miércoles, 31 de diciembre de 2008

Su mundo por un tejado


Creció en un departamento de un ambiente del que nunca salía y gastaba sus energías saltando del ropero al sillón o haciendo carreras entre los estantes de la biblioteca. Avatares de la existencia lo cargaron en el baúl de un auto y lo depositaron en un piso 12 con vista a la calle Malabia donde los cuatro ambientes deben haberle parecido un reino. Más tarde , semejantes circunstancias lo trajeron a casa: patio, terraza, puertas y ventanas abiertas, escaleras, tejados y jardines vecinos. Termina el día exhausto y dormita en una silla, debajo de la mesa y al amparo de tanta exagerada desmesura. Durante la mañana se desliza sobre el techo entre las plantas desbordadas que compartimos con los vecinos. Su instinto dormido de tigre se ha despertado y vigila, desde las chimeneas y la ventilación, el silencio ventoso de la cuadra. Sus ojos se han vuelto verdes y hondos para comprender cómo había vivido tantos años sin saber qué era esto de ser gato de casa abierta y barrio bajo.

lunes, 29 de diciembre de 2008

Feliz Año Nuevo para Lucía Elisavetsky

Lululi, hace unos años que compartimos la noche de Año Nuevo y este año, justo diez días antes de que te vayas lejos, vamos a cenar en mesas alejadas y en puntas diferentes de la ciudad. Escribo y se me llenan los ojos de lágrimas pensando qué vas a comer, con quién te vas a abrazar, cómo va a ser tu Feliz Año Nuevo. En la vida, tu papá nos cruzó y nosotras tejimos solitas una guirnalda de flores de todos colores que unió para siempre nuestros corazones y que ahora debe tejer unos tramos más que unan Buenos Aires y el DF, unos tramos más que atraviesen mares azules y cordilleras heladas, desiertos amarillos y selvas verdes y en nuestra guirnalda siempre van a ir palabras enredadas para acunarte allá, para alegrarme acá. De todos los regalos que la vida se empeña en darme, vos, Lululi, sos uno de los más lindos que he recibido. Ojalá seas feliz en México, ojalá la vida a vos también te regale belleza a manos llenas, ojalá se te llene el corazón de profundos perfumes y tengas el mejor 2009 del mundo. Y aunque estemos lejos el 31, vos vas a estar en mi mesa y, como siempre, en mi corazón. Te quiero por toneladas. Feliz Año Nuevo. Jujuli

domingo, 28 de diciembre de 2008

Ahora somos tres

Todos regresan a la casa que los vio nacer. Y cuando vuelven, los de entonces, aquellos que éramos hace algunos años, ya no somos los mismos. Ahora somos tres: Pablo, Gato y yo. A veces somos cuatro porque viene Gisele y la familia crece. Multitudes de corazones en la casa que era, en la casa que es, en la casa que seguirá siendo aunque no estemos todos acá para siempre, aunque otros se vayan acercando. La casa nos conoce, nos recibe, nos cuida, nos protege. Entre sus paredes cantamos, leemos, vemos películas, tocamos la guitarra, escribimos, cocinamos y nos confiamos muchos secretos que son necesarios ahora para acunar el alma, para reparar nuestros corazones que estaban lastimados y dolían. Ahora nos abrazamos muy fuerte hasta sentir que podemos y sabemos estar juntos y que, aunque Europa haya quedado allá lejos con su invierno helado, acá hemos ganado un hogar que tiene naranjas exprimidas , tostadas y confidencias a la hora de las tazas. Y Gato se echa sobre el piano como si nunca se hubiera ido, como si fuera parte de este territorio. Y somos tres o cuatro o cientos, pero somos nosotros porque nos vimos los dobladillos gastados y la pelusa que guardábamos en el bolsillo y nos quisimos mucho, como siempre.

sábado, 27 de diciembre de 2008

Burbujitas

En ese instante en que la aguja del reloj se mueve hacia el momento siguiente, tengo mil burbujitas en la garganta que estallan como pompas de jabón en un día azul al sol. Atrás hay un campo verde y huele a lluvia que acaba de caer y ya se fue. Es verano y las burbujitas suben desde mi estómago, se amontonan en mi garganta y explotan con sabor a fresa y a confetti blanco. Y pasa el segundo y vuelve a suceder. Si Gisele sigue tocando el piano, quizá las burbujitas se pongan a bailar en una ronda y dejen de estallar como pequeños arco iris de colores: índigo, añil, bermellón o esmeralda o amarillo limón. Miles de burbujitas subidas a las notas del piano que en el cuarto de al lado no deja de cantar.

Samedi dans la nuit

Llega el sábado con lluvia.
La tierra huele a humedad y a campo.
La casa está todavía dormida y nadie habla.
Espero una noche sin luna y el río como una boca pronta para morderme.
En el horizonte brillan unos barquitos diminutos que no se sabe si parten o regresan.
Sopla una brisa fresca cuando aún no se prenden las estrellas.
Ahora voy y vengo y no me quedo quieta para no pensar demasiado: la adrenalina es mala consejera y siempre sabe a fiesta con serpentinas de colores pasteles.
No quiero hablar de la tarde que falta, de la hora que llega.
Sólo mi vestido de gasa blanca fosforece en la negrura del silencio como una encendida candela.
Hay burbujas en mi estómago que estallan con brillo de purpurina y colores.
No hay cosa que deba programarse: los ángulos de las escuadras están hechos para quebrarse y transformarse en suntuosas líneas curvas que conduzcan hacia cualquier sitio, no tiene importancia. Lo dijo el gato de Chesire cuando Alicia, detrás del espejo, le preguntaba: lo importante es andar, porque todo camino conduce hacia alguna parte.

viernes, 26 de diciembre de 2008

Tiempos verbales


Aitana Carrasco, Salero y Garabato

Mi corazón


En su cuento "El palacio de los monos" dice el escritor italiano Ítalo Calvino: "Y el rey abrió la cajita de la esposa de Antonio y también allí había un pajarito vivo y el pajarito tenía en el pico un lagarto, que realmente no se entendía cómo hacía para estar allí, y el lagarto tenía en la boca una avellana que no se sabía cómo había entrado, y una vez abierta la avellana, apareció, bien dobladito, un tul bordado por cien manos." Y yo agrego: y, una vez desplegado el tul, apareció adentro mi corazón latiendo muy rápido en la madrugada carmesí de Parque Chas.

jueves, 25 de diciembre de 2008

Viaje de Navidad

A esta hora estaría sobrevolando en un avión el océano, ya habría dejado atrás San Salvador y dormiría soñando con el frío de Francia y las manos calentitas de Maïa. A cambio paseo con Pablo por Parque Chas y, de repente, sin darnos cuenta nos encontramos en el sol de la calle Marsella. Y me río pensando que llegué un día antes a destino y que, con sólo cruzar de vereda, estoy en Berlín o en Cádiz. Estoy siempre sobreviviendo a los cambios y me transformo con ellos. La placita de Gándara y Londres está desierta y un pájaro marrón de cola colorada se entretiene cruzando el asfalto caliente y vacía. Hablamos en voz baja porque todos parecen dormidos. He conseguido nuevamente el trabajo que más me gusta: madre de tiempo completo. Planifico un rompecabezas de mil millones de piezas, películas, caminatas y un febrero uruguayo. Entre las grietas podré ir filtrando mi propia vida. Nada permanece mucho tiempo en su sitio y todo muda por no hacer mudanza en su costumbre.

Pommes par Nina Ricci

Huele a manzana acaramelada sobre mi piel todavía dormida y es rojo deslizándose en cada uno de los pliegues de las sábanas de las que debo despegarme esta mañana de Navidad. Es todo brillante y luminoso en este instante y hay perfume a plaza de domingo en mi cuerpo. Ha quedado la noche desnuda en los zapatos de tacones de las doce y la Nochebuena se inunda de colores nuevos como las horas. Tengo reflejos rojos como pequeñas lentejuelas adheridas en mi espalda que trazan un camino, una ruta de pasos, un sendero que se enrosca en mi cintura y adelgaza su trazo en la curva de mis piernas hasta morir en mis finos tobillos. Huele a recuerdo dulce, tan dulce que me duerme, que jamás me despierta, que se hace pámpano de cristal para ascender por mi cuello y dormir en mis cabellos claros hasta mañana, hasta que pase Navidad y llegue el calor del verano a mi cuarto.

Mariposa

Volé hacia el cielo una vez y jamás regresé. Allí soplaba una brisa celeste que remontaba nubes de lluvia y olía a tormenta de verano otra vez. Siempre huele a verano en el cielo azul desde donde se ven los ríos y los árboles pequeños como lágrimas. Tenía en mis espaldas, justo arriba de mis omóplatos delgados, alas de mariposa y se movían llevadas por el aire de enero como gasas irisdiscentes de color encendido. Era fácil dejar llevarse lejos con una mano apoyada en la tibieza plana de mi vientre mientras las sábanas del aire se enredaban en mis piernas largas. Era fácil entonces ser una mariposa: un cuerpo apenas diminuto, unos ojos inmensos y unas alas de fuego y agua. Tan sólo yo tenía deseo y había un cielo verde bajo mis pies y brillaban los cristales de la lluvia como pequeños espejos donde podía verme remontar tan alto que jamás regresé.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Nuevas palabras


Es la mañana aún: siempre de día. El sol es redondo y brilla. No hay más palabras. Ya todas fueron dichas y debemos inventar un lenguaje que sea nuevo, recién creado, que nada haya gastado los brillantes sustantivos, los adjetivos redondos, los pronombres cristalinos, los adverbios veloces y que los verbos sean verdes y estén envueltos en paquetes con moños para que nosotros los estrenemos. Quiero un lenguaje nuevo que tenga perfume de plumas, de brisas en el aire, de mañana de pasto cortado debajo de la lluvia, de panes amasados. Quiero nuevas palabras para decir las mismas cosas que piensa mi corazón desde hace tanto tiempo. Nuevas palabras en esta Nochebuena y para siempre.

