jueves, 3 de enero de 2008

Calor

Después del calor, húmedo y ardiente, ha caído la lluvia mojando cada hoja en un afán por refrescar la tierra que se bebió, ávida, las gotas. Toda la noche, el agua cayó lavando el mundo y concediéndole la momentánea frescura del descanso anhelado. Torrentes de líquido caídos desde el cielo que, en el silencio de la mañana, permanecían retenidos en la red de las enredaderas adosadas a los muros caleados. Y ahora el sol sube violento por el cielo y el agua que aún perdura en los charcos y las veredas hierve lenta agregándole vapor al sucesivo suplicio que nos aguarda.

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