miércoles, 5 de diciembre de 2007

El huevo cigota. Entrega 17

Donde se cuenta cómo se cumplen dos años cuando se fue huevo cigota

Ahora la nena va a cumplir dos años. Sólo dos años. Dominga le pone unas medias de lana largas y unos zapatitos de charol con presilla que se cierra con un botoncito. La nena se mira los pies. Qué lindos son los zapatitos de charol que le regaló la tía Felisa. Si hasta dan ganas de ponerse a bailar. Bailar dando vueltas y vueltas hasta que la casa desaparezca con su sombra de terror. Si la nena gira con los zapatitos de charol no ve nada, todo se va. A la nena le gusta bailar porque el cuerpo se cansa y a la noche se duerme bien. Bailar, saltar, correr, pero siempre sin ruidos, siempre con gritos de alegría chiquitos que nadie pueda oír porque la nena sabe que la mamá no quiere que nada la moleste. Por eso se encierra en su pieza.
La nena a veces se asoma y ve a la mamá en la cocina; entonces corre y se sienta en su sillita para charlar. Pero la mamá no habla, la mamá nunca habla, no dice ni una silabita y le da la espalda, una espalda flaca en la que asoman, como dos alitas, los omóplatos engarzados al hilo nudoso de la columna vertebral. La nena zarandea las piernitas, pero poco, para que no hagan ni un soplido que pudiera molestar a la mamá. La nena abre los ojos -mucho- para poder entender y frunce el ceño, ahí, entre las dos cejitas. Y, como lo entiende, le duele en el centro del vestido que le cosió la tía Margarita con una tela de gatitos y puntillitas celestes. La nena entiende que la mamá no la quiere, nada la quiere y pasa el dedito por la mesa y el dedo se pone rojo, rojo de tanto apretar. La nena siente los cachetes calientes y unas lágrimas van cayendo de los bordes de sus ojos y mojan la mesa en gotones que explotan al tocarla. Pero la mamá le sigue mostrando sus alitas de hueso y la nena piensa que es un hada que va a volar y que se va a ir dejándola sola en la casa con Dominga.
Esa tarde, cuando el papá regresa del trabajo, se encierra con Dominga y la mamá en la sala. La nena, en su cuarto, oye palabras sueltas que no puede entender.
-No -dice Dominga- yo no cuido otro bebé.
El papá resopla, la mamá llora y Dominga vuelve a decir que no, que no y que no. Entonces la mamá dice que ves, que yo te dije y llora más fuerte y cruza el patio hacia su pieza. Mientras peina a su muñeca Ramona, la nena escucha que la puerta del cuarto de sus papás se cierra con llave después que entra la mamá y el papá dice algo que la nena no alcanza a entender, pero le agarra dolor en el vestidito y pone a Ramona en su cama y empieza a girar y cantar a los gritos porque ya no le importa que la oigan... si, aunque grite, nadie ahí la quiere oír.
Pero Dominga sí y abre la puerta:
-¿Querés venir a San Juan?
La nena deja de girar y cae al piso. ¿Qué será San Juan? El papá, atrás, le explica que es un lugar con montañas donde vive la mamá de Dominga y que la mamá y él le van a regalar a la nena un viaje a San Juan para que festeje allí su cumpleaños de dos.
-Y vamos a hacer una torta- dice la mujer.
-A mí no me gustan las tortas-contesta la nena y abre los ojos. Frunce el ceño y los párpados de abajo se le llenan de agua en el borde. Pero, como no va a llorar, se levanta y se pone a bailar.
-Después del aborto- dice bajito el papá en el oído de Dominga- le mando el telegrama y se vuelven.-y sale a través del patio a golpear la puerta para que la mamá lo deje entrar.
Esa noche, la nena se duerme en el tren que la lleva a San Juan, abrazada a su muñeca Ramona. Ramona, Ramona. Es negra Ramona. Y algo pelona. Ramona rabona. Con piernas de lona. Ramona bombona. Tremenda bocona. No sabe Ramona. Es bobalicona. La pobre Ramona. Pregona burlona. Se agita temblona. Tiene vomitona. Pero reflexiona. Ramona impresiona. Es una bribona. Y es muy llorona. Gritona Ramona. La tonta bribona. No usa corona. Parece ratona. Es una meona. Ella no perdona. Ni a su patrona. Es una fisgona. Una cabezona. La boba Ramona. Su cuello almidona. La pobre Ramona.

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