miércoles, 26 de marzo de 2008

Civilización y barbarie

Anoche me fui a dormir con la imagen de cientos de personas llenando la Plaza de Mayo al son de las cacerolas, como antes había visto las rutas cortadas, los tractores parados, las cosechadoras cruzadas en medio de los caminos. Se me abotarga el cerebro de recuerdos: el boicot camionero en Chile, el desabastecimiento, la especulación, el camino hacia el vacío. Pensaba que la Plaza estaba llena de señores con sol de Punta del Este y de chicos que estudian Ciencias Agrarias en la Universidad del Salvador o la Católica y que gritaban si este no es el pueblo, el pueblo donde está. Debo haber evolucionado del 73 a esta parte porque juro que sentí que ellos también son el pueblo... No, no, me rectifico: ellos no son el pueblo, ellos son la gente. Ayer la Plaza la llenó la gente. El pueblo murió en la década del 70 que ellos tanto aborrecen. Pensaba que a muchos el campo les chupa un huevo, que sólo batían la cacerola para invocar los fantasmas del 2001 y ver a la reina Cristina subirse a un helicóptero y partir. Y sí, ya había salido Lilita a aventar los fantasmas y los partos en los que, prestos, Macri y López Murphy oficiarían de parteros ad honorem. Menuda gente que tan rápido se arremangan en haras de la nación y los sacrosantos bienes de la patria terrateniente (ay, Dios, cuánto hace que no digo esas dos palabras juntas ). Pensaba en las dicotomías de nuestra historia, en las zanjas de la literatura argentina, en el ser nacional. Pensaba en Echeverría, en Sarmiento, en Cané, en Mansilla, en Borges y Bioy Casares. Pensaba que dormí angustiada y que otros lo habrán hecho felices. Pensaba que ciertas actitudes me sitúan aen las antípodas de lo que opino y me encuentro creyendo en el bien de los Kichner. (Oh, dioses, cuánta herencia sofista me atormenta). Pensaba en la bestia negra del peronismo en la conciencia de clase de nuestro país. Pensaba que quizá sean justos los reclamos de miles de chacareros que ven conculcadas sus pobres ganancias mientras la oligarquía terrateniente (otras palabritas que habían caído en desuso para mí) se llena los bolsillos como se los llenó a lo largo de la historia de nuestro país desde el modelo agroexportador hasta la fecha -léanse 128 años de pingües ganacias-. Muchachos, los que se desloman para que las soja les rinda, ya saben... las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas. Siempre.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Pinasco, te quiero. Viva boedo!
Yo, la patagónica

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