El libro de la Navidad

En el libro de esta Navidad sólo voy a escribir la palabra GRACIAS, con letras rojas, con letras prolijas, con letras grandes. Gracias para todos mis amigos que estuvieron abrazándome, gracias para mi hijo que quiere estar bien, gracias para Gi que me ayuda en tantas oportunidades, gracias para mis compañeros de trabajo que me abrazaron en los pasillos y me secaron las lágrimas con apretones de manos, gracias para los que están lejos que no dejaron de llamar o escribir, gracias para mis alumnos que estuvieron y se portaron mejor que nunca, gracias a mis hermanos, gracias a mis sobrinos. Este 24 cuando sean las doce cerraré los ojos para recordar el rostro de todos y desearles lo mejor. ¡Feliz Navidad! Merry Christmas! Joeux Noël! ¡Sean felices, que es lo único importante de verdad!

martes, 23 de diciembre de 2008

Dani Dani Dani

Que deje de ser lamentosa.
Que me ponga ácida e irónica.
Que me deje de joder.
Que basta de tanto duelo.
Que sea divertida.
Querido amigo mío, debe ser la sobreingesta de zapallo: anco, calabaza, burdo zapallo de puchero.
Entre los faunos pasados y los presentes, agregados a la momia malvada que me resopla hace tantos años en la garganta, ni buen o mal humor me queda.
Sin embargo, para que usted sepa, mañana estaré en su casa con mi mejor jean y mis zapatillas nuevas (unas converse negras de lona muy bonitas) y hasta beberé una copa de vino, cosa que nunca hago. Pero le voy anticipando que cuando den las doce lloraré un poco (no perdamos la costumbre) y que se vayan todos a la mierda.
Corresponde,
verdaderamente corresponde.
Eso sí, a las doce y cuarto voy a estar durmiéndome.
Es mi costumbre.
Y no hagas nada más por mí que ya fue suficiente. (The last sale of my life, okey?)
En retribución voy a cenar lo que cocines aunque sea la última Navidad de mi vida.

domingo, 21 de diciembre de 2008

Acabó

It's over
C'est fini.
No hay dudas.
Voy a pasar la Navidad en otra casa para que no me coman las nostalgias las angustias las comezones que no cumplieron todavía siete años.
Así pues se acaba el mundo: con un susurro precoz y un silencio después

sábado, 20 de diciembre de 2008

La Gorgona maternal

Cada tarde
Cada maldita tarde
Cada estropeada y absurda tarde
la Gorgona se planta frente a mí para mirarme
con sus ojos negros como dos pozos
con sus ojos como dos llamaradas de ira
con sus ojos rojos como las banderas de la revolución que fracasó y en la que ella sigue empeñada.
Yo querría
que sus serpientes se disolvieran para siempre en el aire
que su cabeza estallara en mil pedazos
que su cerebro desquiciado y repleto de odio se desperdigara por las cuatro esquinas del cosmos que ella vuelve a transformar en caos cada vez
que su cuerpo enfermo se alejara impulsado por un vendaval de meteoros quemados.
Pero ella me mira de frente
y yo sólo atino a llorar
y las lágrimas me vuelven a rescatar envueltas en el vapor de la tristeza más honda.
Perseo tiene los ojos del color del mármol veteado de azul, pero jamás pudo cortar la cabeza de mi Gorgona personal, la que él mismo trajo una vez hasta mí.
Abandonada al borde de una puerta, detrás de una silla, espero llorando que vuelva a mirarme con su escupida venenosa para gritar que los deseos tienen cuerpo de madre y que nadie viene por mí esta vez.
Bauness es una calle larga que se cruza consigo misma y la policía, los bomberos y el SAME apagan un incendio en una casa blanca al borde de una plaza, pero la Gorgona se quedó atrás encerrada entre las llamas y el agua.

viernes, 19 de diciembre de 2008

Resquiescat in pacem

Obituario:
A los dicinueve días del mes de diciembre del año 2008, en esta ciudad de Buenos Aires, ha muerto una sensación. Sus deudos no la lloran porque dicen que agonizaba hace tiempo. Toda larga agonía evita la profundidad de cualquier dolor. Se ruega enviar flores, de preferencia margaritas blancas.

El agua helada

Con un pie en una orilla y otro sostenido en el aire miro el agua que corre y pienso: "Llegó la hora de darse un chapuzón." Pero siempre me detengo porque las sumersiones abruptas me crean cierto estado de ansiedad. Dicen que, de golpe, el agua helada no se siente, sin embargo siempre prefiero meterme lenta. No, si a mí se nota de lejos que me gusta sufrir.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Cien

Las cosas que no se dicen
Las cosas que se silencian
Las cosas que se evitan
Las cosas que no se aclaran
Las cosas que se olvidan
Las cosas que se maltratan
Las cosas que se abandonan
Las cosas que se dejan morir
son masacotes fríos en medio del estómago
y hay que vomitarlos pronto para no caer en un estado de enfermedad terminal.
Aprendí a contar hasta cien.
En este preciso instante voy por el número noventa y nueve.
Cien.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Today? Yes, yes, yes: today!


La noche transcurre plácida. Cenamos y nos reímos mucho. Eso sólo porque ya somos viejas conocidas. ¿O viejas y conocidas? Desde la mesa de al lado y atrás un hombre no deja de mirarme. Yo no lo miro porque estoy de espaldas a la mesa y me da increible pereza darme vuelta para ver. Se abren ventanales para que entre el aire caluroso del verano y el viento barra todo. Compré un gel lleno de purpurina que viene en un frasco azul. Cuando lo ponés a la luz los brillos flotan suspendidos y reflejan la luz. La piel se me llena de colores bajo las lámparas que cada tanto fallan porque estamos en el tercer mundo y las cosas funcionan así. El gel se las da de filosófico y reza "yesterday is history, tomorrow is mistery, today is a gift!". Parece que todo era bastante más simple de verdad.

martes, 16 de diciembre de 2008

Mónica Volonteri

La extraño como extrañaría una mano si me la hubieran amputado. La extraño en los difíciles días porque me falta su pragmatismo lúcido y brillante. La extraño en los días sencillos porque me gustaría que nos riamos juntas hasta llorar abrazadas. La extraño cuando escribo porque me falta su juicio lapidario y bondadoso. La extraño cuando leo porque navego en la superficie. La extraño en mi terraza que se quedó con horizontes truncos. La extraño porque sin ella no hallo respuesta a mis silencios. No hay nadie que pueda reemplazarla: ella es mi corazón, mi cerebro, mi espíritu; es lo que me falta de madre, de hermana, de amiga. Y está tan lejos, lejísimos de todo, tan en otro universo de calores y playas que yo sólo la extraño y maldigo mi suerte de gente que se va y me parte, de mitades y cuartos que siempre estarán vaciándose. La amistad que nos une cumple este marzo veinte fresquísimos años. Cuando me veo con sus ojos azules soy siempre buena, generosa e inteligente; valgo siempre la pena porque jamás hay pena. Cuando me miro con sus ojos azules soy siempre rescatable y futura, hecha de profundos pasados y livianos presentes. Y sé que, allá, cuando ella se mira con mis ojos ve cosas semejantes y se sonríe feliz en el espejo de las aguas.

Así

Esto es así dos puntos y a renglón seguido me cansé de tanto silencio punto final

Again

Voy a beber café hasta que el estómago diga basta y después no voy a descansar por cinco siglos seguidos. Y cuando el café desaparezca de mi sangre y yo pueda dormir, voy a volver a tener las mismas pesadillas que de costumbre y todo va a seguir exactamente igual a sí mismo en ese afán que tiene la realidad por repetirse para hacernos creer que en lo sucesivo hay una cierta significación. Y yo, dormida o despierta, voy a ser la misma persona que era antes de beber tanto café. Again, ever again.

The real end



Hay un cuarto vacío
Hay una mesa vacía
Hay una casa vacía.
I need medical atention.
Después de todo se cortó la línea telefónica y no pude seguir hablando(te).
J'ai besoin que...y no recuerdo que seguía.
Estoy vacía
y debo comenzar a llenarme.
I need medical atention
My heart is broken
y no hay oficina de reparación.
Lo tomaste entre tus manos, lo hundiste en una cuba y lo dejaste allí.
Yo boqueaba de dolor, me asfixiaba; pero no hiciste ningún gesto para venir en mi ayuda, ofrecerme una toalla, secarme y envolverme.
Nunca me dieron tanta indiferencia.
I need medical atention.
Hay cuartos libres que se usan para sanar.
The end.
The real end.
En silencio porque nunca me preguntaste si yo estaba bien.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Alter, a, um: adj.

Alter
altera
Y más distante que la puta que lo parió.
Así,
sin definir qué lejos nos quedamos de la tibieza de diciembre.
Alteri en medio del silencio y las horas.
Quiero extirparte sin dolores
porque es sólo decirlo.
Un lago en medio de la selva que lo invade y va ahogándolo.
¿Dónde estás?
No supiste decirme ni una palabra que tuviera tormentas o tuviera planicies.
Alter
qui nihil alterius causa facit.
Altera
quae alienata ab sensu est.
Semper alteri nos
alienissimi sumus, fuimus, erimus.
Nihil aliud.
Y es así.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Domingo de lluvia


Ahora llueve y el aire está lleno de humedad y silencio.
Y vos quedaste tan distante que ya no puedo recordar ni el olor de tu cuerpo dormido.
Todos los paradores cantan bajo la lluvia,
pero no puedo distinguir sus palabras porque se mojan al llegar a mi oído
y vagan disueltas en el aire.
Hace ya muchos meses, como dos que suman cuatro siglos, que el hilo se adelgaza
y, ahora, es transparente como las gotas que caen
que mojan la terraza y la ropa que dejo que se moje.
Ahora ya no recuerdo ni el exacto color de tus manos.
El vendaval que pasa, que está pasando te llevó a otra patria
y nunca deseaste un pasaje de vuelta a estos territorios.
Ya no sé de qué hablabas,
a qué sabe tu boca,
cuál es la nota de tu risa,
cómo cebás los mates.
No puedo recordarte y estás tan lejos
que prefiero olvidarte un domingo de lluvia
y pensar que no exististe nunca
que todos estos años fueron agua caída quién sabe en qué canasto.
Vos también lo sabés. Y es un deseo mutuo.
Así que bien podrías evitar los rezagos que bajan por las alcantarillas de la tristeza ahora.
Voy a perder tus números, tu nombre
y la angustia que me das cada día en que no estás ni estuviste para decirme que todo en esta vida pasa; que se vuelve a los tumbos, pero se vuelve siempre; que hay amor aunque duela pensarlo; que un hijo es una carne que tiene que dolernos y también alegrarnos; que soy fuerte aunque llore; que duerma hasta tarde; que coma; que me cuide; que me cuidás.
Quiero perderte para siempre como la lluvia corriendo en las canaletas de los tejados...
¡quién sabe hacia dónde!

sábado, 13 de diciembre de 2008

Fin de año

-¿Cómo estás?
-¡Uf! Mejor, imposible. Lo mío es un ascenso ininterrumpido hacia la eterna felicidad. Si te cuento más vas a ponerte envidioso y no querría, never in the life, que te sintieras poca cosa ante mi presente deslumbrante. Yo y el podio somos una unidad. Ay, Dios, para qué decir más.
-¿Así?
-Mirá, cuando fue diciembre de 2007 yo dije, qué suerte que se termina este año de mierda. El 2008 va a ser mejor porque no puede pasar algo peor.
-¿Y?
-Este fin de año me quedo callada. Mirá si el 2009 me escucha e intenta superar a sus predecesores.

