domingo, 16 de marzo de 2008

Desamor

De todos los pedazos, instantes de momentos, sólo quedan las alas vaporosas de la sombra.
Los ojos se diluyen, las manos se adelgazan y las palabras son ecos que repiten los recodos de las calles.
¿Y el cuerpo? ¿Aquello que era instancia poderosa en la que se anulaban discordias y tormentos? Nada quedó sino una estéril silueta que no nombra, que no destaca la carne que la hizo imprescindible.
Esto fue siempre el destino: un irse hacia el olvido, un perderse, un ya no estar, un nunca que se sabe para siempre.
Luego, llega la muerte.

1 comentario:

Lucas Cardozo dijo...

Aii, Juli que lindo lo que escribis :)
Me encanta. Nos vemos mañana:D

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