viernes, 3 de noviembre de 2006

2006

Comienza el tramo final de un año que fue un dolor atravesado de cabo a rabo; pero el muy turro tiene la desfachatez de despedirse con días luminosos y llenos de novedades. Como si quisiera decirme: "mirá todo lo que hubiera podido ser y no fui". Es cierto que después de este 2007 ya nada podrá ser igual. He llorado tanto que no me quedan muchas lágrimas aunque ese reservorio en mí parece no agotarse jamás. Entre las cosas horribles se contabilizan bestaias sedientas de venganza, encierros, golpes, geriátricos, silencios, soledades y la angustia infinita y perdurable de que el abismo entre el ser que más amo y yo es cada vez más arduo de remontar. Entre las cosas buenas están mis amigas que esperaron que terminara de llorar del otro lado del teléfono para decirme que todo iba a pasar, la paciencia eterna de Julio y su amor, las hijas que me regaló, el restablecimiento de Cecilia y el haber conocido su fragilidad, mis sobrinos y mis hermanos que me devolvieron cierta fe y esperanza en la sangre que siempre vuelve a buscarse, la familia que mi padre me acerca desde sus sombras para que yo vuelva a confiar y a rescatarlo del silencio, los alumnos y ex-alumnos que me obligaron en los peores momentos a sonreír, un viaje al sur que me llenó de felicidad. El 2006 se va y lo voy a despedir, como nunca antes, con una mesa larga desbordada de voces infantiles que son lo mejor que me podía este año infame regalar. Por suerte el tiempo me es develado como un vector hacia el futuro y, lejos de toda cultura circular, puedo pensar que al muy guacho no se le ocurrirá regresar.

2 comentarios:

Maria Alejandra dijo...

Veamos el vaso lleno. Creo que el sol empieza a salir y una nube no puede cubrirlo todo el tiempo. Sólo en Macondo llueve tanto ;)

Julieta Pinasco dijo...

Yo, por las dudas, este año me compré dos paraguas nuevos. No vaya a ser que al 2008 se le dé por el realismo mágico.

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