Y yo mirando otro lugar


El sol está al caer ¿Y? Ahora, ¿qué hacemos? Nada. No hacemos nada. Simplemente lo miramos caer. Pero nadie sabe dónde. Terrible desconcierto. Mejor llamemos y pidamos una pizza...¡total, quizás ya se cayó y ni nos dimos cuenta! ¡Qué espanto, che, caerse el sol y una en pantuflas! Y lo que es peor, pensando en una grande de provolone. Así de iconoclastas resultamos todos nosotros que, fuera de las normas y las reglas de comportamiento consagradas, venimos a estar masticando lejos de todo modelo civilizatorio, justo cuando se cae el sol. ¡Así nos va! ¿Qué otra cosa se podía esperar?

viernes, 12 de diciembre de 2008

Arandelas colgantes


A veces me deslizo sobre mis propios espacios intercelulares y me siento porosa, como si fuera un corcho que intenta flotar en la tormenta. Poco a poco me quedo sin nada: no tengo patria en mi coeazón arrugado como papel ajado. Nadie habita los huecos de mi sangre y se oyen ecos de pasos que se van alejando. Vos no estuviste ni estás y cuando todo estalla por los aires -como sucede últimamente cada medio segundo- no hay abrazos que contenga los fragmentos dispersos que vuelan impulsados por el viento. Me encierro en las esquinas de mi cuarto a llorar puertas adentro y salgo secándome las lágrimas a preparar otra taza de café, otra cena, otra ensalada. Queda poco de mí en estos días, arandelas colgando por los aires sostienen el tiempo que se escurre. Todo queda disuelto en las palabras. Debo hallar otros sueños con que forjar mi mundo, pero anda escaso el universo de mis oníricas visiones. Tal vez si duerma un poco más por las mañanas vuelva con los ojos satisfactorios de la alegría. Tal vez...

lunes, 8 de diciembre de 2008

Deícticos

a mi madre

"¿Dónde estaría el carácter del hombre si no fuera capaz de amenzar a sus amenazadores"

Carl Jung

A través de la selva, llego al claro. Y sólo hay lenguaje: madeja de signos ancestrales tejidos con lianas y allí te enfrento para decir que no. ¿Quién habita en el deíctico que antecede a mi antigua negativa? Significados ocasionales sin niguna casualidad semántica vuelan raudos ante mi cuerpo rasgado por las zarzas y abren sus garras de dos letras para clavarse como filos en mi carne. Sólo deseos cruzados que buscan resistir a la amenaza de la desintegración. Te digo no con las letras ardidas de la furia que vuelve. No porque me hundiste en los pantanos de la miseria y el olvido. No porque no tuviste caricias consoladoras que restañaran las mismas heridas que supiste infrigirme. No a la ley que invocaste cuando eras un par igual en poder aunque pensaras en escalones superiores. No a tus encierros en cuartos de silencio donde mis manos, débiles y pequeñas, no podían llegar. No a los vericuetos de tus palabras que buscan alejarme del amor de mis hombres familiares. No a tu miedo a perderlo todo en el rígido molde de tus prejuicios. No soy la que siempre hizo todo mal. No soy la que se equivocó a cada paso. No soy esa que decís que yo soy. Sólo quienes se ven el borde manchado de barro pueden sembrar la luz en el propio lodo de sus desgracias. En el claro de mi selva hay un remanso hecho de vocablos. Bebo en el río de mi léxico para decirte que no, para decirme que sí. Más tarde sale el sol.

jueves, 4 de diciembre de 2008

Los árboles de los deseos


Tengo tres arbolitos en mi terraza escalonada. No están llenos de flores, pero sí de deseos: que Pablo esté bien y contento, que mis hermanos y sobrinos sean felices, que todos mis amigos la pasen alegres, que mis alumnos aprendan lo bueno que tengo para enseñarles y me enseñen lo bueno que saben, que mi casa esté linda y abierta, que mis papeles se llenen de palabras y mis paredes desborden de libros, que mis primos y amigos que están lejos me extrañen como yo los extraño, que febrero nos depare a todos nosotros unas felices y soleadas vacaciones uruguayas...Y nada más.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Escalera al cielo


El día se estira, se hace largo y lleno de peldaños. A esta hora la escalera me parece interminable. Y no conduce a ningún cielo en particular. Cuando me quiero dar cuenta ya es otro día y vuelvo a estar en el primer escalón. Again.

domingo, 30 de noviembre de 2008

Masitas de queso en el domingo

Ungüento mágico


Así es como se cura una herida:
empieza a cerrarse sobre sí misma, a proteger lo que duele tanto y, una vez cerrada, ya no ves qué hay debajo, eso que provocaba el dolor.
Amy Tan, "La cicatriz", El club de la Buena Estrella, Tusquets

A esta hora de la mañana, a esta hora de la noche, pienso en la reparación. Creo que las heridas cicatrizan cuando se las cura con emplastos de baba de luciérnaga porque ese ungüento, aplicado sobre los labios abiertos de la carne, tiene luz fosforescente que cose los tejidos como si fueran hilos traslúcidos y frescos. Luego se agregan unas hojas de menta y se bebe una tisana de piedras de montaña embebidas en fríos arroyos de deshielo. Es indispensable que sean manos de amor las que curen porque sólo de ellas puede llegar la reparación. Poco a poco la carne amoratada cede, y se forma una cáscara de avellana que un día cae y ya nadie cree recordar que allí había una boca entumecida que sangraba de dolor. Sin embargo, la piel , que ya no duele, que ya no sangra, que ya no está partida en dos, lleva en sí los hilos irisdiscentes de la luciérnaga y brilla pálida con su cicatriz en la oscuridad.

Para Gisele y Pablo, que tanto han hecho por reparar mis heridas. Gracias por sus ungüentos mágicos. Retribuiré con suculentos platos de comida y la primera rosa de mi rosal que es también prodigiosa.

sábado, 29 de noviembre de 2008

Tan sólo un sábado














Un sábado fresco como un chorro: tenso en la superficie, pero líquido y desplazándose en su interior de agua. Transparente como un cubo de hielo, como un espejo en el que se refleja la luz de sol desguazada en colores: amarillo, naranja...Un sábado con olor a lluvia verde, a verano que empieza, a primavera que parte. Un sábado sin papeles, sin trabajo, de reposeras abiertas en el patio y mate espumoso con bombilla. Un sábado de soledad traslúcida para pensar qué voy a hacer con mis días, para dormir, para comer ciruelas, para salir de compras. Un sábado que sea el primero y el último de toda temporada. Lejos de todo, lejos de todos, menos de mi corazón y su azorada descendencia, un sábado de ropa blanca limpia, de camas que se tienden, de toallas que se esponjan, de tazas de café que tienen que ser bellas. Un sábado a solas, sin nadie que incomode la calma. Un sábado de gloria. Eso deseo para que diciembre comience con su carga de fiestas y traiga la paz que necesita mi cuerpo adelgazado, mis huesos doloridos, mi cerebro quemado, mi corazón en llamas. Un sábado. Tan sólo un sábado.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Manual de ornitología


Hay un cuervo negro que grazna en la noche.
La luna es un círculo pálido de talco que se deslíe en el cielo.
Yo sólo deseo bailar;
pero, a cada paso que doy, el cuervo grita y me dice cuán errada estoy.
A veces lo acompaña una vieja urraca de plumaje opaco y gastado.
Ella suele gritarme más fuerte y peor.
Alguno que otro proyecto de buitre se alza de su nido, pero no alcanza siquiera a despegar.
Yo sólo deseo bailar,
pero el coro fatídico aúlla que me voy a caer porque nunca supe cómo poner un pie tras otro pie.
Cerca mío, tres garzas de plumas brillantes como sedas me toman entre sus alas y me llevan a volar.
Al rato, una bandada de golondrinas amigas traza un arco índigo para protegerme con sus frescas alas veraniegas.
Desde arriba diviso los techos, las calles y los árboles violáceos del jacarandá; las mesas tendidas en la hierba, los arroyos que caen desde las colinas y las playas de arena donde residen los niños que me bordearán en su ronda de risas.
A mi lado, una pareja de coloridos colibríes jóvenes me saluda al pasar hacia el cielo azul.
Me emociona verlos brillar verdes entre sus carcajadas de primavera.
Yo sólo deseo bailar entre las garzas y golondrinas amigas y los colibríes verdes en ese rincón traslúcido que mis pies tienen prometido.
Mis brazos delgados podrían ser alas si me propusiera agitarlos para dejar atrás las viejas urracas, los cuervos negros y los buitres estúpidos que ni saben graznar.
Sólo la danza me salvará.
Debo empezar a bailar y el mundo desintegrará a los pájaros malignos para acercarme la alegría de las copas, de los cantos, de los platos vacíos después de comer, de la música que brota de las guitarras templadas en la purpúrea luz de la tarde.
En algún lugar que todavía desconozco reside un cóndor, dueño de las montañas más altas.
Yo sólo debo empezar a bailar.

Esta es una alegoría en idioma de pájaros.
Que cada cual vea los símbolos que mejor pueda entender.
Yo sólo escribí de aves. Nada más.


