lunes, 21 de abril de 2008

Margaritas blancas



















El sábado compré un cuaderno Rivadavia de tapa dura de esos que llevábamos a la escuela, pero de doscientas páginas. Además traje un papel azul con margaritas blancas de centro amarillo, como las verdaderas margaritas y no esas de todos los colores y tamaños imposibles que nos quieren hacer llevar en los puestos callejeros de flores. También compré unas lapiceras negras -mi único color de tinta- y unas letras azules autoadhesivas para formar mi nombre en la tapa. Lo forré como cuando tenía diez y lo cubrí con un plástico transparente para protegerlo. Después lo miré varias veces y me gustó mi cuaderno de margaritas. Entonces abrí la primer página con la emoción que solía tener en la escuela cuando empezaba un cuaderno nuevo y anoté la dirección de ese lugar en el 5me quartier al que iré porque quiero mi hotel del Barrio Latino donde el señor de enfrente de la rue Moufetard tomaba vino a la luz de una lámpara verde. Puse la calle, el teléfono y su sitio de Internet. Abajo, con letra prolija empecé a copiar los datos de los museos que quiero ver, con sus horarios y tarifas. Cuando terminé, lo cerré y alisé su tapa. El cuaderno de margaritas verdaderas es mi libro de viaje, la memoria que iré construyendo para consultar, es el revés detallado del mapa que he empezado a recorrer. Y está nuevo y con doscientas páginas. No me apuro. No vaya a ser cosa que las llene de un tirón.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Cuando hagas la reserva del hotel incluime. Yo llevo mi cuaderno Eco, acá no hay Rivadavia.
MV

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