jueves, 20 de diciembre de 2007

Mamá era un hada


Mamá tenía alitas de hueso en la espalda.
Unas alitas tejidas con traslúcidos filamentos de calcio que la llevaban lejos,
a un territorio donde había silencios impenetrables como la selva
y cerrados como las noches oscuras de Finlandia.
Mamá era un hada escondida
en el secreto de su locura sorpresiva
y sabía hacer flotar violentas las vajillas
o abrir ventanas para iniciar un vuelo
o sumergirse en aguas azules en las que decía no saber nadar
o apurar frascos de venenos oscuros.
Las alas de mamá eran diminutas a veces,
pegaditas por capas de piel para disimular;
pero otras se abrían hasta taparlo todo,
inclusive el mismo sol.
Mamá tenía vestidos largos que nunca usaba,
collares de colores que jamás se ponía,
zapatos de tacones que siempre ocultaba.
Mamá no cocinaba,
no me llevaba a la plaza,
no me despertaba con tostadas;
mamá no cosía,
no bordaba,
no abría puertas que dieran a otros juegos,
porque ella era un hada
y las hadas deben descansar en dedales,
beber jugo de amapolas,
y dormir en medio del silencio de bosques de jazmines.
Mamá tenía alitas de hueso en la espalda.
Yo todavía se las veo.

1 comentario:

jai guru deva dijo...

dios mio que escrito tan bonito...!

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