Entradas

Mostrando entradas de octubre, 2007

Anécdota escolar XXXIII: No hay rosas ni jazmines

Profesora: (Devuelve unas evaluaciones llamando a los alumnos por su apellido) ¡Flores! ¡Manuel Flores!
Alumna 1: No vino. Está ausente.
Profesora: Bueno... ¿Se acuerdan lo que dijimos de los hipónimos?
Alumnos: Sí.
Profesora: Bueno, entonces vamos a escribir cuatro hipónimos en cada clase. Empecemos... ¿Deportes?
Alumno 2: (Levanta la mano) Fútbol, rugby, tenis y basquet.
Profesora: Bien. ¿Diarios?
Alumno 3: Clarín, Página 12, La Nación y Crónica.
Profesora: Bien...¿Nombres?
Alumno 4: Ana, Matías, Pedro y Camila
Profesora: Muy bien. ¿Flores?
Alumna 1: Ausente.

Memorias de mi padre

Imagen
Mi padre es una imagen borrosa que la locura de mi madre procuró opacar. Todo el espacio familiar lo invadieron sus ataques dementes en medio de los cuales mi infancia procuró ser mediana y normal. Fue mi padre quien con su empecinamiento daba a los días cierta cuota de cotidianeidad a veces obtusa y obsesiva, pero un ancla adonde aferrarse en medio de semejante vendaval. De él recibí algunas cosas: el anillo de compromiso de su madre, una caja de pinturas Carandache, un libro de cuentos de los hermanos Grimm, una serie de novelas de Julio Verne y la Literatura latina de Jean Bayet. Mi padre era parco en sus demostraciones emotivas, pero volvió a la casa familiar en cuanto supo que yo había nacido y nunca jamás me dejó de amar. Pagó la culpa del abandono y el amor filial con el furor de erinia psicótica de mi madre y se mantuvo siempre atrás, sin contradecirla, sin ser él. Decía "en una familia alguien debe sacrificarse para que los demás sean felices" y un buen día su cora…

Anécdota escolar XXXII: Con la be basta

Alumno: ¿Hoy es el dictado?
Profesora: (Mirando sus papeles) Sí, hoy.
Alumno: ¿Vas a tomar palabras con las reglas de "b" y "v".
Profesora: (Sin levantar la vista) Sí, de "b" y "v".
Alumno: Entonces el resto de las letras las escribo como quiero... ¿o me vas a bajar puntos si las uso mal?
Profesora: (Deja de hacer lo que está haciendo y lo mira asombrada)
Alumno: ¡Pero si es de "b" y "v"!

Cuentos para Maïa 7 Las palabras de Isabel

Imagen
Para Isabel Estevarena que a los catorce años lee el diccionario y
para su papá que todos los días siembra tres palabras en su corazón.
Isabel apenas hablaba: dos o tres palabras y las manitos para señalar las cosas, dos o tres palabras y una sonrisa para convencer a todos. Mientras fue chiquita, todos se encogían de hombros con ternura y le alcanzaban lo que sus dedos marcaban. Total, era tan suave, tan dulce, tan tibiecita que todo se le perdonaba a Isabel con sus trenzas rubias y sus ojos negros.
Pero el problema empezó después, cuando tuvo que ir a la escuela porque, claro está, la maestra no le prestaba demasiada atención. Cuando Isabel le sonreía y le señalaba con su dedo la tiza o el pizarrón o el cuaderno, la maestra también le sonreía e inmediatamente se dedicaba a calmar a los otros treinta chicos que berreaban, pataleaban, se daban coscorrones y gritaban a voz en cuello todas las palabras que nadie deseaba oír.
Así que Isabel fue marchitándose como una flor sin agua y…

Nostalgias

Imagen
A posteriori*

No sé cómo, pero querría conocer el Bósforo y sus márgenes irisdiscentes; sumergirme en las aguas de esos mares y dejar que me impregne el aroma encantado de sus sílabas. Tomar un tren que me lleve a ver los labios abultados y asiáticos con que Europa se besa a sí misma. Cruzar el mar de Mármara, los Dardanelos y mojar mi melancolía en el mar de su color. Pasar por el golfo de Antalya, desayunar café en Estambul y divisar a lo lejos sus torres turquesas y el perfume del Egeo pasando Samotracia. Llegar a Éfeso donde sólo ha quedado una columna en pie para honrar el pasado de aqueos y de argivos. Sentir Alejandría tras los velos quemados de todos los papiros y los códices y oler la sangre derramada en el Peloponeso. Y, en mi regreso, surcar las aguas del mar de las historias donde vagaron Eneas y Odiseo impregnados en nostos : el estallido de las islitas amarillas de Grecia, Sicilia, Córcega, Cerdeña, Túnez y los restos esparcidos de Cartago donde Dido mató en su cuerpo los…

La memoria donde ardía (fragmento)

Imagen
Este domingo las abuelas de Plaza de Mayo cumplen 30 años de búsqueda de sus nietos. Treinta años es una vida. Esos nietos ya son hombres y mujeres y tal vez tienen sus propios hijos. Cualquier sociedad que se jacte de ser civilizada debe garantizar la identidad de sus miembros. Hace unos años escribí una novela y éstas son sus páginas finales.
Que los nietos aparezcan y las abuelas puedan disfrutar de ser abuelas pronto, muy pronto.

