lunes, 18 de febrero de 2008

Resistencias

Inútil resistencia donde la carne aún no ha prendido y no brota. La piel es un camino lejano sembrado de minúsculas yemas y los ojos se resuelven en húmedas raíces hundidas en la distancia y el silencio. Si supiera ahora, en este exacto ahora, el aroma del hueco triste de la ternura y avanzara sobre él para llenarlo con las fértiles semillas de la alegría quizá reverdecería la mañana en una explosión de gritos claros y caléndulas. Bajo la luz del sol, mi silueta delgada se resuma de transparencias y sobre mi cuello desnudo cae una lluvia fresca de inviernos anteriores que resbala por la línea indivisa de mi espalda hasta mojarme entera. Tengo el rostro alzado hacia mañana: tibieza perfecta de las sábanas que quedaron enredadas en mis rodillas y en las primeras hebras iban una a una cayendo hasta morir sin cuerpo despojadas de todo y de todos. Veo allí. Y en el fondo de mis pupilas arde una mojada luz marina que nunca llegaré a conseguir.

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