sábado, 20 de octubre de 2007

Nostalgias



A posteriori*

No sé cómo, pero querría conocer el Bósforo y sus márgenes irisdiscentes; sumergirme en las aguas de esos mares y dejar que me impregne el aroma encantado de sus sílabas. Tomar un tren que me lleve a ver los labios abultados y asiáticos con que Europa se besa a sí misma. Cruzar el mar de Mármara, los Dardanelos y mojar mi melancolía en el mar de su color. Pasar por el golfo de Antalya, desayunar café en Estambul y divisar a lo lejos sus torres turquesas y el perfume del Egeo pasando Samotracia. Llegar a Éfeso donde sólo ha quedado una columna en pie para honrar el pasado de aqueos y de argivos. Sentir Alejandría tras los velos quemados de todos los papiros y los códices y oler la sangre derramada en el Peloponeso. Y, en mi regreso, surcar las aguas del mar de las historias donde vagaron Eneas y Odiseo impregnados en nostos : el estallido de las islitas amarillas de Grecia, Sicilia, Córcega, Cerdeña, Túnez y los restos esparcidos de Cartago donde Dido mató en su cuerpo los amores traicioneros de Roma, las antiguas colonias de la costa francesa con sus ánforas enterradas en la arena, el abismo azul y ultramarino de Capri y sus cuevas, soñar Fenicia y sus ciudades amuralladas en España hasta llegar a Cádiz. Morir de dolor en Algeciras donde todo termina porque Isabel fue más fuerte que su catalán esposo. Nunca tan otra, nunca tan yo: esto que soy, lo que deseo ser, lo que jamás seré. Siglos de historia, siglos de cuentos y una nostalgia por lo que vive allá, lejos de este río que me bordea con sus aguas de barro y esta llanura que, de tan ancha, no pueden distinguirse sus comienzos.

*Olga. este texto lo escribí el 30 de agosto, cuando vos y yo no nos habíamos cruzado; pero Bulgaria y el Mediterráneo ya nos estaban acercando: vos para tu jubilación y yo para mis nostalgias.

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