viernes, 5 de octubre de 2007

Postales escolares I: El dios bifronterizo

Las miro desde el frente. De una se dice, en discurso neopsicopedagógico, que no ha alcanzado la etapa del pensamiento abstracto y las operaciones lógicas. De la otra nadie dice nada: es rozagante y tiene la mirada de los que viven en el limbo y obtienen allí la gracia de una completa felicidad. La primera se sienta a mi izquierda, la segunda a la derecha y se apoya sobre la primera con el antebrazo en el hombro de su compañera y la cabeza reclinada sobre la de la otra. Así escriben, leen, trabajan, murmuran historias que sólo ellas conocerán y se ríen quedamente. A simple vista son distintas, pero en el banco recostadas una sobre la otra conforman una masa indiferenciada y débilmente iluminada. Ambas forman el pelotón que ya se anotó a examen desde mayo. Sobrevuelan sus aplazos con simpleza e ignorancia y mis palabras deben configurar murallas que no osan siquiera rozar. Alrededor el mundo del aula estalla en gritos, empujones, hormonas reventando más allá de los límites de los cuerpos y ellas permanecen incólumes en su burbuja de inocencia. Sin saber, sin entender, sin gozar en plenitud de los dones de la razón, ellas han alcanzado el techo de su propia satisfacción. Seguramente serán mucho más felices que yo.

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