Hace calor

Arde la ciudad.
Todos gritan en mi cerebro.
Y los ojos se les ponen oscuros y opacos.
Detrás de las palabras crecen lanzas dispuestas a clavarse en mi pecho cuando yo diga algo que sea distinto a lo que piensan los demás.
Las llamas del infierno me condenan incluso antes de hablar y hay mil hogueras donde mi cuerpo irredento debería ser colocado para arder.
Soy la culpable de todos y cada uno de los males de este mundo.
A la sombra los pájaros se desmayan de calor y nosotros dos, mi hijo y yo digo, deambulamos en busca de la frescura de la serenidad. En una plaza nos sentamos a beber una botella grande y fría de agua mineral.
Todos podemos ser felices después, cuando cae la lluvia y enfría las conciencias fritas en la irracionalidad.
No hay exactos paraísos. Sólo la lluvia que cae y vuelve verde el mundo.
No es un mal plan trabajar y estudiar música. Nada mal.
Vuelvo sobre mis pasos para tomar el último subte del día. Otro más.
Quiero creer que los ríos vuelven a su cauce y sólo queda reconstruir lo que llevó arrasado la corriente.
Quiero creer en la capacidad de cambiar.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Historia de sábado a la noche

Ella estaba triste, angustiada, ¿vencida por las circunstancias? El viernes anterior había sido su horario de terapia y un embotellamiento la había atrasado veinte minutos en Puente Pacífico con lo que la sesión se había visto reducida a sólo media hora. Al salir, había recordado que el domingo era el cumpleaños de él y, sacando voluntad de donde desde hacía tiempo le menguaba, había ido a Cabildo y había comprado una hermosa caja de regalo con elementos de baño anaranjados. Él le había enviado un mensaje el mismo viernes, pero ella había desistido del encuentro porque no se sentía capaz de sostenerlo: su cerebro y su cuerpo eran tierras arrasadas y prefería meterse en la cama y dormir hasta el día siguiente. El sábado se hablaron por teléfono. Ella le volvió a decir cómo estaba; pero sabía que era su cumpleños y quería darle el regalo y festejar algo con él. Le aclaró: "Sencillo, pidamos empanadas. Yo no estoy para cascabel de ninguna celebración." El tocó el timbre a las nueve, como habían acordado. Ella acababa de tener un pequeño contratiempo; pequeño, pero destructivo. Se subieron al auto. Necesitaba silencio, sólo un poco para hallar la punta con qué comenzar a desatar el nudo que se había anudado segundos antes. Él hizo una serie de comentarios que no hicieron más que ajustar el moño. Ella lo miró y él le dijo: "Si vas a estar así te llevo de vuelta a tu casa." Ella puso la mano en la traba y contestó: "Mejor dejame en esta esquina". Se bajó y caminó desde Alvarez Thomas y La Pampa hasta su casa para que se le sosegara el alma. No lo logró. Los otros estaban dispuestos a apalearla, de eso ya no había duda. Era mejor así: dormir sola hasta que acampara.

sábado, 22 de noviembre de 2008

Olga llama


Desde Jerez donde el invierno va llegando poco a poco a Buenos Aires donde anochece estivalmente a las nueve y media de la noche, Olga me llama preocupada. Le pregunto cómo está y me dice "Bien, más o menos, creo". Nos reímos mucho. Yo, en cambio, estoy mal, más o menos, creo... Con una única certeza: que todo en la vida pasa y ya vendrán tiempos mejores para mí. Pienso en el avión que despegará hacia ella y en el que yo no iré a su encuentro para reconocer en su abrazo que desconozco el afecto que podría describir como si fuera mío. Pienso en los paseos que deberán esperar otro año y en la costa africana que no veré esta vez desde la orilla de España. Pienso en ella que se preocupa tan lejos por que yo esté bien y en la vida que sabe lo que hace y por qué. Nadie es dueño de todas las palabras y mi cuerpo se adelgaza a fuerza de dolor. Queda todo un verano para protestar por el calor y la humedad y una maleta nueva que dormirá un año más en el placard. Queda conformarse con sentir por teléfono la dulce voz española de Olga que bebe mate en un café de Jerez. Y todo sigue bien o mal, más o menos; pero siempre creemos que todo pasará

Me asaltan las dudas

Sentiría la incongruencia de la vida que busca amparo en el arma que nos va a matar.
Silvina Ocampo

Me asaltan las dudas de la muerte de la falta de sueños de la anestesia de la sinrazón de la caparazón de las tortugas agonizantes en las playas de coral amarillo de las mariposas que se lamentan porque no podrán jamás volver a ser orugas de los rinocerontes que ven subir los ríos y recuerdan que todavía no han aprendido a nadar de la tristeza en cuentagotas y de la tristeza en cucharones soperos de la agonía de las raíces que sienten la planta perecer de los laberintos que querrían que el hombre encuentre la salida así lo dejan de molestar de las tazas vacías sobre la mesa de la noche mojadas con restos amargos de café de las conversaciones desmayadas y sostenidas a contrapelo del aburrimiento que es parecido al hastío pero peor de los colores amarronados que desearon ser rojos y no supieron con qué. Me asaltan las dudas en cada rincón de la casa enfundadas en impermeables grises y con un revólver de acero en cada mano dispuestas a matar(me). Yo quiero huir, pero en mis sueños nunca puedo viajar y debo resignarme a vaciar una y otra vez las maletas de las que escapan los pájaros fríos de todos los inviernos europeos que están en período de migración. Las dudas me persiguen hasta la puerta del baño, pero como son educadas no entran sin golpear. Y golpean, golpean y golpean hasta que los nudillos se les ponen rojos de tanto sangrar. Entonces las dudas lloran y me conmuevo. Abro la puerta para realizarles las primeras curaciones y, justo en ese instante, me asaltan y tiran a matar.

Tristeza no tiene fin

Mi tristeza es una planicie de piedras diminutas que, al menor movimiento, se desmoronan para colocarse en otra posición.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Estado

No hay muchos secretos: cuando todo se aquieta y quedo sola, lloro a mares y en el llanto se purgan las condenas y el saber que no se puede más; pero se sigue como si más allá hubiera un río que yo debo cruzar para quedar a salvo de las fieras que me acosan con los dientes clavados en la carne para hacerla sangrar. Después creo que me dormí, exhausta de tantos pensamientos que como lanzas fulgurantes se hundían en el velo de mi piel y trazaban un hoyo por el que se veía el hueso, blanco como un marfil ensangrentado y doloroso. Tengo los pies ardidos de tanto caminar y un sudor frío que me moja la nuca. Hay fantasmas asidos de las cornisas que desean escupirme cuando me ven pasar. Las orillas de la desesperación están llenas de sanguijuelas verdes y más allá, cantan sirenas en pos de hundir los barcos de la felicidad. ¿Quién puede decirme que no es así?

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Mea culpa

Al pie de la tormenta
Al pie de las murallas infectadas de peste
Al pie de los leprosarios en ruinas
Al pie de mis propias infecciones purulentas
quiero dar vuelta mi alma para reconocer
cómo es que fallé
cómo es que tantas veces fallé
cómo no supe ver con la lucidez de mi mente y la entereza de mi corazón.
Los panes no lograron levar y salieron pesados y gomosos
y yo no supe qué debía hacer:
ensayo y error y siempre error.
No es lo mismo que un hijo se enferme del estómago que del cerebro.
Nadie se siente responsable de una gastritis aunque Mónica diga que es igual.
Fallé por omnipotente, por sorda, por egoísta.
Fallé porque no supe diferenciar.
Fallé porque deseé armar palacios en los que nunca pudiera penetrar el más mínimo dolor.
Fallé por inhumana y exigente.
Quiero expulsar los demonios que me habitan y me matan la alegría.
Quiero acabar con mis tristezas de niña para siempre.
Quiero dejar de pensar alguna vez.
Quiero la calma de los redimidos para mí.
Quiero ser perdonada por todas las circunstancias en que no supe qué hacer y no pude quedarme inmóvil a esperar.
Quiero una oportunidad nueva para aprender a ser madre de un hijo.
Quiero tener la generosidad de aceptar sin rencores cuánto hice de más y de mal.
Al pie de las tumbas de mis fracasos.
Al pie de los túmulos de las fieras exhaustas.
Al pie de mí misma
Necesito empezar otra vez.
Otra vez cada vez.

martes, 18 de noviembre de 2008

Tan temprano

Cuando abro la ventana de la cocina de tu casa , se ve el verde frondoso de los árboles, se escucha cantar a los pájaros y huele a albahaca mojada. Más allá, a lo lejos, cruzan el cielo unos aviones de acero. Vos te despertás para llevarme a la escuela.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Temporada de caza

Ella me habla con la bocina de la tragedia y yo no deseo oír sus críticas de sibila extraviada. Sus dardos punzantes buscan el centro de mis blanduras para hacerlo sangrar, pero los años me han enseñado a levantar barreras infranqueables a su desesperado deseo de acabar conmigo en no sé qué afán destructor y suicida. La veo diminuta y venenosa como una avispa de hielo y esquivo mi corazón a su dolor. Lejos quedó la temporada de la veda de gacelas. Nuevamente los cazadores andan a la pesca de la víctima y esta vez sé de un refugio donde ella no me hallará. Nadie puede decir que no lo intenté aunque, como siempre, ha sido un remanso en vano que se ha vuelto a frustrar.

Noche

Los labios como mariposas de alas rojísimas abren un cielo de fragancias en un mar de yemas encendidas por el tacto. Sólo queda el sudor de la noche liviana de noviembre. Huele a jazmines el ruedo de la luna y los cristales chocan con sonido de campanas desprendidas en medio del cielo negro. Tu cuerpo trae recodos de luces antiguas y familiares, un sentimiento de lluvia sobre la tierra seca: todos los animales se recuestan cansados debajo de las estrellas de pan y de zafiros. Mi voz se vuelve ronca como una gacela adormecida y te habla en la línea de tu cuello que se enreda como una liana en mi cintura pequeña. Junto a mis piernas se cierne tu vegetación selvática con su frondosidad espesa, pero el sueño llega con su rasero de milagros y tu cabeza se apoya sobre mi vientre para callar ahora y olvidar lo que dijimos hasta llorar ayer.

