domingo, 30 de septiembre de 2007

Fin de mes

Se va septiembre con su bolsa de novedades. El domingo se estira a través de sus 28°. Ya casi pasó la primavera y, a pesar de los dos meses y medio que le restan, ya comienzan los calores veraniegos. El día está traslúcido y el cielo parece duro de tan azul. Las plantas reclaman su cuota de agua diaria e imponen su presencia demandante de verano. El año entra en su último trimestre destellando sus mejores luces: lo que había comenzado denso y oscuro se deslíe en amarillos y naranjas que tornasolan delicados en violetas y verdes. La casa está silenciosa y vacía. Faltan los últimos cumpleaños del período. Si me atreviera a afirmarlo sin temer el pecado de hybris diría que me siento feliz. La soledad mutó en una compañía floreciente que huele a azafrán, a ánforas olvidadas en las costas azules de Marsella, a pinares y arenas en el atardecer soleado de Canelones, al agua transparente del Caribe y a niños, muchos niños, que siempre son para mi corazón una alegría. No me puedo quejar. Yo también pido el mismo deseo al ver pasar un tren. Y de tanto desear se me va cumpliendo. Dicen que hay que tener cuidado con los deseos. Creo que es un consejo de resentidos: hay que desear a manos llenas, siempre se derrama algo entre las falanges entreabiertas. Mañana será octubre y está todo listo para numerosos estrenos. Y así el tiempo crece hacia su superación.

1 comentario:

Anónimo dijo...

;-)

une besote.
el enano

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