lunes, 24 de marzo de 2008

El agua de la memoria




En medio de la sangre,
atrás de las banderas,
encima de los gritos,
la memoria perdura.
Aferrada a los huesos,
desatada en las calles,
cobijada en los ojos,
la memoria espera.
Estampada en los pechos,
sentada en los cordones,
cantada en las palabras,
la memoria se instala.
Cosida con retazos,
zurcida con momentos,
tejida con el polvo,
la memoria es un agua
que moja las palabras,
que cuaja los recuerdos,
que se hace viento y barre.
Treinta y dos años es un poco de tiempo,
una nada en términos de cielos.
Treinta y dos años son plazas desgastadas,
son madres que ya han muerto,
son hijos que no vuelven,
son nietos que están lejos.
Treinta y dos años es cada 24:
Juicio y castigo.
Por la verdad.
Por la justicia.
Por el recuerdo.

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