El tao del amor

He vuelto.
Después de muchos días.
Y tu mesa estaba tendida y esperándome.
Habías cocinado para que yo comiera alguna vez algo.
Me hablaste mientras serviste vino en una copa que tintineaba cuando chocaba contra el vidrio de tu mesa de colores y cuadros.
Dos veces me serviste.
Yo casi no hablaba y me reía como se ríe alguien que está volviendo a casa después de un largo viaje.
La noche era una esmeralda pulida de tan verde y acuática.
Sólo reía y tus sábanas estaban tendidas y blancas.
Me acostaste en tus brazos, bordeada por tu cuerpo.
Yo me reía como si fuera una niña pequeña.
Me hablaste de tus miedos y yo te escuchaba como si fuera siempre.
Mucho más tarde alcancé las orillas del sueño cuidada por tu abrazo.
Por la mañana lavé y sequé los platos de la cena.
Tu casa estaba en silencio y vos dormías en medio de la luz que crecía con la frescura primaveral de noviembre.
Leí mis libros mientras la cocina se llenaba de un aroma a café y a tostadas.
Después me fui, pero ya había vuelto a tus brazos donde estuve aunque no lo supieras porque me fui muy lejos, a territorios que veda la confianza y el cuidado.
Y pensaba que tantos años son una planicie azul llena de burbujitas donde nos gusta hallarnos.
Y me reí con el corazón cuajado de emociones tempranas.
Lentejuelas prendidas en el rayo de sol que me moja para seguir queriendo.

viernes, 14 de noviembre de 2008

Vacío

Ya no hay París
ni Marsella para recibir el año que vendrá.
Ya no hay sobrina ni palabras en español que yo pudiera inventar para hacerla soñar.
Ya no hay hermano con la servilleta al cuello esperando por la magia de mis ollas al anochecer.
Ya no hay Jerez y la larga mesa de los Becerra para mí.
Ya no hay Lourdes ni Carcassone
ni la costa azul en invierno
ni los pueblos colgados a ambos lados de los Pirineos nevados.
Ya no hay Madrid ni Segovia con Juanca.
No hay Salamanca ni Oviedo ni Santiago
No hay Medinaceli ni San Esteban de Gormaz en las espuelas del Cid.
No hay lugares en La Mancha de cuyo nombre no podría acordarme
ni los castillos e iglesias de los Cátaros perseguidos por el fuego de la Inquisición.
No hay juderías en España ni año 1492.
Nada quedó en pie de tantos sitios.
Y ahora debo pensar que hace calor y tarda siglos en refrescar

El cuaderno

El cuaderno con la tapa azul con margaritas está...¿dónde está? No lo veo, no sé dónde quedó. ¿Dónde están sus páginas de ciudades fantásticas escritas con letra apretadita? ¿Y sus museos y sus iglesias de siglos medievales y sus calles cubiertas por la nieve que todavía ni siquiera ha empezado a caer? Entre los miles de miles de papeles que coronan las mesas de mi casa, ¿dónde quedó tapado el cuaderno de las margaritas blancas? Debe haber venido el hada de la renuncia y, con toda seguridad, se lo llevó para que yo deje de pensar. Las hadas son seres ilusos a más no poder. No sabe que tengo el corazón escrito con letras menuditas y está lleno de imágenes de lo que vi sin estar, de la gente que abracé sin tocar, de Maïa a la que besé tantas veces mientras se durmió en mi regazo que no conoce, de mi hermano que es un sueño necesario que tuve que alejar., de mi prima que me alcanza con sus manos de mujer generosa. La vida es una prueba de paciencia que no querría tener que pasar y los billetes de avión son pases a un futuro que cambia como el cuaderno de tapas azules con margaritas que no termino de entender dónde está.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Cansancio triste

Se está enrollando el día en el pliegue desplegado de otra noche. Estoy cansada. El cansancio me da hastío y tristeza porque no logro vislumbrar un final y todo sigue. Hay fragmentos desguazados por todas partes que deben ser reunidos si el tedio no me invadiera para teñirlo todo con su luz gris. Hablan los párpados pesados, pero yo debería dormir de tanto grito con perfume a madre vieja. Ya no quiero que me hables. Ya no quiero que lleguen tus palabras de antaño a lastimarme como entonces pero ahora. No puedo escucharte porque tengo el alma amurallada de dolores y deseo que te vayas de mi memoria por todos y cada uno de los días que me faltan vivir. Soplan los remolinos de la historia que han sido sucesivas puñaladas de hielo en el torrente de la sangre que alguna vez fue todo lo que nos unió y hoy ya ni siquiera. Yo hubiera deseado un edredón de plumas para echarme a dormir con tus manos rozando mis cabellos infantiles. No puedo ni siquiera nombrarte con las letras que componen tu nombre. Tan lejos estás vos de mí.

Encierro

Los encierros son huevos de cristal donde no entran el mundo.
En su interior se gesta una vida que late de a poquito.
Yo lo sé porque yo estuve en uno de ellos.
Pero un día el espacio se torna insuficiente y el huevo ha de quebrarse para que salga la vida hacia afuera y se proyecte.
Los encierros entonces se tocan con la muerte y hay que romperlos, hay que expulsar lo que latía dentro para que no se pudra, hay que ver hacia afuera y remontar el mundo para alentar el alma.
Yo lo sé.
No hablo por llenar con palabras la página en blanco.
A veces lo recuerdo y recuerdo esa ventana, aquel parque en otoño, aquel cuarto.
Es tan solo una anécdota lejana.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Estallidos

A cada rato estalla el universo y voy, por ahí, a lo largo del día, juntando los pedazos. Cuando la luna sube por la terraza de plantas de mi casa, siento el peso de tanto destrozo como una plancha de acero en mis espaldas. Intento no morir en el intento, no desangrarme, no perder peso, no dejar a mi costado fragmentos de sol que me pertenecían desde siempre. Lo logro casi siempre y en el filo de la noche suelo sonreír: es la hora del suprabond. Hay que pegar lo que fui recolectando para que mañana, cuando vuelva a estallar, haya con qué. Simplemente.

martes, 11 de noviembre de 2008

Tormenta

Fue así: sólo un relámpago en medio de la noche y una lluvia que lo mojaba todo.
Después hubo el silencio que sigue a cualquier tormenta que se precie de serlo.
Es cierto que hace dos años lo dijiste.
También lo es que ya voy aprendiendo y no me importa que sea tan efímera el agua que nos moja los cuerpos.
Me hago agua y huyo por las alcantarillas de tu sombra.
Llevo el olor de tu piel desde hace tanto tiempo que ya no puedo distinguir cuánto me pertenece y cuánto es parte de tu propio perfume.
Somos antiguos conocidos y sabemos cómo laten los días, cómo caen las gotas, cuándo es mejor dejarse o volver a abrazarse.
Todo está en el sitio donde lo habíamos dejado entonces.
Permanezco a tu lado aún en la distancia.
No lo sabés, es cierto.
No acudiré a contártelo porque no es necesario.
Basta con acudir cuando cae la lluvia y nos moja,
como lo hizo siempre,
como continuará haciéndolo.

Cansancio

Pedacitos de luces relampaguean en la sombra de la tarde. Mi cerebro vaga por las rutas de su propio cansancio. Hace un calor de órdago que burbujea en la seca humedad del asfalto. El aire huele a verano y lluvia. Atrás de todas las palabras trajino con ellas y las estiro para duren otro rato y no tenga que hablar demasiado. No puede ser que ahora venga a yo a desmayarme en la línea sinuosa de los verbos o la abundancia fatal de tantos adjetivos. CDeseo dormir, sola, en mi cuarto de blancos broderíes, hasta que ardan mil días en otros mil calendarios. Deseo que pasen los meses como gigantes de piernas largas y todos estemos sentados a la mesa con la servilleta echada al cuello y anudada. Deseo que sea mañana y pasado y el mes que viene y el año próximo y el siglo que me sigue. Deseo que nadie más me diga nada, que todos se llamen a silencio y me acunen con caricias en mis cabellos de enredadera encrespada y que sepan hablarme sólo de otras cosas que no sean estas. Me canso de tanta verbalización en la hora del aire que sopla desde el río. Quiero que todo cese, que se detenga el mundo y yo pueda cerrar mis ojos sin temor de que estallen los vidrios y ya no pueda abrirlos. ¡Qué solos estamos para siempre en la vida! ¡Qué abandonados de toda tutela y recorrido! ¡Qué vacío destino! ¡Qué cuerpo de cerámica quebrada! Nada más que pensar. Sólo deseo.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Deseo entre silencios

Cuánto hay de silencios y miedos
entre vos y yo aunque el calor suba con la hora oscura de los cuerpos.
No se puede hablar lo que rezuma y suda y tiene el perfume de los fantasmas ocultos tras los árboles.
A veces cuando decís lo que decís y callás lo que callás me recluyo en el filo de mis sombras y me apeno de todo lo que tememos y nos podría hacer tan felices para siempre.
Recuerdo aquellos mediodías junto al río en que aún creíamos que el mundo nos cabía en las manos.Ahora ya hemos visto cuán pequeñas son las palmas para tamañas ambiciones.
Siento la madrugada enredada en el vientre y tu aliento diciendo lo que preferirías callarme.
Yo también puedo extrañarte cuando estás lejos y las enredaderas entran por la ventana de tu cuarto en esta primavera que yo deseaba fría.
Hace calor. Duermo a tu lado. Late la luna en un cielo que quiere ser tormenta.
Todo podría ser una antigua pesadilla si vos y yo aprendemos a sortearla y hacernos el favor que merecemos que no es otro que estar, como esta mañana, tendiendo la cama mientras tomamos mate.
No hay nada más. No hay otra cosa en todos mis deseos.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Piedras

Colecciono piedras. Algunas brillan al sol o cuando las moja el agua. Otras son pesadas como canteras completas. Unas tienen vetas atemporales ya de tan viejas. Otras son nuevecitas, pero ya gastan la costura de los bolsillos. A veces no sé qué hacer con tantas piedras y deseo arrojarlas por el borde de la terraza; pero temo que pase alguien y reciba de lleno mi colección de piedras lastimándose. así que voy por la vida cargándolas. No queda otra.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Ella


Ella me ronda con su muro de cristales que se resquebrajan al primer viento soplando los vidrios a lo lejos. Ni me atrevo a nombrarla y evito las ocho letras que componen su nombre. Ella trae su traje, el viejo que yo conozco tanto, el que usaba en las cenas familiares mientras los platos volaban en una danza insólita y yo hundía mi nariz en la sopa que humeaba para no verla. Ella pasea impertérrita a mi lado con su blanca mano de dama que no deseo tomar porque le temo. Como una sombra se ha deslizado junto al lecho de mi hijo y le sopla oraciones que no alcanzo a comprender. Tengo un palo de lluvia y le han crecido hojas, verdes hojas verdes. Si continúa, tomaré el palo entre mis dos manos y golpearé su cabeza hasta que se abra y su humor negro se desparrame entre las baldosas y la tierra lo chupe hasta hacerlo desaparecer. Que ella lo sepa: todos nosotros somos poetas. Pero nada más.

