La sangre de mi sangre

para Luca y Miranda

No se comprende bien cómo es este asunto de la sangre, qué lleva a que mire esos ojos y sepa que son parte de mi carne, que esas manos que me apretan la cara forman mi historia aunque las haya visto por vez primera hace seis días, que esa boca que me besa pegajosa y con sabor a chocolate estaba adentro de las primeras células que llenó mi memoria, que esas palabras a media voz le hablan a un instinto primigenio que algunos llaman biología y especie. No se comprende por qué repito las mismas historias que le conté a mi hijo, hago los mismos juegos que hace veinte años a él lo entretenían, me como a besos sus ombligos y cachetes nuevecitos como antes los filiales. No se comprende dónde reside ese perfume a bebé que es siempre idéntico ni por qué lo anhelaba con el centro profundo de mis entrañas. Y sin embargo pasa y ahora, a la distancia, como si siempre hubiera estado junto a ellos, los extraño, los añoro, los recuerdo. Son sangre de mi sangre. Son algo raro porque son casi lo más próximo que poseo y sin embargo hasta hace seis días no los había visto ni una vez. No los llevé en mi vientre, pero los amo como si así hubiera sido, como si hubieran estado siempre en mí.

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