lunes, 11 de febrero de 2008

Alfaguara


No puedo perdurar.
Ya no.
He dicho todo lo decible.
He pensado en todo lo pensable.
He llorado todo lo llorable.
Y en la mano sólo quedó el cuenco vacío de porcelana
donde puse los ojos
antes de enceguecerme con mi propia luz.
Todo está lejos,
hundido en el círculo perfecto de su perdición.
Después sólo habrá estratos de carnes donde demorarse en el dolor.
después sólo habrá más desiertos para atravesar,
después sólo habrá otros ángeles que buscarán apuñalarme con su rastro de plumas.
Ahora duermo junto a una fuente.
Que nadie haga ruido:
debo velar por los insectos que vendrán a castigarme mañana
con el mismo lenguaje con que me hirieron hoy.
Sólo una inmensa torre de signos
que todavía debo pulir para aprender.
Llegará una doncella de párpados púrpuras
y nadie sabrá decirle adónde ir.
Déjenme soñar junto a la fuente
que el agua aún es clara y fresca
y no me queda mucho tiempo más.

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