y usted me dora la píldora diciéndome que pruebe. Me parece que esto se fue a la mísmisima mierda.
-Usted se calla y, ¡a nacer!
-No me toque la cebecita así que me enternezco, doctor. Y si me acostumbro usted va a ser culpable de todos mis traumas posteriores.
-Cállese y déjeme hablar con su madre. Señora, el bebé ya está colocado.
-Y encima -dijo la mamá- parirás con dolor.
-Le recuerdo que usted se negó a hacer el curso.
-Ah, sí, me olvidaba de que usted se ofreció como encantador de serpientes ademàs de cómo obstetra. ¡Mire si va a lograr que yo para sin dolor!
-En dos meses, señora.
-No si puedo impedirlo antes.
-Haga lo que haga, a esta altura lo que suceda será un nacimiento.
-Ve, doctor, ve...mire que está empecinado usted. Esto pinta de bodrio irremediable.
-Es ley que la vida se cumpla.-sentenció el doctor con dogmatismo germánico.
-Me cago en su ley natural -bramaron la mamá y el huevo a coro sorprendidos.
El doctor cerró el maletín, saludó y se marchó.

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