martes, 12 de febrero de 2008

Oftalmología

La doctora coloca cristalitos en mi ojo hipermétrope y me hace mirar esas letras diminutas como arañas de agua. Según el cristalito que me pone las veo largas y alargadas o con un sinuoso rulo colgado hacia la izquierda. Es francamente extraño: sólo un cristal y el mundo es otra cosa de la que yo creo que es, de la que estoy segura que es, de la que asevero con certeza que es. La pregunta siguiente es obvia: ¿Cómo será de verdad el mundo? ¿El del primer cristal que todo lo transforma en la angustia de El Greco? ¿O el del segundo que se complica divertido en Art Nouveau? ¿O el que veo sin cristales? ¿Tendrá mis colores, los que yo veo? ¿O tendrá los que ven mis hermanos, daltónicos los dos? Algo tan cotidiano y legal como un cristalito distorciona mi percepción de lo puramente objetivo y lo introduce como verdad inobjetable en mi conciencia más inmediata y sobre ello voy construyendo los restantes juicios de mi absoluta subjetividad. Y la señora que espera afuera, ¿verá como real lo mismo que veo yo? Y la doctora que escribe la receta de mis nuevos cristalitos, ¿qué verá? Y si cada uno ve alargado o ancho o curvo a derecha o izquierda, ¿el mundo real cómo sera? ¿Existirá? Le doy la mano a la doctora y salgo. Creo que tengo que dejar de venir a oftalmología, se me está volviendo una adicción.

2 comentarios:

Macahines dijo...

Cómo te entiendo!!

Yo con mi ojo vago , una vida viendo todo borroso con el ojo derecho. nubes de colores que se funden delante de mi. Mientras el ojo izquierdo , todo lo veía nítido... poco a poco con el paso del tiempo el ojo izquierdo se fue cansando de decirle al derecho como era la realidad y él también se contagió de la visión fantástica del ojo derecho.

Anónimo dijo...

Yo nunca ví. Ahora veo menos, a pesar de los lentes permanentes.
la volonteri

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