lunes, 3 de septiembre de 2007

El huevo cigota. Entrega 8

Donde cómo recibió el progenitor el llamado de las Gracias y lo que resulta de ello
-Hola.
-¿Quién habla?
-Felisa.
-¿Qué Felisa?
-La hermana de tu mujer.
-¿Qué mujer?
-Decíme, ¿vos te estás haciendo el imbécil o qué?
-Qué.
-Ah, sos vivo. Mirá, entonces te lo voy a decir clarito. Tu esposa cursa un embarazo de cuatro meses que estuvo a punto de perder cuando vos, alegremente, te tomaste el buque. Así que, sólo por prescripción médica y para salvar la vida presente y futura de ese niño, sería aconsejable que pongas en remojo tu cabecita y vuelvas.
-¿Con la loca?
-Che, más respeto que es mi hermana.
-Tu hermana, la loca.
-É vero, ma...
El papá pensó y dijo(se):
-La vida es una. Hoy nacés, mañana te morís y en esa veinticuatro horas se compilan, amontonan y estropean: los amigos, las mujeres, el fútbol y el billar.
-¿Y la responsabilidad? -bramó desde las sombras el abuelo Andrés, italiano de profusa bigotera que se planchaba con una tira de trapo atada sobre el labio a la hora de irse a dormir.
-Me cago en la responsabilidad- dijo(se) el papá.
-Ya eras así desde chiquito -gritó el abuelo que dejaba los pomelos toda la noche embeberse en grappa y azúcar porque el alcohol y la fruta juntos fortalecen el vigor matinal.- Te molí a palos varias veces.
-Sí- recordó el papá la vez que le robó el pomelo.
-Atrás de las polleras de tu madre te escondías cuando venía la policía a buscar al hijo de puta de pullover verde que le había abierto la frente de una pedrada a la mujer de la esquina y vos, desgraciado de pulover cambiado hacía dos segundos, decías que no. Hacéte cargo de tu familia. Un hombre se hace cargo siempre de su familia.
-Yo no fui.
-¡Qué turro! -se ofendió la tía Felisa- ¿Vos decís que mi hermano se embarazó de otro?
-¡Por favor! -sonrió irónico el papá- A los veinticinco la agarrè yo. Ésa era la que nunca tuvo novio. decí que me apiadé de ella.
-Tenés que volver.- rogó la mujer de vestido de organza y cuerpo torneado- No voy a cargar con la culpa de un bebé sin padre.
-Hacéte cargo de tu responsabilidad.- gritó enfurecido el abuelo Andrés.
-¡Habráse visto! ¡Usted puede creer que este mal bicho diga que él no fue! Si mi hermanita quería ser monja...
-¡Y lo hubiera sido! ¡De clausura! ¡Vos sabés el infierno en que viví durante estos cuatro años?
-Me lo imagino.-suspiró Felisa.
-Semanas metida en la cama. Para tocarla tenía que hacer un laburo tal que cuando lo lograva ya se me habían ido las ganas o me dormía. Nunca una salida con amigos, nunca una borrachera feliz. Pasé de la misa a la precesión sin verle la cara a Dios.
-Siempre el mismo -gritó el abuelo Andrés que le pegaba hasta dejarle las nalgas rojas sin lograr que cayera una lágrima siquiera.
-Tres semanas estuvo en enero pasado sin dirigirme la palabra y sin querer comer. Después, cuando despejó, me escribió veinte cartitas pidiéndome perdón y prometiéndome que iba a mejorar, pero...
-Sí, ya sé -interrumpió Felisa- a los quince días lo volvió a hacer.
-Hay un bebé-repetía la mujer de organza y rostro moreno- Hay un bebé. Tenés que volver.
-¿Con la loca?
-Tenés que volver-repetía con la piel perlada de sudor y las manos ardidas de deseo.-Tenés que volver. Hay un bebé.-con las piernas enredadas en su cuerpo y su sexo abierto de higo maduro.
-¿Con la loca?
-Tenés que volver -y se desprendió del cuerpo que le pesaba arriba y mirándolo con ojos de pozo verde exclamó: -¡O vas a dejar que el bebé sufra solo lo que sufriste vos?
-Alguien se tiene que sacrificar-remató Felisa y cortó.

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