Gracias

A todos los que pude haber lastimado con mis desbordes, mis impaciencias, mi cansancio, mi intolerancia pido disculpas esperando que sepan comprender el contexto en que cada una de esas cosas sucedieron.
A los que me esperaron, contuvieron, llamaron, abrazaron, escribieron, sonrieron, lloraron.
A los que no pudieron ni siquiera rozarme porque construí muros para protegerme.
A los que a la distancia me enviaron canciones.
A las que sentaron y comieron conmigo obligándome a no perder más de los cuatro kilos que mi menguado cuerpo dejó en este tramo.
A la familia que a las apuradas debemos ir armando para ser sostén del dolor y la tristeza.
A los que comprendieron que el viaje era imposible ahora y tal vez por un tiempo.
A los que me escucharon las palabras y las lágrimas.
A todos todos agradezco aunque me digan que no debo.
Decir gracias es una bendición que nos da la vida para devolver el afecto.
Y yo lo recibí a manos llenas de todas partes.
Agradezco

lunes, 3 de noviembre de 2008

Proposiciones incluidas condicionales imposibles

Cuánto más leve habría sido, si en medio del dolor de estos días, del desconcierto en que mi corazón ha quedado, del huracán de fuego que ha abrasado mi cuerpo hasta dejarlo más menudo, hubieras extendido tu mano para tomarme sin oír todas las palabras que pude haber dicho y en vez de dieciocho días de sepulcral silencio me hubieras acunado como antes hasta que me durmiera segura en tus abrazos.

Me sobra corazón

Definitivamente los hombres no tienen esa metonimia que denominamos corazón.
Y a mí -como a Hernández- me sobra corazón. Como él hoy estoy sin saber yo no sé cómo y tengo ansias de arrancarme el corazón de cuajo y ponerlo debajo del zapato porque estoy para penas solamente. Como en el de él, hoy es día de llantos en mi reino y descarga en su/mi pecho el desaliento plomo desalentado. Yo también haría un tintero de mi corazón y le diría al mundo de los hombres no puedo más y ahí te quedas. Cortar este dolor, ¿con qué tijeras? Yo también desearía descorazonarme para ver si en el trance pudiera perdonarme la agonía.

Sombras en la arena

A veces pienso que las cosas que suceden no están pasando, pero la verdad es otra y el día se estira sobre sí como una sombra al atardecer en la arena de la playa. La sombra es larga y no se puede tocar su punto final. Así pasan mis días en este instante: largos, solitarios y sin poder alcanzar jamás su punto final. El sol cae a la tarde y mi cuerpo se vacía de todo deseo y pulsión. Nunca sé qué me deparará el siguiente amanecer, excepto otra sombra que irá estirándose hasta alcanzar un punto final que yo no podré siquiera tocar. Espero, sin embargo algunas cosas,; pero sé que no sucederán: el abrazo fraterno de mis hermanos que me envuelva ahora y acá, la mirada cara a cara de Mónica llevándome a las fronteras de mi propia lucidez y tu risa diciéndome que no podés dejar de pensar en mi triste fragilidad. Sin embargo la sombra crece con la tarde y nadie viene a apagar el sol para que no se estire más. Hago una mousse de chocolate, lavo los platos, compro comida y me siento morir por dentro como si fuera el sol que va quemando lo que tiene mi interior. es cierto que todo podría ser peor. Pero las dimensiones de las propias circunstancias sólo las mensura una sin la ayuda de ningún metro patrón porque París es una ciudad que disolvió en medio de la sombra y la tarde se funde en el horizonte del mar. El desconsuelo es una gota de luz que tiñe los márgenes de la noche donde me siento a ver la luna pasar.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Idus

Nunca entendiste nada y seguís sin entender. La comprensión es un don divino y cuando naciste seguramente los dioses venían de bacanal en bacanal y se quedaron dormidos hasta tarde. ¡Qué le vas a hacer! Alea iacta est..., dijo César y cruzó el Rubicón. El caso es que él tampoco tenía el don: no supo prever a Brutus ni los idus de marzo ni el puñal trapero y vengador. Y así van los hombres por el mundo: de desazón en desazón.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Centenario


Y yo llegué allá por el 73
Ríver vs. Huracán.
En casa, todos de Ríver.
Yo - no era para menos- me hice de Huracán.
Y así seguí,
aunque mis alumnos se rían.
1908-2008

viernes, 31 de octubre de 2008

Sin descanso

Hay un vacío sin agua donde te extraño y querría que estuvieras a mi lado para abrazarme como siempre y te rieras conmigo de lo que siempre nos reímos cuando éramos antes. El dolor actual se mezcla con la nostalgia del pasado y hace estragos. Ya no sé ni qué siento si es que siento. Sólo querría que me llevases a pasear como antes a la orilla del río como si nada de lo que está pasando fuera cierto. No encuentro los recodos donde poder descansar. Y todo sigue igual.

sábado, 25 de octubre de 2008

Lucía Elisavetsky

Cuando Lucía me abraza la siento chiquitita entre mis brazos, cuando ella me abraza me siento abarcada entre los suyos. Con dedicación de hija preocupada por Pablo, Lululi hace dos viernes que viene a visitarme. Hablamos, comemos, nos contamos cada vez más cosas y más íntimas y nos cuesta dejarnos cuando se hace tarde. Ella dice que yo soy su mamiguita y ella viene a ser como una hijiguita que yo tengo. La quiero porque es linda, porque es inteligente, porque es buena, porque es divertida. Me dijo que estudia Letras porque le gusta aprender palabras nuevas y, quizá, ese sea el mejor de los motivos para la literatura. Ayer me llenó de regalitos y yo le hice la cena. Me abraza, la abrazo, nos alejamos y volvemos a abrazarnos. Desaparecido de mi vida el hombre que nos unió en un principio, Lululi ha ocupado un lugar más inmenso. Si tuviera una hija, me gustaría que fuera ella así tal como es, con sus rulos, con sus ojos brillantes que vi llenos de lágrimas alguna vez, con su risa fresca. Y aunque viaje y se vaya lejos (Siempre me pasa lo mismo con la gente que quiero), ella tiene un lugar en mi corazón que lleva su nombre y que le pertenece y pertenecerá por toda la eternidad que duren nuestras vidas.

jueves, 23 de octubre de 2008

Mónica Volonteri llama desde el Caribe


Mónica llama desde las calles llenas de autos y tráfico enloquecido de Santo Domingo en República Dominicana. Usa su celular y se olvida que la alarma de su carro tapa todas las palabras cuando lo abre. Me habla febril y taxativamente como cuando tiene urgencia por sostenerme y decirme cómo debo actuar. Me habla dándome las instrucciones de uso que siempre me arman y me indican un plan de acción para seguir adelante. Después de la receta tenemos tiempo de reírnos de cosas que sólo nosotras entendemos como lo del objeto de odio y la gran bestia pop. Cuando cortamos, siento que está tan lejos y está tan cerca, que la vida la puso en mi camino en marzo de 1989 y la sostuvo allí para que cada una fuera sostén de la otra. Es mi hermana, mi amiga, mi compañera, mi yo, mi otro, mi mamá, mi hija. Es mi Moni, la que me dice: "¿Qué hacés, Pinasco?", la que me escucha decir: "Todo bien, Volonteri." Es la psioanalizada a morir a la que sólo el Caribe la contuvo y le dio dos hijas. Es un canto interno que yo llevo siempre, que me sostiene y me alumbra. Es la que llevaba a Pablo a la terraza a mirar el horizonte y la que se disfrazaba de Tía Harriet cuando Batman hacía furor en los 90. Los kilómetros son pura mentira, ayer desde Santo Domingo sus brazos me tomaron con el sabor transparente de ese mar y me protegieron dándome todos los elementos para seguir caminando esta pelea.

lunes, 20 de octubre de 2008

Agradecer

Agradecer es saber que una no está sola, que una, finalmente, aceptó que los otros son tan necesarios como el agua y el aire. Agradecer es decir que sé que estuvieron, que están y estarán para acunarme, para darle calma a mi dolor, para ayudarme a seguir y seguir, para esconderme cuando quiero gritar. Agradecer es decirles que los quiero a todos y cada uno porque me enseñaron que sola no se puede, que sola no se quiere, que si somos muchos soy más fuerte y puedo dar más.
A todos gracias:
A Cecilia, a Fernanda, a Ale López Coda.
A Moni.
A mis hermanos Mariano y Pablo.
A Hernán Ziccardi, a Ale Mezquita, a Vivi, a Horacio.
A Carlos.
A Jim y al Colo.
A Dani.
A Gi.
A Jorge Weisz.
A Lululi.
A Olga.
A Lili, a Adri Beniamini, a Adri Fernández, a Ichu.
A Marita, Valeria e Ignacio.
A Jorge Weisz.
A Pablo y a Tomás.
A Ale Tapella.
A Lucy.
A Isabel Estevarena.
A todos mis alumnos.
A los que ahora no recuerdo e iré agregando.
A mí misma que acepté que sola no puedo y empecé a crecer desde los demás.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Signum hominis


Incanta ego tuum fluidum verbum circumdo et es alter vos. Proximitas remota est et universum cupiditatis ego tollo. Quomodo eris? Obsequiosa hominem fabricor et homo meos libidos coniurat. Te nescio sed te cogito. Istud sufficiens est.

Géneros

No seas trágica, maniática, obsesiva. No seas histérica, insufrible, demandante. No seas así ya más. No seas fantasiosa, fantástica, incoherente. No seas infantil. No me enloquezcas. No seas cerebral, tan emotiva, independiente, taaan marxista. No seas tan carnal, tan suave, tan salvaje, tan éterea. No seas libre, rebelde, contestataria. No seas tan ansiosa, tan calma y satisfecha. No seas impaciente, irreflexiva, tan familiar, doméstica, querible. No seas tan arisca, tan linda a la mañana, tan deshumorada por las noches, tan sarcástica y cruel, tan incisiva. No seas adictiva a todos mis sentidos, tan diferente y parecida, tan necesaria y prescindente. Tan cómica, tan llorona, tan dura por afuera y tan blanda. No seas tan desnuda, tan vestida, tan de vos y de nadie. No seas tan pensante, tan revolucionaria para nada que no me pertenezca, no seas tan egoísta y generosa con los otros. No seas la de siempre, la que conozco de memoria, la que se escapa, la que no está, la que se oculta. No seas tan secreta, tan transparente, tan mía y tan ajena siempre. No seas tan gritona, tan silenciosa, tan sorpresiva y sorprendente. No seas tan maternal, tan inhumana, tan comprensiva y tan lastimadora. No seas esta que sos a pesar mío. Ay, cuándo aprenderás que no y no y no. No seas vos, sé la que yo deseo y el mundo será casi perfecto.

