viernes, 4 de abril de 2008

Conversación telefónica

Ayer hablo con mi hermano. Me llama desde Marsella una vez que Maïa está dormida. Nos reímos porque con la llegada de las sobrinas, el apelativo "gorda" se ha vuelto problemático. Miranda es la gorda, Maïa es la gorda, yo soy la gorda... Como siempre hace su comentario sarcástico: "Che, gorda, vos tuviste la desgracia de que nosotros fuéramos tus hermanos menores ese mes de tu adolescencia en que echaste algo de grasa. Fue un mes que te quedó para siempre". El muy turro se olvida de que me decían Sebonilla. Con precisión milimétrica, analiza el lugar que cada uno de nosotros tres ocupó en la vida de nuestros padres y llegamos a la conclusión de que fue él el que la sacó más barata. Me comenta que este blog se ha transformado en un panfleto y tiene razón. Me cuenta cómo se emocionó cuando en diciembre vio las fotos de Cristina con la banda. Me pregunta cuánto tiene que ver en esto que sea una mujer. Hablamos después de Sarkozy y los zapatos bajos de Bruni. "No es cuestión de que quede más alta que el enano derechista", me dice. Me comenta que Mitterrand mantuvo oculta una hija extramatrimonial a raíz de un acuerdo con la prensa. Pensamos en lo público y lo privado, en la mezcla infernal. Me dice que Francia es, irremediablemente, de derechas y que Sarkozy maneja el "tempo" televisivo como nadie. Hablamos y hablamos, como si estuviera acá a la vuelta, como si mañana pudiera ir a despertarlo con unas cerealitas y un termo de mate (lo que me pidió que le lleve cuando vaya a visitarlo). Y cuando corto me doy cuenta de que no está acá, de que hace seis años que no lo veo, de que en enero voy a estar con él y con mi sobrina sólo unos días y de que después me voy a tener que volver. A veces la distancia sirve para atenuar el desgaste, pero mi ser tía y hermana está hecho de puras nostalgias, cuando lo que yo querría sería que mis tres sobrinos vinieran a casa todos los fines de semana a dormir en mi cama, a comer golosinas , a ir al cine conmigo y a jugar en la plaza. A esta hora Pablo ya debe haber llevado a la gorda a la escuela y Mariano debe estar levantando a la suya y a Luca. Esta es la vida. Nada más que retazos de colores que se secan al sol.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Todos los viernes tengo en la facultad a una chica que vino de intercambio de Francia, hace dos semanas atrás le pregunte de qué parte de Francia era y me dijo que era de Marsella. Nose porque pero me acorde de vos, de cuando una vez leí que tu hermano también vivia ahí. Fue lindo acordarme de mi profesora de lengua por unos segundos y extrañarla mucho. Es muy raro todo esto, y muy nuevo; cuesta mucho acostubrarse a cambios como estos.
Espero que estés bien. Te quiere y extraña mucho,

Luli Ullua

Julieta Pinasco dijo...

Luli: Empezaste la mejor etapa de tu vida: la del camino hacerte grande y hacer lo que elegiste. Lo que quedó atrás lo viviste con alegría y siempre está con vos: el cole, tus compañeros, aquellos días de Bariloche, las clases de lengua... todo eso está con vos. Plegalo tibiecito en tu corazón, arropá la nostalgia que te llena y dale para adelante. te quiero, nena. Besos grandes, grandes.
Juli Pinasco
PD: Sí, mi hermano Pablo vive en Marsella donde nació Maïa, mi sobrina.

Lucas Cardozo dijo...

Las distancias son duras, pero muchas veces son buenas para saber cuanto se extraña al otro. Te quiero Juli, y nos vemos el lunes.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...