sábado, 17 de mayo de 2008

Las rejas

El miedo es un cobertor de hielo gris y pedazos de cristales se clavan en la carne sin derretirse jamás. Los únicos que comprenden son los ojos, pero ellos no vieron porque son otras ahora las pupilas que recorren los papeles adheridos al piso en una bacanal de pisadas ajenas que nadie pudo ver. En mi cama hubo sentado alguno que se llevó mis secretos, que se llevó mis perfumes; pero no sé quién es, no sé cómo es la línea que define su rostro, ni qué color estremece el timbre de su voz. La ciudad anda con gabán verde oscuro y tiene el rostro embozado. ¿Dónde está la liviana mano de la sombra? Aguardo que alguien abra la puerta y se lleve lo que quedó.

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