Anécdota escolar LXXI: El tutti frutti es un viaje de ida.

Alumno 1: (En medio de la evaluación y con visibles muestras de desesperación después de dos semanas de no hacer ejercitación y jugar al tutti frutti todas las clases.) Ay, ay, ¿te puedo hacer una pregunta?
Profesora: (Lo mira con sorna.) No, no me podés hacer una pregunta; pero si querés jugamos unas manos de tutti frutti.
Alumno 1: (Se sonríe) Una sola pregunta. Dale, por favor.
Profesora: Te dije que no. Pero unas líneas de tutti frutti me divertirían muchísimo ahora.
Alumno 1: (Se resigna y vuelve a su prueba. ) Bueh...
Profesora: Y no sabés todos los colores que sé.
Alumno 1: A ver, decime uno con "G".
Profesora: Gris.
Alumno 1: ¡Qué tarado! Si me daba cuenta ganaba. ¡Qué tarado!

Anécdota escolar LXX: Todo tiempo pasado...

Alumno 1: ¿Así van a ser las oraciones de la prueba?
Profesora: (Sin mirarlo, mientras le corrige la ejercitación) Sí.
Alumno 1. ¿Por qué no son oraciones normales?
Profesora: (Levanta la vista y lo mira) ¿Normales? ¿Y qué viene a ser una oración "normal"?
Alumno 1: ¡Qué sé yo! Una oración que tenga verbo...
Profesora: (Se ríe) Pero, flaco, estas oraciones tienen verbo. Mirá (le muestra).
Alumno 1: Sí, pero...
Alumno 2: (Desde el primer banco) Ay, qué épocas esas de segundo grado en las que me tomaban leer en voz alta.

martes, 14 de octubre de 2008

Pienso, luego siento


Yo pienso en corazones de sangre espesa, en pájaros que abren sus alas en estampidas hacia el cielo azul. Yo pienso en lagunas naranjas, en ángeles y en hadas, en mariposas incadescentes y en tazones de sopa humeante. Yo pienso en tres niños que huelen a sudor de verano con ese olor de niño aún, en caramelos de fresa y serpentinas doradas. Yo pienso en ropa de seda, presillas y bordes de encaje y broderie, pienso en sábanas blancas y en viento fresco que entra por la ventana, pienso en rutas atravesadas en vuelos fugaces hacia allá lejos, pienso en el mar siempre distinto y siempre igual. Yo pienso en el sol de lleno sobre mi piel y en los jazmines de mi terraza mientras vacío una jarra de agua fría, pienso en bailar y en mi cintura fina como una cinta de raso. Yo pienso en miles de frutas y verduras de colores brillantes y áspero sabor, pienso en palabras y el placer del instante que se va mientras hundo mis raíces en el cuerpo que me habita. Pienso en mis hombres: en mi padre que ya no está, en mis hermanos que se fueron lejos, en mi hijo que no hace más que doler, en mi sobrino que me abraza con su boca dormida. Pienso en mi cocina, en mis plantas, en mis libros, en mi casa. Yo pienso -que esta vez es como decir que yo siento y siempre esa crucial confusión que me funda. ¿Por qué esta vez no habré dicho que yo siento? Yo siento que nunca paro de mezlar.

lunes, 13 de octubre de 2008

Deseo estival

Después hoy me quedé y llovía esa suave garúa sobre mi techo abierto en el que la tormenta despegó las enredaderas que yacían adheridas al muro. Ahí estaba contra los colores de las paredes esperando que empezara la primavera para dormir otra vez bajo las estrellas. El día ya se acaba y mañana volveremos a lo que hacemos siempre. Creo que estoy feliz. En mi cocina hierve el caldero con la sopa y vos dormís, ausente de todas las cuestiones. Pienso ahora en mi viaje como una próxima realidad que se acerca a grandes zancadas y no me permite ya fantasear. Se me cayeron encima los días de octubre y la maleta está ya llena de ansiedad y temor. Cuando me lleven a Ezeiza y suba en esa calurosa Navidad a mi avión, todo caducará y empezará adelantado otro año para mí. Por ahora esponjo los vestidos de organza, las medias de seda y me preparo otra vez para bailar con mis zapatos de tacones. Trazo dibujos en las baldosas brillantes con mis tobillos finos y se me mezcla el aire entre las piernas cada vez. Eran libélulas las que volaban como alas en mi espalda delgada y se quebraban en los juncos de mi cintura con la música lejana del piano que sonaba en el anochecer. Vuelvo a reír pero mis ojos están limpios y claros. No sé qué estarás pensando en este instante y creo que nunca podría importarme menos. Hace calor y amontono abrigos en la maleta con cierta melancólica resignación. Así soy: cuando me voy a otro invierno sólo deseo el verano sobre mi piel. Tal vez sea la perenne falta de aceptación de la realidad que me toca atravesar.

Amaranta



Y todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.
GGM, Cien años de soledad

Amaranta, alargas la manta blanca para apagar la mañana, amarga vacavarada, alta planta falsa. Cada mañana alba parabas la casa, harta ya, Amaranta. Asabas, bañabas, pasabas las sacas. La gata naranja amaba a Amaranta, la alargaba hasta la jarra, calaba la bata. Allá, acá, saltaba la clara rana a la araña, atacaba la cara para acabar las calas blancas. ¿Amaranta? Alas calcadas traspasabas, instalabas a acanaladas bandas. Aljabas cavabas, anclabas brava cara grabada. Lavabas largas babas , tablas clavabas, cantabas bachatas, arrancabas albahacas, aplacabas las cabras, apalabrabas las casacas, hamacabas las manzanas, cavabas las chacras, Amaranta. Demacrabas las caras amadas, blancas lacras sacras. Pactabas las hachas. ¡La facha tachabas! Atacabas las gachas alabadas. Agarrabas las alcanzadas alcaparras, salabas las masas. Saltabas calabazas cansadas. Tarada Amaranta, calada, dañada, cargada, cazada, cascada, ganada, hablada. Amaranda, hada alada. Majadas malhabladas manchaban la casa. Tantas tajadas aclarabas. Ramadas raspadas agasajabas, rasgabas las cajas, bajabas las navajas, cabalgabas las matas, sacabas las galgas, resaltabas las nalgas. Desparvabas las barbas. Abrasabas las cartas. Apartabas lagartas. Apartabas las zarzas. Arrasabas las larvas. Acatarrabas gargantas. Aplanabas las pasas. Ablandabas las lajas navarras. Armabas charlas. La parca avanzaba las varas para las cargas. Acá aclarabas, allá dañabas. Avasallabas, Amaranta, avasallabas.

Y todo porque dijiste que yo era como Amaranta con Pietro Corti y su pianola.

Lluvia


Mientras caía la lluvia, sonaba el piano. Era todo doméstico y familiar. Había aire de pasado apelmazado entre las plumas del pecho, de paloma mojada en la cornisa, de gorrión desnudo y tierno. El agua tenía ruido de burbuja, a boca, a borbotón, a ebulliciones. Sobre la piel y el vidrio caía la tormenta resbalada, diluyéndose. Y el piano se inundaba de loviznas bajo los dedos acuáticos de agua y los sonidos se mezclaban con los truenos y sus luces primeras en medio de los latidos de corazones. No hay nada más que agua que moja, que inunda, que hidrata, que resume en las alcantarillas que cantan junto a piano lo que se ve, lo que se oye, lo que se siente. Como siempre, comienzo a recubrir instantes con palabras. Después vienen las tempestades y los abrazos y me empapo sin fin de las esquinas de la risa donde todo se termina sabiendo pese a esta lluvia que cae mientras se moja el piano en la melancolía de la tarde.

Un buitre en prisión

Tiene rostro de pájaro que baja sobre sus presas desprevenidas y se las lleva en el vuelo opresivo de sus garras antes de que ellas tengan tiempo de darse cuenta y gritar. Fue el "moderado" de los años oscuros de tormenta y se arrodillaba para rezar y recibir en su rugosa lengua de lagarto la ostia consagrada. Porque se las lavaba siempre no chorreaban sus manos la sangre que manchaba ante los ojos de todos al que llevaba pantalones blancos y era una bestia sedienta y alejada de toda formalidad. Parecía un abuelito en domingo que lleva a sus nietos a la plaza a jugar. Era siniestro por sus profundos silencios y su negro cinismo, por sus manos que dibujaban incógnitas en el aire mientras decía "desaparecido" como una brasa que le quemaba en la boca. Está ahora más cerca de donde debería estar: en una celda enrejada y no en los mullidos sillones de su calle Cabildo. Señor, líbrame del agua mansa y envíalo al infierno en el que debería acabar: que en ese sitio oiga los gritos de los adolescentes que mandó asesinar, el olor de la carne quemada y desgarrada, los aullidos de las embarazadas a las que torturó e hizo parir, el llanto de los bebés que robó con sus garras de ave carroñera. Que nunca más vuelva a ver la luz de la mañana en las ventanas de su casa mientras bebe un café.