La oficina del juez es grande y tiene una alfombra roja gastada. Una secretaria de trajecito color café te hace pasar. A tu papá le dicen que espere y a Iris también. Adentro está también la doctora con la que estuviste hablando mucho en estos días. Ella te contó queFederico era tu papá, porque lo había dicho un análisis de sangre que, te explicó,comparaba tu sangre con la de él. Pero, además de eso, ella nunca había sido tu mamá. Que tu mamá era la hija de Iris, Alma. Por eso también le sacaron sangre a Iris para comparar. O sea, te dijo la doctora que tu…

Desde Cádiz

Imagen
a Teodoro Miciano Becerra
a Olga Becerra Vila

Ya era la hora pero nadie venía a buscarlo. ¿ Y sus padres? ¿Y sus hermanos? El barco estaría zarpando desde Cádiz, abriendo el agua en dos con su quilla de acero rojo y llevándose lo que a los diez años es un mundo: un padre, una madre y cuatro hermanos. Qué larga es la noche de Jerez cuando el mundo queda en otro sitio donde moraron tiempo atrás los fenicios, ese reino de comerciantes que mil cien años antes del nacimiento fundaron el recinto amurallado donde ahora el buque rompe el agua y las olas se estrellan en el pecho angustiado del pequeño. Pasaremos la noche en Jerez y mañana, había dicho el padrino, irás a Cádiz, subirás a ese barco y partirás con los tuyos cruzando la masa verde del océano. ¿Y quiénes son los tuyos? Teodoro pensó en su nombre. Eso era él para Manuela: un pequeño regalo de los dioses que dormía esa noche en el aire conmovido de jazmines de una España que, más allá de los mitos de pureza y de sangre, era una mezcla …

Anécdota escolar XXXI. Preguntá que te contesto

(Durante una evaluación)

Alumno 1: (Levanta la mano) ¿Puedo hacer una pregunta estúpida?
Profesora: (Risas) Sólo si admitís una respuesta estúpida.
Alumno 1: (Se encoge de hombros) ¿Se escribe "yo y mis amigos" o "mis amigos y yo"?
^*^*
Alumna 2: El que trabaja con leña, ¿es un leñero?
Todos: (A coro) Es un leñador.
^*^*
Alumna 3: ¿Cómo se escribe "gómito" o "vómito"?
Alumna 4: El que se lanza un "gómito" es porque comió muchas gomitas.
^*^*
El alumno 5 tiene que analizar sintácticamente la oración "El cuervo encontró un queso muy sabroso". A la estructura "muy sabroso" le coloca por debajo "Circunstancial de gusto".

El huevo cigota. Entrega 15

Donde la nena cuenta su primera vacación sin papá y mamáLa mamá y el papá se fueron. La tía Perla los despidió y el avión remontó el cielo y los depositó en el Hotel Casino de Carrasco, en su escalinata curva de mármol y sus puertas vidriadas. Chau chau, decía la tía perla con su saco de piel y su collar de cuentas pequeñitas y blancas. Chau chau y cuando el avió no se vio me envolvió en su abrigo tan peludito mientras el viento húmedo de septiembre soplaba fresco en el aeropuerto. Chau chau y sus brazos eran una cuna calentita en el taxi que nos dejó en Echeverría y Libertador con dos bolsos: uno de ropa y pañales y otro con los frascos de leche. Chau chau y el ascensor trepaba hasta el piso dieciséis y se abría la puerta de un departamento desde el que podía verse el río y, si estaba claro, hasta se divisaba el Uruguay donde el papá y la mamá viajaban en su avión bicolor.
-¡Qué chiquita!- decía la tía Perla mientras trajinaba con almohadones y almohadas para que no me cayera de la ca…

