martes, 18 de septiembre de 2007

La espera

Su vida se ha reducido: ahora sólo se trata de esperar. No es una paciencia fructífera: es un ansia ingobernable que necesita devorar el instante para que el tiempo se mueva hasta el final. Camina por la misma razón: los pasos la conducen hacia la meta que desea y teme (Le he llevado los lentes que me ha pedido para leer; pero no quiso que se los dieran por miedo a usarlos para morir). Así espera que yo llegue, que le sirvan el té, que le den los remedios, que yo me vaya, que le lea, que regrese. espera porque se ha dado cuenta de que la vida es sólo eso: una espera que disfrazmos de trascendencia. En el entretanto, persigue a als enfermeras para saber cuándo llegará el momento preciso del próximo evento, mira el reloj con obsesividad para saber la hora en que algo debería suceder, se acuesta porque todavía falta y se levanta de inmediato para comprobar si ya está. Y así el tiempo va pasando, la vida va pasando, el futuro se va haciendo presente y se va muriendo: en una espera que es infinita no porque no tenga fecha de caducidad sino porque desconocemos siempre cuándo sucederá.

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