La cena del Sultán

Scherezada fue invitada a la cena del sultán. Los servidores de chaquetas de seda verde extendieron ante ella platos de porcelana azul con hummus, mahamara, basterma, tabulé y labah. En diminutos platillos de metal de cobre trajeron sarma de parra y de repollo y falafel. Una cocinera de faldas anaranjadas bordadas en hilos de plata le acercaron boreks y lehemeyuns de queso, karni yarigs, farfalaj y unos kniches de papa. Más tarde trajeron las muchachas de velos rojos unas fuentes de dulces bocados de baclava, kadaif, galatabureki, gurabie y mamul y unos platos desbordados de shamali y finikia. Danzaron todos alrededor de las mesas tendidas en el jardín que olía a jazmines mojados por la lluvia. Para que fuera bella la cena del sultán, sonaban unas flautas delicadas de cristal, movidos los sonidos por la brisa y el agua de azahar rebosaba en las copas libadas con transparente alcohol. Scherazada entonces dijo: "Oh, señor del tiempo y de los reinos lejanos, ¿podré empezar a narrar el cuento que empezó anoche". El sultán paladeó la pasta de garbanzos y exclamó: "¿Es que no vas a comer las maravillas que mis servidores han preparado para ti, oh pequeña paloma blanca? Observa estos platos, huele estas manzanas de Siria, estos membrillos osmaníes, los nenúfares de Damasco y las cidras sultaníes. Siente en tu boca estos enrejados de azúcar y estas tortas de limón. ¿No vas a probar mis alimentos, oh princesa hija de todos los secretos?" Scherezada levantó sus ojos y exclamó: "Mi alimento son las palabras, oh monarca afortunado. A ellas me remito para vivir. De buena gana, si es que me lo permites, oh rey generoso, voy a darte a probar mis alimentos y te narraré la historia magnífica del mandadero y las tres muchachas" El sultán se rió y asintió y Scherezada comenzó a contar.

domingo, 12 de octubre de 2008

Una cercana Navidad

Podría decir dos o tres cosas que fueran importantes para la hora, pero elijo quedarme callada y esperar que pase el tiempo que, como siempre, no hace otra cosa que pasar. Gesell quedó atrás y lejos, en medio de las dunas de miles de veranos hacia allá. No hay nada más adelante que un avión que cruzará el océano y me dejará a orillas de otro mar. Faltan setenta y tres días para esa Navidad y un mundo por hacerse o deshacerse entre mis dedos vacilantes. No quiero más que tardes de verano por llegar y una terraza que huele a jazmines a esta hora cuando ya ha dejado de llover. Soy la que soy y no puedo evitarlo. ¿Quién sabe qué dice la próxima línea del relato que Scherezada está a punto de empezar a contar? Vos, yo y las mil y una noches, Schariar, en que seré perdonada y me entregarás mi sangre a cambio de un cuento nuevo cada vez. La historia está escrita con tinta roja otra vez y yo mojo la pluma en mis labios antes de empezar a escribir.

sábado, 11 de octubre de 2008

La dueña de las palabras

Y Scherezada dijo:
Oh, mi señor, sultán de mi mente y mi corazón, ha comenzado a llover y la luz de la tarde se moja oscureciéndose hasta desaparecer. De la tierra sube un profundo perfume a raíces que se hunden en los terrones y acá, nosotros, tendidos en el diván de este palacio de bronce, oh, mi señor y dueño de todos los tiempos, oímos caer el agua una vez más. Cuentan los que saben que el joven estaba encantado y su cuerpo era mitad de carne y mitad de mármol por culpa de una mujer que amaba a un esclavo negro. Quien narra semejantes historias sabe qué secretos se ocultan en el alma de los mortales, conoce los sonidos oscuros de las tormentas que son quebradas por la claridad cristalina del rayo. Oh, mi señor, soberano de todos los días, oye las gotas deshacerse en la tierra que las bebe ávida y aprende que así es mi amor de poderoso. Ya dirá otra muchos años después que yo lo diga, que mi amor es tan profundo como el mar pues cuanto más se entrega, más queda porque uno y otro son infinitos. Oh, mi señor, tejo una tela preciosa con mis palabras y nunca te dejaré caer. No habrá silencio aunque estemos callados porque todos los relatos existentes en la tierra anidan en lo más rojo de mi corazón.
Y como viera Scherezada acercarse las luces del amanecer, pidió permiso al sultán y calló hasta el próximo anochecer.

Scherezada y los Schariar

Sábado. Siete y media de la mañana. Olor a primavera en el aire. Agua en las macetas. Fin de semana largo. Murmullos apagados en medio del silencio del corazón de manzana. La luz de octubre filtrada entre las enredaderas del vidrio del patio. Puertas abiertas de par en par. Hablamos hasta tarde. Hasta muy tarde. Tanto que ya era el otro día. Y me reí con el corazón como un conejo tembloroso que antes había llorado. Yo cosía en medio de mi alfombra de colores. Me preguntaste si era voladora y yo te dije que yo era Scherezada, la que narra para sobrevivir y salvar a las otras mujeres. Soy esa y me sé muchos cuentos empezando por el de nunca acabar. La cuestión es que a todos los Schariar la trama les resulta incomprensible. Ellos esperan complicación y resolución una tras otra y un narrador extradiégetico al que no se le dé por cambiar. Siempre pensaste que los sultanes no tienen corazón, dijiste y yo me puse a pensar. El pasado es, a veces, una manta que abriga bien porque sabe cómo cubrir los dobleces dolorosos del cuerpo. ¿Por qué no?, pensé entonces otra vez. Nadie sabe cómo cambiamos los que éramos antes. Nadie sabe lo que espera cuando los cuentos quedan sin final al caer el amanecer y Scherezada dice que mañana todo seguirá.

jueves, 9 de octubre de 2008

¿Qué nos está pasando, vida mía?


En estos días he sacado de su caja vieja, la medalla que mis padres me dieron cuando terminé quinto año, allá por el nefasto 1976. Es un antiguo medallón de plata que lleva la firma del joyero Antonio Belgiorno y representa a la virgen de Lourdes en medio de una corona de velones. Del otro lado, Cristo levanta a los muertos de sus sepulcros. Siempre me pregunté cómo fue posible que mi madre, militante política con un par de Devotos a sus espaldas por andar manifestando por ahí, eligiera para mí un regalo tan cristiano. Ninguno de sus tres hijos fuimos bautizados ni tomamos la comunión ni recibimos ninguna clase de sacramento. A los tres nos envió a un jardín de infantes judío donde aprendimos a usar el cuaderno desde el final y a escribir de derecha a izquierda y a una institución alemana a aprender música y danza. Eran curiosas, al menos, las apreciaciones pedagógicas de mi madre. Esos sí, los tres nos educamos en la escuela pública. Siempre pensé, entonces, que ella había elegido la medalla simplemente por su belleza, que el regalo estaba desprendido de toda significación religiosa y que la virgen era un presente de calidad estética per se. Sin embargo, tamaño símbolo no puede dejar de serlo, inevitablemnte. Una virgen de Lourdes es bella, pero, además, es, quiéralo mi madre o no, una virgen de Lourdes. Así que cada tanto, en medio de desesperaciones varias y a mi particular manera , le he pedido ayuda a mi virgencita. No recuerdo si la he conseguido porque el sólo hecho del ruego me ha reportado la calma que buscaba y alguna noche del terrible año pasado he llegado a dormirme con la imagen encerrada en mi mano. Es que la racionalidad absoluta agota y el psicoanálisis también termina siendo una cuestión de fe más, como tantas otras. Y así entonces vamos por la vida todos juntos: mi materialismo dialéctico, la enciclopedia, mi virgencita y yo. Y tan mal, a decir verdad, no nos ha ido porque después de atravesar infiernos varios y de colores y temperaturas diferentes desde muy temprana edad, acá estamos, todavía, de pie. El asunto cobró un giro diferente cuando ayer mi hermano Pablo me envía su última obra desde Marsella. ¿Qué nos está pasando, vida mía? ¿Creer o reventar?

miércoles, 8 de octubre de 2008

Un sueño feo

Es un secreto. No se lo digo a nadie. Ni siquiera a mí. Anoche tuve sueños feos. Y me dan miedo mis sueños feos. Todo se complota en mi cabeza contra mí misma. Se fue la primavera y regresó el invierno. Vuelvo a usar sacos abrigados y cuento hasta mil para calentar la sopa. En mis sueños los dos Pablos eran uno solo y no me daba cuenta cuál. Es un secreto. Hizo frío a la noche y yo estaba cansada. Mucho muy. No fue suficiente con soñar que después encima me desperté. Sonaba el teléfono. Alguien me llamó. Entraba aire fresco por la ventana y se colaba debajo de mi manta de broderie. Pero era linda la brisa fría revolviendo mi sueño feo hasta mezclar tanto los dos Pablos que nunca supe cuál era cuál. Sé que lo bañé en una casa de campo llorando fuera el que fuera. Y que era un bebé de dos o tres años. Y después llovió. Dani come pastillas de mora chupadas y leicaj que le hace la mamá de Andrés. Moni muere de amor en Santo Domingo mientras le escribe a Manuel. Me da pudor leer. En setenta y ocho días me voy. Yo tengo mis secretos y no quiero soñar más. Un Pablo me espera con la servilleta arriba del pullover y el otro quién sabe en qué andará. Quiero causas y consecuencias de una historia. Uno es lo que hace con lo que hicieron con uno. C'est vrai. Fernanda se desquicia y se queda sin teléfono. Cecilia espera y no espera que llegue el viernes. Alejandra anda con sus botas rojas recorriendo la ciudad y yo no quiero soñar más. Después me voy a trabajar y como yogur antes de salir. Entra frío por la ventana abierta para que limpie todo. Sobre todo el silencio que no para de hablar. Mi cuerpo no se estremece con el frío y está siempre nuevo. Voy a tomar un café porque no quiero soñar más. A las tres viene Pedro y me hace reír. Nacho pregunta cosas imposibles que yo no le puedo contestar. ¿Quién soy cuando sueño? ¿Quién soy cuando dejo de soñar?

martes, 7 de octubre de 2008

La pleine lune

A esta hora de la noche hay un aroma denso de jazmines que sube de la tierra mojada. Hace un fresco calor primaveral en un octubre que se enciende suave y perezoso. La Santa Rita está brotada de furiosos morados. Me siento a oír cómo pasan las horas sobre mi piel dorada. Tengo una jarra de agua fría que bebo cada tanto y el líquido helado cae mojando las paredes internas de mi cuello. Alguien canta y en el jardín de al lado alguien toca el violín como todas las noches. Envuelvo mis piernas con mis brazos y me dejo mecer. Tengo un recuerdo exacto de este instante. Yo hablaba mientras el fuego se encendía en aquella esquina y te reías. Era verano, como siempre en todos mis recuerdos de terrazas. Hace un rato me llamaste y hablamos de autos viejos y coupés de dos asientos. El gato del vecino se pasea por la medianera y se apoltrona en el techo del cuarto. Se levanta una brisa desde el este que tiene olor a río. El jacarandá de la vereda tiene flores lavandas que caen en diciembre. Aún falta y yo estaré tan lejos que no las veré morir. Allá, donde yo vaya, habrá nieve y cuando regrese será el calor insoportable de febrero, tan diferente a esta tibieza primaveral. Es una perfecta noche de luna sin palabras. No hay que tentar al mundo. Puede enfurecerse y temblar.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...