martes, 26 de febrero de 2008

Mariposas

Salían del agua
con sus alas verdes y azules
de frente y perfil
oblicuas y rectas
ascendentes y descendiendo
se agitaban en el vapor leve de sus sedas.
Miles
del agua
de los ríos que rodaban cristalinos
de los mares profundos que los tragaban
con el ansia de dulzura de que carecían sus mareas.
Era un vértigo de luces
desguazado de una lluvia lejana de perfumes
de una música femenina y oscura.
Crecían en un vuelo de torbellino denso
en el recuerdo de una piel inocente
en el tiempo que se ovillaba atontado
ante tanta belleza
resumida en un fluir de alas de incandescente gasa
que ardía
se consumía
e incendiaba la tarde en el borde fragante de sus labios.
Volaban sobre la líquida superficie
hundiéndose en ella
emergiendo enredadas en largas algas de tibias tonalidades
Y el sabor estremecido de las bocas que penetraban los designios del alma.
Eran miles.
Y se posaron esa tarde sobre una línea delgada
y allí durmieron
en un aleteo imperceptible
hasta que subió la luna

y todo se acabó.

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