Maïa o el amor

Imagen
Es raro el amor. Miro la foto de una niña a la que no conozco, pero extraño. Puedo esbozar millones de argumentos: que la quiero porque amo a su padre que es mi hermano con quien he transitado caminos de ida y vuelta al paraíso y al infierno, que los niños son siempre bellos -sobre todo si a una no le cabe la responsabilidad de criarlos-, que he pasado ya por la maternidad y llevo en mi acerbo una experiencia de errores que no volvería a repetir, que tengo nostalgias de una familia que siempre me fue escasa y esquiva. Pero nada sirve para explicar cómo me imagino su perfume y su tibieza, su vocecita francesa que garrapatea en el español que soy yo, que siento sus besos, sus abrazos, el pseo que se desmaya cuando un niño se va durmiendo sobre nuestro cuerpo. Y mis hermanos están lejos y me han privado de la dicha de la tía cotidiana que sería, de los miles de pesos que gastaría en libros, en globos, en muñecas, en chocolates, en vestidos celestes y rosados con florcitas bordadas y c…

Oportunidades

La dejo en la puerta, detrás de un vidrio al que me acompañó para despedirse, abrazada a dos enfermeras que la consuelan. Llora. Al borde de la emoción se le arrasan los ojos de lágrimas. Camino bajo la lluvia cinco cuadras por Olazábal hasta Triunvirato sin poder contener yo, ahora, las mías. Es injusta la vida. Siento su desamparo: tan frágil, tan tenue, tan etéreo el hilo que la sostiene. Le brindo lo que tengo para ella: dos visitas semanales que duran aproximadamente dos horas cada una, mi charla sobre tiempos pasados, besos ruidosos, canciones, abrazos, caricias, una taza que repongo cada vez que se quiebra cuidando buscar cada vez una que sea más bella, de mejores colores, más fina; diarios, libros, revistas, fotografías, flores, dulces, frutas rojas que busco denodadamente por los mercados de la zona. Y todo, todo es insuficiente; porque cuando me voy se abraza a las enfermeras y llora. Y yo camino por Olazábal, también, en lágrimas y nada puedo hacer para que todo recomience …

Postales escolares IV: Península de Valdés

Está siempre desgreñada y chancletea con sus zapatillas a media asta hasta el fondo del aula, desganada y abúlica, para echarse en el banco del rincón. Su único interés es un celular con MP3 que satura su cerebro toda la clase y del que emerge de vez en cuando para blandir un libro y fingir para mí que está haciendo algo. A veces ni siquiera eso: apoya la cabeza entre sus brazos y duerme plácidamente toda la hora. En una oportunidad, el piso alrededor de su banco quedó tapizado de papeles de bombones de chocolate que fue comiendo a lo largo de la clase de una caja que deslizaba cada vez que acababa el que se derretía en su boca. Tiene un novio en la otra punta del salón y se arroja sobre él en una especie primavera patagónica y peninsular, con unos resoplidos de gozo y satisfacción. Después se abrazan, se pegan, se empujan, se besan en un regocijo aburrido y costumbrero. Va y viene por las filas hasta que oye mi grito que la llama una y otra vez a guardar su lugar. Y vuelve cansina …

Cuentos para Maïa 6. Un viaje de primavera

Imagen
Mariela una y otra vez movió sus ojos. Desde la hoja blanca de su cuaderno hacia las grandes letras del pizarrón: COMPOSICIÓN. Tema: “La primavera.
-¡La primavera! –pensó Mariela- ¡Pero qué aburrido! Siempre la misma tontería: que las flores, que las mariposas, que los pajaritos y el sol. Y a mí, no se me ocurre nada, pero nada, nada.
El pizarrón de tan negro parecía un cielo estrellado donde la luna con letras de luces blancas hubiese escrito: la primavera.
Los ojos de Mariela se perdieron en la inmensidad de la noche y una por una fueron encendiéndose todas las estrellas. La tinta de su lapicera se escapó hacia un inmenso manchón azul lavable que inundó el espacio de un tibio olor a sal marina. Y el cuaderno plegó una por una sus cien hojas formando un velero. Comenzó a soplar el viento nocturno, mientras el cielo encerado y negro iba abriendo más y más puntos luminosos. Y allá, en lo alto, sonriente y cálida, una suave luna de tiza cosquilleaba en el filo de la sombra. Mariela sonrió …

Postales escolares III: Primavera cero

De pronto, sin previo aviso y teniendo en cuenta la estación florida, la buena alumna sintió adentro suyo, en ese revoltijo femenino denominado entrañas, un estallido de hormonas que la cegó. Debe haber apartado los libros a un costado y apoyado la frente sobre el escritorio frío de madera sin comprender muy bien qué sucedía. Debe haber intentado reponerse, poner los libros otra vez en su sitio y volver a estudiar. ¿Verboides? ¿Policial? ¿Signos reflejos? Y las hormonas pujando en su cerebro agotado a esta altura. Lo dejo para después, pensó. Y se entregó a la dulce ensoñación del deseo que, a los quince, se disfraza de amor. Debe estar durándole todavía y en curva francamente ascendente porque desde septiembre, la mejor alumna, en cada evaluación, no sale del cero.

