lunes, 28 de abril de 2008

Amanecer


Allá lejos estaba amaneciendo
y la sangre pulsaba las fibras de mi cuerpo
hecho jirones de antiguas cosas.
Eran labios de arena,
perdidos en el agua de los tiempos,
en el ronco rodar de los tambores.
Después lloré.
Me era absoluto y necesario
y querías hablar:
ponerle palabras a mi agonía para que se hiciera delgada y transparente.
Yo me miré entonces al espejo
y mis pupilas pasaban del otro lado de mi carne, me agujereaban el espesor de la piel
y taladraban cada uno de los instantes en que quise quedarme.
Después el sol subió
y con él mi silencio entre las sábanas, dormido, se hizo ovillo de cristales
y el cielo se tiñó de aguas azules
y quise irme permaneciendo inmóvil en mi único sitio,
a miles de kilómetros de mis reinos de porcelana blanca.
Lo supe entonces.
Lo digo ahora.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos
y no sabemos todavía quiénes seremos :
si el papel de plata que arroja la niña en la chocolatería,
si el chocolate que se moja en la boca,
si la niña que tritura el chocolate,
si la moneda que quedó en la mano espesa del chocolatinero.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Pinasco, permíteme este editing:

Si el papel de plata que arroja la niña en la chocolatería,
si el chocolate que se moja en la boca,
si la niña que tritura el chocolate,
si la moneda que quedó en la mano espesa del chocolatero.

Por lo menos hay chocolate, te imaginás si fuera, que se yo, un buñelo de acelga...
Volonteri

Julieta Pinasco dijo...

Volonteri: Mi hígado y mi educación stalinista están más para la acelga que para el chocolate. Eso sí, en París en diciembre.
Besos
Pinasco

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...