sábado, 29 de marzo de 2008

El muerto de la ambulancia








A Natalio Porta, que nunca pudo llegar a Río Cuarto

El muerto de la ambulancia, ¿en qué cuenta lo cargamos? Si algún piquete de "negritos", de esos de antes, de esos que enfurecían a los que batían la cacerola el miércoles a la noche, hubiera impedido el paso de una ambulancia y el tipo hubiera muerto de un infarto porque la ruta alternativa se le hubiera hecho demasiado larga, ¿cuántos editoriales de La Nación habrían aparecido para denunciar la barbarie? Qué silencio en los medios ante este muerto de la ambulancia: ni siquiera una tapa o una nota al pie de la última página. Se les murió un tipo, a ver si se enteran; y se murió porque no dejaron pasar la ambulancia. Sí, no dejaron pasar la ambulancia y no fue ningún piquetero morochito, mugriento y sin dientes. Fueron las señoras que toman mate a orillas de la ruta, fueron los señores de pañuelo al cuello que ondean banderas celestes y blancas y preparan la leña para el asado en San Pedro, fueron los que gritan, a voz en cuello, "nosotros construimos la riqueza de esta patria" como si ninguno de los otros nosotros trabajásemos para hacer la nación y fuéramos deudores incondicionales de ellos a los que debemos suplicarles que dejen pasar los camiones porque en las ciudades ya no hay verdura ni leche ni carne. A ellos se les murió un hombre. Sería bueno que quede claro y con letras de molde.

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