Postales escolares II: Raiman

Transcurrió todo el 2006 oculto tras sus cabellos y garrapateando trabajos en unas letras, mezcla de jeroglífico egipcio e ideograma mandarín. Sentado junto a la pared doblaba su pierna derecha sobre su pecho con el pie apoyado en el banco como si quisiera trazar con su extremidad un muro que lo separara de la peligrosa proximidad de ese otro ser extraño al que llamaba (yo) su compañero. Cuando llegó mayo de 2007 se despertó. Un peluquero le despejó la cara y aparecieron brillantes sus ojos listos para la guerra. Desde entonces no deja de molestar: grita, golpea, empuja. de su letra desconozco qué evolución pudo haber tenido porque entrega siempre en blanco. Sé que su propia felicidad reside en este cambio, pero añoro el muro corporal de 2006.

Postales escolares I: El dios bifronterizo

Las miro desde el frente. De una se dice, en discurso neopsicopedagógico, que no ha alcanzado la etapa del pensamiento abstracto y las operaciones lógicas. De la otra nadie dice nada: es rozagante y tiene la mirada de los que viven en el limbo y obtienen allí la gracia de una completa felicidad. La primera se sienta a mi izquierda, la segunda a la derecha y se apoya sobre la primera con el antebrazo en el hombro de su compañera y la cabeza reclinada sobre la de la otra. Así escriben, leen, trabajan, murmuran historias que sólo ellas conocerán y se ríen quedamente. A simple vista son distintas, pero en el banco recostadas una sobre la otra conforman una masa indiferenciada y débilmente iluminada. Ambas forman el pelotón que ya se anotó a examen desde mayo. Sobrevuelan sus aplazos con simpleza e ignorancia y mis palabras deben configurar murallas que no osan siquiera rozar. Alrededor el mundo del aula estalla en gritos, empujones, hormonas reventando más allá de los límites de los cue…

Palabras

Desde ayer por la noche tus palabras se esconden en mi boca y hacen pueblos chiquitos donde mi dolor puede arrrellenarse hasta desaparecer. La madrugada era una fría planicie de vientos que soplaban levantando los bordes de los recuerdos para dejar pasar el sol. Antes o después que dijiste lo de la valentía (a no confundir con una vulgar temeridad), mis ojos se llenaron de lagunas, de murallas de piedras vivas por donde el agua caía como un bálsamo aliviador. Después llegó el día que puso una distancia de cuadras y de horas, de baldosas y cántaros, y la fatiga fue trasladándose de un cuerpo al otro como si fueran besos en la tibieza desnuda de la piel. Quise callarme, pero tus palabras ocultas desdoblaban los verbos y buscaban mis dedos para fructificar.

Anécdota escolar XXX: A ese no lo agarró la inflación

Profesora: A ver, ¿quién resumió la historia en cinco renglones?
Alumno: (Desde el fondo) Yo, yo.
Profesora: Bueno, Tomás, leélo vos.
Alumno: (Lee lo que escribió) Dupin y su amigo leen en el diario el relato de un extraordinario asesinato de dos muejres. Realizan una serie de investigaciones en el lugar del crimen y Dupin descubre, con su gran inteligencia, que el culpable había sido un orangután. Cita al dueño del animal fugado, logran atraparlo y lo venden a doscientos.
Profesora: ¿A doscientos? ¿De dónde sacaste eso? El cuento de Poe no dice a cuánto lo vendieron. Estoy segura.
Alumno: No, lo corrigió usted en la evaluación.
Profesora: (Piensa un segundo y se ríe) No, Tomás, a doscientos no. Lo venden al zoo, al zoo.

Las cajitas de la isba de Iván y la princesa de los labios de miel

Imagen
Iba a comprar una taza para llevarle a ella. Entré al bazar para pasear en un día en que lllovía, llovía y llovía. deambulé entre anaqueles de platos de colores, de vasos de cristal, de extraordinarios utensilios que no se sabe bien qué utilidad podrían tener y que parecen instrumentos de tortura listos para usar y empaquetados con celofán. Y de pronto ahí, en un estante, estaban alineadas. Inmediatamente recordé aquel cuento ruso del caballito mago en el que la princesa estaba escondida en una torre muy, muy alta y el zar juraba darla en matrimonio aquel que fuera capaz de besar sus labios de miel (en esa época me parecía una imagen terriblemente bella) picando con su caballo para alcanzarla. Todos los nobles del imperio lo intentaban y nadie lo lograba. Una noche, el tercer hijo de una familia, apodado Iván el tonto, va al bosque y se encuentra con un caballo negro y poderoso. Iván lo alimenta y el caballo le dice que se introduzca por su oreja izquierda y salga por la derecha. Lo h…